martes, 18 de junio de 2013

Capítulo 22.

(NARRACIÓN NORMAL)

Lo último que Martha deseaba en esos momentos era compañía, pero si venía de George la verdad era que no se podía negar, el chico lo hacía con la mejor intención. Sin embargo la ansiedad que la había impulsado en un inicio a dejar a John en su casa, se estaba apoderando de ella nuevamente. No era prudente quedarse tanto tiempo en un solo lugar.

Martha: Gracias por el café George, nos vemos luego. – se apresuró a levantarse, ante la mirada preocupada de George.

George: Martha… ¿en serio estás bien?

Martha: Perfectamente. – mintió.

George: Una cosa antes de que te vayas… por favor, prométeme que volverás a clases.

Martha, que incluso ya se había dado la vuelta para irse, se detuvo en seco y miró a su interlocutor mordiéndose el labio con inquietud. Ese era uno de los temas que no le apetecía discutir, porque realmente no conocía la respuesta, y tan solo pensar en eso le provocaba un mareo repentino.

Martha: Claro… por supuesto que volveré.

George: No me mientas, Martha.

Martha: Perdón George, pero lo que menos quiero es ir a sentarme, no hacer nada y recibir las miradas hipócritas llenas de lástima de los otros estudiantes. – “Incluida Ashley”, pensó con amargura- Lo único por lo que volvería sería por las clases de artes.

George: Lo supuse.

Martha: ¿Qué?

La mirada comprensiva del muchacho la hizo notar cuan agitada estaba, y trató de disimularlo acompasando su respiración. Él suspiró.

George: Lo supuse por tus cuadros. No he visto los suficientes, pero lo que he visto me ha gustado, y me parece que deberías entrar a la escuela de artes. Así te entretienes con algo que te gusta.

Martha lo meditó unos instantes. Parecía una buena opción, de hecho, era lo mejor que le habían dicho en mucho tiempo.

Martha: ¿Tú crees que Mimi me apoye?

Él se encogió de hombros.

George: A lo mejor sí, ella no es ni la mitad de estricta contigo de lo que es con John.

Sopesó las palabras de su amigo, y decidió que definitivamente, eso era lo que quería hacer. La dejaran o no, lo haría, pues pintar se había convertido en lo único que la conseguía sacar del ensimismamiento agónico que la realidad le presentaba. Lo haría.

(NARRA MARTHA)

No quería volver a casa todavía, pero tenía que salir de allí. Por mi cabeza cruzó la idea de pintar un poco, pero desafortunadamente las pinturas estaban en la casa y… no quería ir. Compraría algo por el camino y pintaría en el parque. O algo así.

Me despedí de George con una sonrisa y me dirigí a la puerta, pero al abrirla golpeé a alguien que estaba al otro lado y lo tumbé al suelo. Genial.

Yo: Cielos, ¿estás bien? Discúlpame no te vi.

X: Supongo que fue mi culpa, no me percaté de que ibas a salir y…

El chico se interrumpió en su frase cuando levantó su vista del suelo y me miró. Me había reconocido y yo a él.

Yo: Lo siento Paul.

Paul: Lo que digas… ¿Me estás siguiendo? Déjame en paz, vete a molestar a otra persona.

Lo había dicho con un gruñido irritado y lo miré sorprendida.

Yo: ¿Y a ti qué te pasa? No te estoy siguiendo, llegué antes que tú. Por algo estoy saliendo y no entrando.

Paul: Ahórrate tus explicaciones y déjame entrar. – Dijo tratando de apartarme con sus manos.

Yo: Yo no tengo la culpa de tus problemas.

Se quedó inmóvil, con las manos en mi cintura y el ceño fruncido.

Paul: ¿Estás segura? – murmuró él con un tono neutral, cerca de mi oído.

Iba a responderle que no entendía a qué venía todo esto, pero aprovechando mi estupefacción, me apartó  no sin cierta brusquedad y entró a la cafetería.  Bufé indignada. ¿Qué le sucedía a ese chico? Ni siquiera me conocía y ya me odiaba.

Caminé refunfuñando hacia la tienda de pintura y cuando llegué, entré rápidamente. Me apoyé en el mostrador con semblante aburrido esperando a que la dependienta me atendiera, mientras miraba los diferentes tipos de pintura y lienzos que había por todo el lugar.

X: Hola extraña.

Me sobresalté al sentir  esa voz imprevista a mi espalda, pero la reconocí de inmediato.

Yo: Stu, casi me matas de un susto.

Stu: Perdón por eso – sonrió con dulzura – No esperaba encontrarte por acá, Martha.

Yo: Pues aquí estoy.

X: ¿Se le ofrece algo, señorita?

Era la chica que atendía en el lugar, que me miraba con frialdad.

Yo: Eh… sí, un lienzo de 40x40

Stu: ¿No es algo grande?

Yo: Claro que no, ya verás.

La muchacha asintió y se dirigió a la trastienda para buscar mi pedido, no sin antes dedicarme una mirada envenenada. Parpadeé confusa.

Yo: ¿Y a ésta qué le pasa?

Stu: Está celosa porque pareces muy cercana a mí, y ella no. – respondió reclinado sobre el mostrador, mientras sonreía divertido. – Me lanza muchas indirectas, pero yo no le hago mucho caso.

Yo: Vaya, sí que eres un don Juan.

Stu: No es nada del otro mundo, Martha, solo sonríes un poco y ya está. Las hormonas hacen el resto.

Negué con la cabeza, sonriendo. Había madurado desde que lo dejé y parecía irrefrenable.

X: Aquí está su lienzo.

Yo: Gracias.

Stu: ¿No tendrás alguna promoción en pinturas o algo así? Sería agradable pintar por menos, tú sabes. – dijo Stu, guiñándole un ojo. Ella se sonrojó y esbozó una sonrisa tonta.

X: Con lienzos de ese tamaño viene un frasco de pintura gratis. ¿Quieres escoger alguno?

Yo: Claro ehm… éste plateado servirá.

Stu: Gracias linda, creo que vamos a pagar.

Ella nos dirigió embelesada hacia la caja, y mientras hacía las cuentas aún con esa sonrisita tonta en los labios, miré el frasco plateado con curiosidad.

Era brillante y reluciente, y por algún motivo, me había traído a la memoria la sonrisa de Julia. Demonios con eso, seguía pensando en ella. Bueno, al menos era mi objeto de inspiración y eso era algo favorable. Ese choque de emociones me hizo tambalear un momento, pero me alcancé a agarrar del mostrador antes de que me desmayara. La chica no se dio cuenta – por supuesto que no – pero Stu me miró preocupado.

Stu: Yo llevaré esto por ella, gracias.

Yo: Puedo hacerlo sola, no te molestes.

Stu: Insisto.

Salimos de la tienda ante la mirada celosa de la chica y caminamos lentamente por la acera.

Yo: En serio… puedo llevarlo yo.

Stu: Me di cuenta de que casi te desplomas en medio de las pinturas. Ni loco te dejo llevarlo sola.

Suspiré derrotada y caminamos en silencio unos metros más.

Stu: ¿Y qué harás con todo esto?

Yo: Pintar… ¿no es obvio?

Puso los ojos en blanco.

Stu: Pues sí, pero ¿qué pintarás? Sólo tienes un frasco de pintura y un lienzo gigante.

Yo: Planeaba ir a mi casa por el resto.

Stu: No te compliques, mi casa está a unas cuadras. Vamos, yo te las presto.

Asentí aliviada, aún no quería volver a casa. Demasiados fantasmas me atormentaban allí.

(NARRA JOHN)

Estaba a punto de salir cuando sonó el teléfono. Solté un bufido, irritado y contesté de mala gana.

Yo: ¿Hola?

X: ¡John! Ay cariño, creí que no te encontraría en casa.

“Por poco y no…” pensé suspirando al reconocer la voz.

Yo: Hola Mimi.

Mimi: Sólo llamaba para saber cómo iba todo y para avisarte que me demoraré un poco todavía, se me presentó un problema.

Fruncí el ceño, alarmado. ¿Problema? Julia…

Yo: ¿Qué tipo de problema? ¿Todo va bien? ¿La policía…?

Mimi: No tiene nada que ver con tu madre, relájate. Es sólo que me encontré con una amiga que no veía hace mucho y me comentó que su hija vendría de América de intercambio a Liverpool, así que le ofrecí la casa para que se quedara. Llega para el cumpleaños de Martha.

Yo: Ah… de acuerdo. Nos vemos luego, entonces.

Mimi: Espera, ¿qué harán de almuerzo?

El almuerzo. Cierto,  aún necesitábamos nutrirnos.

Yo: No lo sé, supongo que compraremos algo por ahí.

Mimi: Está bien. Espero verlos pronto, adiós.

Colgué el auricular pensativo. ¿Una chica desconocida en casa? Por mi mente pasaron pensamientos traviesos que deseché al instante, y me dispuse a salir. Pensé que tal vez sería buena idea visitar a Stu, las cosas no habían quedado bien la última vez que lo había visto.  Además, seguro que Martha no seguía en el muelle.

(NARRA STU)

Mi hermana estaba en la puerta mirándonos con curiosidad, y la ignoré olímpicamente al pasar junto a ella, cosa que fue diferente cuando pasó Martha.

Martha: Mira que hermano tan grosero, pasar sin saludar.

Vale: Lo sé, es deprimente.

Rodé los ojos y entré a dejar las cosas en el estudio. Aún así, alcanzaba a escuchar sus voces a la entrada.

Vale: ¿Qué haces aquí? Pensé que ya no eras novia de mi hermano.

Adiviné el color carmesí del que se habrían puesto las mejillas de Martha y rogué al cielo para que la chiquilla no dijera más impertinencias.

Martha: No… no lo soy, simplemente me va a prestar unas pinturas, eso es todo.

Vale: Ya veo… Igual, no te dejaré pasar si no me das galletas.

Martha: ¿Galletas? No tengo galletas aquí.

Vale: Mala suerte…

Yo: Ey niñita malcriada, déjala pasar.

Ella sonrió burlonamente y la dejó pasar. Negué con la cabeza y Martha soltó una carcajada. Caminamos hacia mi estudio.

Martha: Nunca me contaste de dónde salió tu hermana. Apareció de la nada.

Yo: Probablemente se deba a que no lo sé. Un día llegué y ahí estaba, pero no le di mucha importancia. Tiene algo que ver con mi padre… no sé, ni me interesa, la verdad. Solo sé que es un demonio.

Ella se rió y entramos. Era caótico, pero ya me había acostumbrado.

Martha: Pintemos afuera.

Yo: ¿Qué?

Martha: Vamos no seas aburrido. Pintar aquí es deprimente, tienes que admitirlo. Además, afuera es más divertido.

Sacamos todo el material al jardín trasero y ella empezó con su dibujo. Yo también tenía planes para pintar, pero al cabo de un momento dirigí mi atención hacia ella, preguntándome qué estaría pasando por su cabeza.

Martha: ¿Pasa algo? – preguntó al darse cuenta.

Yo: No, ¿por qué?

Martha: Porque no has dejado de mirarme desde que empecé a pintar.

Yo: No te ilusiones, no eres tan encantadora como piensas.

Martha: Eso no lo decías hace unos meses, Stuart.

Yo: Déjame en paz, Lennon.

(NARRA MARTHA)

Al inicio lo miré confundido, porque pensé que se refería a John, pero al momento recordé que éramos hermanos y que por lo tanto, compartíamos apellido.
¿Qué sería de John? Lo había dejado botado… bah, estaría bien. Me concentré de nuevo en mi pintura, con ahínco.

Stu: ¿Qué se supone que pintas?

Yo: No sé, algo que me gusta.

Stu: Pues pareciera que estás expresando todo lo que…

X: … lo que veías en Julia, ¿no es así, Martha?

Me sorprendí, pensando que era un espejismo de mi mente, pero al voltearme, ahí estaba él, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. La chaqueta de cuero le daba una agresividad extra a la escena.

John: Deberías dejar su recuerdo quieto, Martha.

Yo: ¿Qué haces aquí?

John: ¿No puedo visitar a mi amigo? – alzó las cejas con sarcasmo.

Stu: Hermoso Lennon, llevas el caos por donde caminas.

John: Cierra la boca Sutcliffe, no sabes lo que dices. Al parecer tienes compañía así que… me voy.

X: ¡Stuart, a comer!

Yo: ¿Ya es tan tarde?

John: El tiempo debió parecerte muy corto en compañía de tu EX – novio, ¿no es así?

Yo: Cállate.  Gracias por todo Stu, ¿puedo dejar esto aquí? Creo que iré a almorzar… lo recojo luego, ¿vale?

Stu: Claro, CARIÑO, no te  preocupes. – respondió burlón, haciendo énfasis en la palabra para fastidiar a mi hermano, que lo miraba con ganas de asesinarlo. La había cazado al vuelo, era obvio que sospechaba de lo que sucedía entre nosotros.

Salimos de ahí, dejando un ambiente tenso a nuestra espalda, como una estela maligna.

(NARRA JOHN)

¿Qué tenía que hacer ella en la casa de Stu? No era recomendable que estuvieran solos de esa manera, considerando todo su pasado. Además, esa actitud de Stuart empezaba a parecerme sospechosa…

Martha: Pensé que estarías ensayando.

Me interrumpí en mis pensamientos para mirarla detenidamente. Habíamos caminado sin rumbo fijo desde que salimos de la casa de Stu y era la primera vez que me dirigía la palabra desde entonces.

Yo: El ensayo se canceló cuando al señorito McCartney le agarró una rabieta y se fue.

Martha: ¿Y qué le pasa a ése?

Yo: No lo sé, estaba bien hasta que… hasta que te fuiste.

No lo había notado. Paul había actuado muy pacíficamente hasta que ella se había ido, pero no le encontraba explicación lógica a todo eso.  Ella se rió.

Martha: Casi le rompo la nariz.

Yo: ¿Le pegaste a Paul? – pregunté sorprendido.

Martha: No… bueno sí, pero fue sin intención. Estaba saliendo de la cafetería del muelle y él venía entrando, así que nos chocamos. Casi me manda al infierno.

Yo: Seguro está así por lo de Julia.

Ella me miró con una mezcla de enfado, diversión y curiosidad. Daba un aspecto tétrico. Empezaba a asustarme.

Yo: ¿Qué?

Martha: ¿Qué tiene que ver Paul con Julia?

Yo: Su madre murió hace unos años… seguro todo esto le hizo recordar cosas que no quería.

Silencio incómodo. 

Yo: Bueno… ¿y qué quieres almorzar?

Martha: Vamos al muelle.

Yo: Oye, ¿Qué con ese lugar?

Martha: No sé, sólo… me gusta. Me ayuda a conectarme con los que ya no están.

Cuando llegamos, nos reclinamos sobre el barandal. Tuve unas ganas enormes de abrazarla, pero recordé que aún éramos hermanos y que a los ojos de la sociedad, no existía nada entre nosotros. En teoría.

Yo: ¿Extrañas a tus padres?

Martha: No sé si los extraño… no los puedo recordar. Pero me intriga mucho saber quiénes eran. En fin… ¿Por qué no vamos a almorzar a casa?

Enarqué una ceja.

Yo: ¿Qué? Dijiste que querías almorzar aquí, ¿recuerdas? Además, espantaste a mi chef estrella y ninguno de los dos sabe cocinar.

Ella suspiró frustrada.

Martha: Deberían llevar la comida a las casas… nos ahorraríamos mucho trabajo. En fin, ya qué, almorcemos aquí. Además no tengo la culpa de que tu chef sea tan malhumorado.

Yo: ¿Por qué hablamos tanto de Paul?

Martha: ¿Estás celoso?

Yo: Claro que no. No me importas tanto.

Martha: Es agradable saber eso, ya sé que no te importaría si me involucro sentimentalmente con él.

La miré estupefacto. ¡¿Qué?!

Yo: ¿De qué hablas?

Martha: ¿Qué somos John? ¿Sólo hermanos? ¿Te afectaría en algo que empezara a salir con alguien más?

Yo: ¿Y a ti?

Nos miramos fijamente, sin encontrar respuestas a las preguntas.

X: ¿Qué desean ordenar?

Martha: Langosta en ceviche.

Joh: Wow, calmada chica, no soy millonario aún. Pide algo… no sé… “accesible”.

Ordenamos platos sencillos y la camarera se fue a la cocina.

(NARRA MARTHA)

Comíamos en silencio, era obvio que algo martilleaba la cabeza de John, pero no era la conversación anterior. Eso habíamos decidido postergarlo para cuando estuviéramos solos.

Yo: ¿Johnny? ¿Qué tienes?

Sin respuesta.

Yo: Oye, no me ignores así.

John: Lo siento, estaba pensando. – respondió como saliendo de un sueño.

Esperé impaciente a que se explicara, pero él quería hacerse rogar. Volteé los ojos.

Yo: ¿En qué piensas?

John: Mimi llamó mientras no estabas… dijo que se demoraría un tiempo más.

Yo: ¿Algo de Julia…?

John: No, nada de eso. Se encontró con una vieja amiga y le ofreció dónde hospedarse a su hija, que al parecer viene de América. Va a vivir en nuestra casa.

Americana… Esas chicas me daban mala espina. Tan… liberales. Algo iba a ocurrir, lo presentía.

Yo: ¿Y cuando llega?

Me miró atentamente, con una mezcla de diversión y preocupación.

John: Llega en tu cumpleaños.

Genial. Un escalofrío sin nombre me recorrió la espalda, pero decidí omitirlo. No iba a permitir que una chica me arruinara mi cumpleaños 16. Y menos si era americana.

Al parecer el todopoderoso McCartney en su cumpleaños 71 hizo un milagro y aquí está, un capítulo monstruosamente largo. ¿Qué dicen? ¿Lo leyeron todo? e.e


Por cierto, ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, SIR! Bueno, ya se acabó, realmente, pero cuando empecé a editar, todavía era 18, así que podría decirse que fue su influencia la que nos iluminó (?

Bienvenida Lita! Lita McCartney Page acaba de seguirnos :3 Eres adorable, chica, gracias por leer.

Un saludo enorme a todas... -tengo pereza de hacerlo individualmente- y algo para que se entretengan:

¿Quién es esa chica misteriosa? ¿qué pasará en Liverpool?¿Cual es su nombre? ¿Cuándo cumple 16? ¿16? ¡Es una niña! Ok no, es mayor que yo. ¿Pasará algo entre John y Martha? ¿George y Rita? ¿Stu y Ashley? ¿Paul y... eh... quien sea? 

Veremos.
Salimos a vacaciones ayer, con suerte publicaremos más seguido ahora. 
Duerman dearies, nos hablamos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Capítulo 21.

Era agradable sentir el contacto de su piel contra la mía, pero si dejaba que siguiera su juego, iba a terminar de nuevo encerrada todo el día en la casa y eso no lo iba a permitir. Ya era suficiente con todo un día de vagancia, gracias.

Abrí mis ojos con dificultad, pero bastante renovada, hacía mucho no tenía una noche tan plácida, sin ninguna interrupción. Cuando enfoqué la vista, me encontré con su sonrisa traviesa que tanto me encantaba.

John: Hola hermosa.

Yo: Hola – respondí, sonriendo a mi vez.

John: ¿Cómo te sientes?

Yo: De maravilla, la verdad que hacía mucho no me sentía tan bien.

John: Debe ser porque yo estoy aquí.

Yo: Puede ser… - me carcajeé, y sin poder resistir por más tiempo a sus labios tentadores, lo besé dulcemente. Me respondió animado, pero antes de que nos dejáramos llevar –algo que seguramente pasaría- , me cortó.

John: Odio detenerme justo ahora, pero creo que es suficiente de que estés encerrada aquí. Arréglate, saldremos más tarde.

Me dio un beso en la frente y salió de mi habitación. Sonreí embelesada, me encantaba cuando se ponía así. Fui a la ducha y el contacto frío del agua me despertó por completo, arrastrando además todas esas preocupaciones y situaciones que me tenían tan bajo presión. Por ahora.

Me tomé mi tiempo para arreglarme, y una vez lista, bajé las escaleras. Para mi sorpresa, John ya tenía el desayuno hecho y olía delicioso. Sospechosamente delicioso.

Me senté y el tentador aroma me hizo recordar que no comía nada desde el desayuno del día anterior, así que apenas John dejó los huevos sobre la mesa, me lancé a devorarlos.

John: No comas tan rápido, nadie se los va a llevar… - se burló John, sentándose al frente mío.

Yo: No me juzgues, tú casi me haces morir de hambre ayer, así que cállate. Además está riquísimo.

John: Lo sé, soy todo un chef.

Dejé de atragantarme con la comida un instante, y lo miré enarcando una ceja.

Yo: Ya en serio John, ¿a quién le pagaste para que hiciera esto?

John: Me ofendes, hermana. No sería capaz de hacer eso, no le dije a nadie que…

X: Oye John, ¿dónde está el…?

Me di la vuelta al escuchar su voz. Ahí estaba el causante de semejante delicia, parado en la puerta de la cocina, con su pantalón ajustado y peinado a lo teddy boy, que contrastaban magníficamente con sus rasgos casi femeninos. Miré a John con un gesto de burla antes de saludar a Paul.

Yo: ¿Qué hay Paul? No sabía que un hombre pudiera cocinar semejante desayuno.

Paul: Bueno, al parecer sí puede. – respondió con sequedad, recostándose contra la pared.

Yo: Te quedó magnífico. Bueno ya me voy.

Agarré unas cuantas galletas y me tomé el café apresuradamente, antes de salir corriendo de la casa. 

Alcancé a escuchar los gritos de John que me pedía que me quedara, pero no me sentía con ganas de esperar hasta que él se arreglara para salir con él. Además, ahí estaba Paul, lo más probable es que tuvieran ensayo y él lo hubiera olvidado. Lo menos que quería era estorbar.

Me dirigí hacia el muelle, como siempre lo hacía, y me incliné en el barandal, contemplando el mar que, tan camaleónico como siempre, me saludaba con una brisa fresca.

(NARRA JOHN):

No era buena idea dejarla ir así como así, pero tampoco podía salir a la calle con ese aspecto, daba asco y no podía arruinar mi imagen de esa forma. Entonces, la única persona que quedaba ahí era…

Yo: Paul, ve tras ella.

Él me miró escéptico.

Paul: No inventes John, está muy grandecita como para perseguirla, ¿no crees?

Yo: No es excusa, está inestable. Cállate y ve tras ella.

Paul: Claro, voy a ir corriendo detrás de una nenita inestable. Como si no tuviera cosas más importantes que hacer. – gruñó mientras se ponía la chaqueta de cuero. Lo miré con rabia.

John: Mira Paul, francamente me importa mierda lo que pienses de mi hermana, pero más te vale que vayas tras ella, o si no…

Paul: ¿O si no qué? No seas marica John, déjala en paz.

Lo agarré de la chaqueta con ira, pero él se soltó fastidiado.

Paul: Yo vine aquí por el ensayo, no para muñequear con tu hermana. Avísame cuando se deje de entrometer en los asuntos de la banda, yo me largo.

Y se fue dando un portazo. Se había referido a ella con tanto desprecio, que me había sacado de mis casillas, pero la única razón por la que no lo había mandado al suelo era porque eso me aseguraba algo: no estaba interesado en ella en lo más mínimo.

Subí a arreglarme, lo más probable es que Martha estuviera en el muelle y si me apuraba, podía encontrarme con ella antes de que tomara otro rumbo.

(NARRA PAUL)

Era increíble la forma en que esa niñita mimada arruinaba todo. Siempre queriendo atención, con esos aires de perfección que se daba… repugnante. Recordé cuando se desmayó en el cementerio y la llevamos alzada hasta el cuarto de John, la forma en que se había despertado aterrada y buscando a su hermano como si…
Negué con la cabeza, eso era aún más repulsivo.

La única manera de alejarme de todo el enojo que tenía, el único lugar en el que podía relajarme en ese instante, era el muelle. Así que me dirigí hacia allá, seguro de que estaría vacío a estas horas.

(NARRA GEORGE)

Tuve que ir temprano al muelle, a comprar algunas cosas para mi papá y a pasear a la bola de pelos andante, que se negaba a salir si no era conmigo. Qué suerte la mía.

Cuando llegamos, Margarita se puso frenética y empezó a ladrar como loca hacia el barandal. Dirigí mi atención allá, arrastrado a la vez por Margarita y como siempre, ahí estaba, la persona que tanto había pensado.

Yo: Hola Martha.

Martha: Qué milagro que aún te acuerdes de mi nombre, Harrison. – contestó con una sonrisa.

Yo: Lo sé, perdón por dejarte sola, pero es que…

Martha: Sí, supongo que Rita es más tentadora que yo cuando de captar tu atención se trata.

Abrí los ojos con sorpresa. ¿Cómo diablos sabía ella…?

Martha: No le des muchas vueltas, la verdad es que es algo bastante obvio. Cualquiera se daría cuenta.

Yo: De acuerdo… - respondí, aún algo perplejo.- Sin embargo eso no quita el hecho que te dejara sola, eres como mi hermanita.

Martha: No te angusties, es perfectamente entendible.

Yo: Bueno… ¿quieres un café?

Martha: No gracias, acabo de desayunar.

Yo: Sí, yo también, pero tengo hambre. Ven, acompáñame.

Después de casi arrastrarla por todo el muelle para convencerla, fuimos a una cafetería, en la que aprovechamos para hablar de todo un poco. Nada hacía más bien que desahogarse.

Yo: Bueno querida, ¿cómo te sientes?

Ella me miró atentamente y soltó una carcajada.

Martha: Lo siento, pero es que sonaste igual que Mimi. Pues, me siento bastante bien.

Yo: No parece. – dije incómodo por el comentario anterior.

Frunció el ceño, pero no lo negó.

Martha: Es la gripa, tú sabes…

Yo: ¿De qué te sirve mentirte a ti misma?

Martha deslizó su mirada por todo el local con aire pensativo, antes de responder.

Martha: Lo siento, pero es que todo esto me tiene algo deprimida, y no quiero recaer justo ahora que tengo tanta cafeína encima. Sería desastroso. Pero sí te diré que fue muy duro, es pesado saber que no voy a volver a verla y aún más después de haber visto lo que vi.

La miré con mi mejor expresión de psicoanalista y suspiré.

Yo: Perdón por re abrir la herida, no fue mi intención.

Martha: No te preocupes, yo sé que no fue así.

Yo: Pero… escuché que habían encarcelado al que la mató… eso es bueno, ¿o no?

Martha: ¿Y qué? – respondió con furia, encogiéndose de hombros- Ya no interesa, ya nada de lo que haga la hará volver a la vida.


 Un capítulo cortooo, a mitad de la nocheeee, y de la semanaaaaa. Ya fue, hola :D
Está cortito, pero es para calmar la ansiedad un poco :3
Lo sé, Stu y Ashley se portaron muy pedantes, partida de.... en fin, menos mal que por ahí andaba John para salvarla <3
Y NADA, AQUÍ ALGO DE PAUL PARA CALMAR SUS NERVIOS! Armen sus conjeturas dearies, no negaremos ni afirmaremos nada >:D
Duerman chicas, y lean mucho.
Besos. <3




lunes, 10 de junio de 2013

You better run for your life if you can, little girl...

(NARRA GEORGE)

Por un lado estaba Martha, totalmente –casi totalmente- sola y triste, y por el otro estaba Rita, que me miraba ansiosa con esos ojos tan brillantes, con esa actitud que solo ella tenía y que lograba hipnotizarme siempre. La balanza era bastante desequilibrada en ese instante y mi decisión era algo obvia.

El remordimiento que sentía por abandonar a mi mejor amiga se aplacó un poco cuando vi cómo Ashley y Stu pasaban por el otro lado de la acera, disfrutando de un día gris y lluvioso  como si se tratara de cualquier tarde de verano. Si seguían en la dirección por la que iban, seguro iban a la casa de Martha, y aunque probablemente ella no quisiera hablar con nadie, Ashley estaría con ella y la acompañaría un rato. Así que… luego la visitaría. Sí, después…

Rita: ¿George? ¿Estás bien?

Había olvidado totalmente que estaba esperando una respuesta mía. Le sonreí apenado.

Yo: Sí, no te preocupes. Vamos, te acompaño a tu casa.

Ella abrió una sombrilla que llevaba consigo y nos cubrimos bajo ella, mientras hablábamos de cosas triviales que me hicieron olvidar por completo mi preocupación por Martha. Estábamos llegando cuando se detuvo bruscamente y se paró al frente mío con el ceño fruncido.

Rita: A mí no me vas a engañar, George Harrison. ¿A quién dejaste plantado por venir a acompañarme? ¿Eres así siempre, o solo cuando se te da la gana?

La violencia de sus palabras me tomó por sorpresa y abrí los ojos, algo asustado. Debí haber sentido ira, o al menos indignación por su tono autoritario, pero la verdad es que no fue así. Tan solo sentía vergüenza porque me había pillado.

Yo: La verdad que no tenía nada que hacer. – mentí.

Ella entrecerró sus ojos y me dio la espalda con furia. Obviamente se había llevado también la sombrilla y la lluvia fría escurría por mi frente ahora. Parpadeé algo confundido y luego corrí tras ella.

Yo: ¡Espera! –de nuevo, se detuvo abruptamente y casi choco contra ella por segunda vez- Yo… bueno sí, tenía que ir a ver a una amiga.

Logré percibir una chispa de celos pasando por sus ojos y esbocé una sonrisa, pero luego tan drásticamente como se había enfadado, ahora me miraba con cariño.

Rita: Das ternura, Harrison, eres el único que hace eso a mitad de la lluvia. Yo no lo haría de no ser que fuera algo bastante urgente.

Yo: Sí, bueno, ¿qué tal si entramos? –Corté, fastidiado. Odiaba que me llamaran tierno y además empezaba a congelarme- Hace algo de frío acá afuera.

Rita: Si de verdad es urgente, puedes irte. No importa, realmente.

Ella seguía bajo la sombrilla y me miraba con curiosidad, a la espera de saber lo que haría; por mi parte, no había posibilidades de secarme pronto, escurría agua por todas partes. Solté un suspiro y miré al cielo antes de responderle.

Yo: ¿Recuerdas que preguntaste si era así con todos? – la miré fijamente- No Rita, solo contigo. Nadie me había hecho comportarme de esta forma, solo tú. Nunca nada será más importante que tú.

Me acerqué a ella y le acaricié la mejilla con mis dedos helados y húmedos, pero ella no se inmutó por la temperatura glacial de mis manos, al contrario, me respondió con una hermosa sonrisa.

(NARRA MARTHA)

Miraba aburrida cómo caía la lluvia torrencialmente sobre las calles de Liverpool, como si no fuera lo suficientemente fría de por sí. Había permanecido en esa posición, sentada junto a la ventana de una habitación que no era mía, por un largo rato, mientras John intentaba hacer no sé qué cosas en la cocina. Desde aquí escuchaba el tintineo de platos y sus constantes maldiciones que evidenciaban que no sabía absolutamente nada sobre cocinar. Pero yo no podía ayudarlo porque me había dejado atrapada allí con la excusa absurda de “tú estás enferma, deja y yo te traigo algo de comida” La única razón por la que no me había lanzado detrás de él era porque tenía curiosidad por saber a qué monstruosidad llamaba John “comida”. Ah y porque… estaba demasiado débil de todas formas.

Sin embargo la inercia estaba matándome, así que salí de la cama mandando la gripa al carajo y me dirigí a mi habitación arrastrando los pies. Era consciente de que estaba ardiendo en fiebre, pero realmente me importaba muy poco, así que me limité a envolverme en una cobija y ponerme una bufanda. Agarré mis pinturas y empecé a pintar.

Al inicio no estaba muy segura de qué iba a dibujar, pero a medida que el pincel se deslizaba por el lienzo, una oleada de recuerdos inundó mi mente. Y es que aunque Julia no hubiera sido tan cercana a mí como a John, había visto su muerte, había presenciado su asesinato y escuchado sus últimas palabras y ese tipo de cosas no eran fáciles de olvidar. Por mi cabeza se repetía una y otra vez la imagen del carro arrollándola, yéndose sin siquiera detenerse a averiguar nada, su cuerpo lleno de cardenales, la sangre en la carretera… El pincel se movía sin que yo tuviera que hacer un mínimo esfuerzo, los trazos fluían con furia y dolor y todos mis músculos estaban tensionados, descargándose alrededor de esa única pintura.

Y de improviso, unas manos cálidas me abrazaron por atrás, al tiempo que unos labios que ya conocía casi de memoria, me besaban el cuello con dulzura.

X: No deberías estar aquí. – me susurró al oído.

El gesto tenía toda la intención de ser romántico y tierno, pero desafortunadamente, yo estaba demasiado tensa en ese momento para responderle de la misma manera. Me volteé con el ceño fruncido y le espeté:

Yo: ¿Y qué querías John? ¿Qué me quedara en tu habitación, encerrada como una inútil?

Él se sorprendió al inicio por mi brusco rechazo, pero luego hizo aparición su habitual carácter y me miró con ademán irritado.

 John: A mí no me hablas así, ¿de acuerdo?

Yo: Yo le hablo como quiero a quien se me dé la gana.

John: ¡¿Qué?! ¡Oye, cálmate! ¡Yo no te he hecho nada para que vengas a tratarme así!

Ambos estábamos tensionados a una distancia muy corta, si seguía así, podía terminar de una forma no muy agradable. Entendí que había sido una estúpida por dejar que la rabia se me subiera a la cabeza de esa manera y aún peor el hecho de haberme desquitado con él tan drásticamente.

Yo: Tienes razón, lo siento. – dije en un suspiro, relajando los músculos.- Es solo que… me agarraste en mal momento, perdón.

John: No te preocupes, es entendible. – Dijo relajándose a su vez y  acomodando un mechón de cabello tras mi oreja.

Me volteé hacia la pintura y él me abrazó por atrás de nuevo, pero esta vez no me opuse en absoluto. Apoyó su mentón en mI hombro y yo entrelacé sus manos con las mías.

John: Me gusta, es justo lo que siento ahora. – murmuró, refiriéndose a la pintura.

Yo: ¿En serio? – respondí arrastrando las palabras, pues mi mente estaba de vuelta en la creación de mi obra.

John: Ajá… - afirmó con los labios pegados a mi cuello y subiendo de mi hombro hasta mi oreja y viceversa.

Un túnel sin salida, pero sin embargo lo suficientemente infinito como para nunca chocar contra el muro que lo taponaba al final, tan oscuro y vacío como el corazón de los hijos de la muerte, como el universo mismo.

Yo: Voy a terminarlo. – dije quedamente, a la vez que volteaba mi cabeza y me encontraba con sus ojos. Él asintió y luego de un beso rápido, bajó al primer piso para ver televisión.

Yo: ¿Y la comida? – pregunté antes de que llegara abajo, con una sonrisa burlona.

John: Al diablo con la comida. – gruñó él, encendiendo el televisor.

Sabía que pintar era la única forma desahogarme, y era algo que me gustaría hacer el resto de mi vida si era posible. Seguí con el lienzo, pero aunque no quería que me desconcentraran, tampoco quería centrarme totalmente en él, pues podía entrar en una depresión de la cual sería muy difícil salir después.

En ése momento sonó el timbre y bajé apresuradamente con la esperanza de que fuera George; extrañaba abrazarlo y escuchar sus consejos pronunciados con su tono de hermano comprensivo. Cuando pasé cerca del televisor, John me atajó de golpe.

John: Ey, ey, ey ¿a dónde vas? ¿Qué parte de “estás enferma, quédate en mi habitación” no entendiste?

Yo: Si no estoy mal, John, ALGUIEN me prometió que me llevaría comida – le solté mientras trataba de zafarme de él.

John: Touché – respondió y me liberó- No te demores demasiado, es en serio lo de estar enferma.

Asentí sonriente y fui a abrir la puerta,  pero no era él, sólo eran Ashley y Stu. La decepción se pintó en mi rostro y me dio un aspecto aún más demacrado.

Ashley: Dios Martha, estás horrenda.

Stu: Tampoco seas tan dura con ella…

Ashley: Es mi mejor amiga, ella me entiende. ¿Cierto?

Yo: Sí, lo sé, parezco una bola de pintura resfriada. – dije tosiendo un poco.

Stu: La verdad que sí – sonrió con dulzura - ¿Estabas pintando?

Yo: Intentaba hacerlo.

Stu: Por favor, no seas tan modesta. Vamos a verla.

Entraron al corredor y Stu dejó allí la sombrilla bajo la cual venían ambos, muy acaramelados. Luego de pasar por la sala y de intercambiar saludos y miradas celosas-preventivas por parte de John, subimos los tres a mi habitación.

Cuando abrí la puerta, el color subió a mis mejillas de la vergüenza. Estaba hecho todo un caos. Sin embargo, Stu no le dio demasiada importancia, tal vez porque probablemente, la suya estaría igual, toda llena de pintura y frascos de acrílico vacío por todas partes.

Con todo, lo que menos me imaginé fue la actitud de Ashley. Entró altaneramente y con una expresión de asco que no se preocupó en disimular, antes de pararse finalmente en el centro de la habitación y suspirar con fastidio.

Ashley: ¡Dios! ¿Qué pasó aquí? Estás algo descuidada, no recordaba que esto fuera tan desordenado.

Yo: Gracias Ashley, yo no recordaba que fueras tan crítica. – contesté fríamente.

Ella notó mi tono despectivo y enarcó una ceja.

Ashley: Oye, oye, yo no tengo la culpa de que se haya muerto, ¿ok?

Una oleada de furia recorrió cada músculo de mi cuerpo y la miré con tanto desprecio que retrocedió asustada, sin embargo no fue algo que le sirviera de mucho; ya que abalancé hacia ella con intención de quitarle los ojos y cortarle la lengua en pedacitos. Sin embargo, sólo alcancé a empujarla con brusquedad y arrancarle algunos cabellos antes de que Stu me separara de ella.

Stu: ¡Cálmate!

Yo: ¿QUE ME CALME? ¡ESA ZORRA SE METIÓ CON JULIA! ¿CREES QUE ES FÁCIL HABER VISTO UNA MUERTE, ASHLEY? ¿PORQUÉ NO INTENTAMOS CON LA TUYA?

Stu: ¡CÁLMATE, MARTHA!

Estaba al borde de las lágrimas y sollocé mientras todo mi cuerpo temblaba.

Yo: Perdóname Ashley, es sólo que toda esta situación se me está saliendo de las manos.

Ashley: No importa… supongo que también fue mi culpa, de todas formas.

“La mayoría de la culpa”, pensé aún con algo de rabia. Empezaba a sentirme mareada, pero no le di mucha importancia a eso, últimamente me sucedía mucho.

Stu: La verdad que pintas hermoso… te felicito. – dijo cambiando de tema. Le agradecí con una sonrisa.

Stu: ¿Vas a volver al instituto? Recuerda que en unos días empezamos clases otra vez…

Eso me cayó como un balde de agua fría. ¿Por qué tenían que haber venido? Así, como dos estúpidos, queriendo devolverme a la realidad; mientras yo estaba muy feliz en mi mundo personal con John y mis pinturas. Bueno, feliz no, estaba lejos de sentirme así. Pero me sentía cómoda, más cómoda de lo que estaría volviendo a la típica rutina de siempre.

Ashley: ¿Martha…? ¿Estás bien?

Me había quedado estática, mirando al vacío, tratando de asimilar todo lo que se venía de ahora en adelante…

X: ¿Todo bien?

Y ahí estaba, apoyado contra la puerta, mirando a los dos intrusos con una expresión desconfiada y los brazos cruzados. Dirigió su mirada hacia mí y se alarmó al verme en ese estado.

Stu: No lo sé John, ella sólo se quedó ahí, mirando hacia la nada.

John siguió mirándome por unos segundos, antes de responder severamente.

John: Creo que es mejor que se vayan. Vamos, los acompañaré a la puerta.

(NARRA JOHN)

Ambos me habían mirado como si sospecharan algo, pero no tardaron en acatar mis órdenes. Casi cerré de un portazo cuando abandonaron la casa, y volví a donde se encontraba Martha. Estaba mirando por la ventana de su habitación y yo la abracé. Nos quedamos ahí por unos instantes, cada uno sumergido en sus propios pensamientos, viendo a la luna avanzar con pasos gráciles por el cielo estrellado, como si fuera una reina.

Yo: Cariño, estás temblando.

Así era, entre mis brazos se estremecía sin parar. Suspiró quedamente y me miró con ojos tristes.

Martha: Creo que me voy a dormir. Ha sido un día largo.

La solté y me fui a mi habitación para darle algo de privacidad. Ahí estaba su aroma como un fantasma, entre mis sábanas, en mi ventana, en todas partes. Inhalé profundamente y me recosté en mi cama, yo también estaba exhausto.

Pasados unos momentos, se apareció en mi puerta.

Martha: ¿Me acompañas? No quiero dormir sola.

Supe que sus palabras no ocultaban una segunda intención por el tono de su voz, y de todas formas, no tenía mucho ánimo. Me estaba muriendo de sueño.

Yo: Claro, voy en un segundo.

(NARRA MARTHA)

La noche era fría y olía a muerte, pero John entrelazó sus brazos a mí alrededor y el calor de su cercanía me hizo olvidarlo por completo. Me sumergí en un sueño profundo y sin sueños.

Al día siguiente, desperté gracias al suave roce de los dedos de John por mis brazos.


¡ ¡Por fiiiiiiiiiin!! Casi no logro terminarlo, de verdad, qué odisea. Me la enviaron el sábado, me quedé dormida, el domingo estuve haciendo tareas, y hoy terminando un cuento para un concurso que cerraba hoy... ¿saben lo peor? ¡QUE EXTENDIERON EL PLAZO JUSTO CUANDO ACABABA DE ENVIARLO! Voy a pegarme un tiro.

Sin embargo aquí está, largo y unas horas antes de lo habitual :3 Para que lo lean antes de dormir! Son adorables, personalmente me casaría con este John <3

No respondemos ante muertes, pero déjennos algo en su testamento (? JAJAJA esa escena hizo volar al mundo, lo bueno de que no pasara es que... como dijo Aly, "no tenían condón" :D
Sí Valery, hay que tenerle cuidado a Paul... muehehe
GRACIAS A DEBBIE POR LEER! Es hermoso :') TAMBIÉN GRACIAS A MARY! Tus comentarios son lo más, chica. GRACIAS A TODAAAS <3 
A mi hermana no le digo nada porque está re estresante... ;)
Y... yo sé que estás leyendo esto... Hola Fer! <3 Por fin subí, ya ves. 

CHICAS, UN ABRAZO ENORME Y DUERMAN MUUUUUUUUCHO!
P.D: ¿Alguien sabe algo de Rita?
Las amo dearies, cuídense.

By: Las ideas ideales de Mónica McCartney.
And: La edición impuntual pero hermosa de Lady Mary.

martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 19.

(NARRA MARTHA)

Mis pensamientos, y en general cualquier cosa medianamente racional, se habían perdido hacía rato entre aquel frenesí incontrolable de caricias, hormonas y jadeos.

Si bien aún no estaba segura de mis sentimientos hacia él, lo que estaba completamente claro era que lo deseaba. ¡Oh, claro que lo deseaba! Anhelaba sus caricias como las de nadie más y el solo roce de su piel contra la mía hacía estremecer hasta la última de mis células. Tal vez el hecho de que lo que estábamos haciendo no era del todo correcto, que de alguna forma ese status de “hermanos” lo volvía prohibido, tal vez por eso todo era el doble de tentador.

Lo había tomado del cuello ni bien terminó de besarme en la mejilla, y lo insté impaciente para que deslizara sus labios hasta mi boca. Está de más decir que no tuvo ningún inconveniente con eso, y una vez lo hizo, nos fundimos en un beso completamente distinto al anterior, porque esta vez ambos lo queríamos, lo deseábamos con todo el alma.

Me recostó sobre la cama y mientras recorría la piel descubierta desde mis hombros hasta mi oído con sus labios ansiosos, yo estaba ocupada recordándome a mí misma que tenía que respirar. Sus manos ágiles y expertas subían y bajaban por mis piernas, por mi cintura y mi espalda; pero aún no se atrevía a aventurarse bajo mi vestido. Por mi parte, no me sentía con tanta paciencia como él, así que ya le había desabrochado la camisa y me deleitaba  acariciando su pecho desnudo.

Enrosqué mis piernas alrededor de su torso y mis brazos en su cuello, obligándolo a caer bajo el efecto de mi peso, sin embargo me giré en último momento y quedé sobre él. Su expresión de sorpresa me hizo soltar una sonrisa juguetona y recorrí su mandíbula ávidamente con mis labios frenéticos.

John: No sabía que eras tan ruda, cariño – murmuró divertido, antes de besar mi cuello con un gemido ahogado.

Respondí con un ronroneo bajo que provocó que acelerara sus movimientos y deslizara la cremallera del vestido con una ansiedad delirante. Fue un movimiento tan inesperado que me congelé por un instante, y él, percatándose de ello, se contuvo.

John: Nena, si no quieres, me detengo.

Sin embargo eso era lo que menos quería en ese momento  y le mordí la oreja izquierda a la vez que soltaba un gemido como ademán para que continuara. Complacido, empezó a deslizar las tiras del  vestido hacia abajo y…

Mimi: Martha cariño, ¿estás aquí?

La voz que provenía del primer piso nos petrificó unos instantes y cruzamos nuestras miradas alarmados. A pesar de la tensión del asunto, solté una carcajada silenciosa que me hizo doblarme sobre él, que también se contorsionaba en risotadas.

John: ¡Shhh! – murmuró entre risas, y me acostó a su lado, aún sin poder controlarse del todo.

John: ¡Estamos aquí arriba, Mimi! – gritó sonriendo y se levantó de la cama.

Cuando Mimi entró, se encontró conmigo entre las cobijas de la cama de John y a éste sentado en el sillón que poco antes ocupaba Paul. Nos miró algo confundida, pero luego se dirigió a mí.

Mimi: Oh corazón, ¿cómo te sientes? ¿Estás enferma?

Yo: No es nada Mimi, es solo un resfriado.

Mimi: Bueno eso espero… John, ¿porqué tienes la camisa abierta?

John: Eh… Hace algo de calor aquí.

Mimi: No me sorprende, estaban encerrados como si no tuvieran entre sus planes volver a ver la luz del sol.- intercambiamos una mirada cómplice-  Bueno John, gracias por cuidar de Martha mientras llegaba, ahora puedes irte.

John: Pero tía, te ves extraordinariamente cansada. – dijo con una sonrisa encantadora – Mejor ve a descansar, yo cuidaré de ella esta noche,  ¿está bien?

El descaro de John sumado a la cara de desconcierto que puso Mimi, hizo que estallara en carcajadas que se ahogaron en una tos asquerosa. Demonios, de verdad estaba enferma.

Mimi: Esa tos no suena nada bien – suspiró mientras negaba con la cabeza.- Iré por un té. Y cuando vuelva, quiero que me expliques qué hace Martha en tu cuarto, Winston.

Y luego salió apresurada. John me lanzó una mirada pícara.

John: Buena actuación, hermanita.

Que me llamara “hermanita” me hizo esbozar una sonrisa amplia. Claro, éramos hermanos.

Yo: Ya quisiera yo que fuera actuación. – me quejé antes de acabar tosiendo nuevamente.

Escuché cómo sonaba el teléfono y los pasos ligeros de Mimi hacia él. John entrelazó su mano con la mía y las dejó colgando, así unidas. Recosté mi cabeza sobre la almohada y su posición me recordó a Paul, que antes se había sentado en ese preciso lugar.

Yo: ¿Cómo conociste a Paul? – pregunté con curiosidad. Él frunció el ceño y me miró enojado.

John: ¿Y por qué viene al tema? ¿Te gusta o algo?

Yo: Claro que no, celoso, simplemente me acordé porque estás sentado donde él estaba. – respondí divertida.

John: No estoy celoso, sólo que la pregunta no venía al tema… ¡en fin! – carraspeó incómodo- ¿Cómo lo conocí? Audicionó para la banda, toca bastante bien. De hecho hemos mejorado bastante gracias a él.

Abrí los ojos sorprendida.

Yo: ¿En tu banda? Y yo que creí que era inteligente…

Él me soltó y golpeó mi hombro con una sonrisa. Yo también me reí. En ese preciso instante entró Mimi al cuarto, con una expresión muy preocupada.

Mimi: Debo ir a Mendips, al parecer capturaron al culpable de la muerte de Julia.

El semblante de John se ensombreció y se levantó con violencia; yo sólo sentí un retortijón en el estómago.

John y yo: Tengo que ir. – exclamamos al tiempo.

John: No cariño, tú te quedas, yo voy.

Yo: ¿Y por qué no ir yo? Mejor quédate tú.

Mimi: Ninguno de los dos irá, ambos se quedan aquí. Tú – dijo señalándome- estás demasiado enferma como para salir, y tú Winston no te sabes comportar en una situación así. Hay comida en el refrigerador, vuelvo mañana. Pórtense bien.

Y dicho esto, salió y se fue.

John aún estaba de pie y empezó a dar vueltas por su habitación de arriba abajo. Sabía que en condiciones normales él se iría solo sin importarle nada, pero que estaba decidido a no ir para cuidarme. Se estaba deteniendo por mí.

Yo: Sabes, puedes irte. Yo me sé cuidar sola.

John: ¿Me estás echando? – gruñó fastidiado.

Yo: Claro que no, cálmate. Sólo lo decía para que pudieras ir a averiguar todo el asunto de Julia… - dije casi en un susurro. Cuando se le subía la rabia a la cabeza no había quién lo parara. Excepto, tal vez claro, el dolor.

Se sentó en el borde de la cama con la cabeza entre sus manos. Me senté y lo abracé con dulzura.

John: Era todo lo que me quedaba, Martha. Preciso cuando empezábamos a ser madre-hijo de nuevo… No es justo. No sé que voy a hacer sin ella.

Le di un beso en la mejilla y le agarré el brazo.

Yo: Sé que duele… pero hay que dejarla ir. No te preocupes, aquí estoy yo para apoyarte.

Él me miró fijamente y juntó sus labios con los míos, pero este beso sabía a dolor, a angustia… a pérdida. Fue un beso corto, pero significativo.

Una vez terminó, se recostó a mi lado y me abrazó por atrás, manteniendo esta posición hasta quedarnos dormidos.

(NARRA GEORGE)

Acababa de enterarme de la tragedia de Julia, así que no dudé en salir de la casa aún desobedeciendo la orden que mi mamá daba a gritos y  me encaminé hacia la casa de los Lennon.

Sabía que ella necesitaba apoyo y justo ahora lo único que tenía era a un hermano igual o más dolido que ella. Recordé lo que me había dicho sobre el beso y apuré el paso, situaciones desesperadas no siempre terminaban en lo que querían.

Empezaba a lloviznar y se me nubló la vista, ahora tenía que rogar por no chocarme con nadie, pero en una de esas curvas choqué con alguien igual de apresurado que yo.

X: ¡Hey! ¡Ten más cuidado! – bufó una voz familiar. Si bien había pensado que nada me frenaría hasta llegar a mi destino, esa voz me hizo detenerme en seco. Me volteé y la miré confundido.

Yo: ¿Rita?

Rita: ¿George? – dijo sorprendida. Llevaba en las manos dos bolsas de comida que se veían bastante pesadas.

Yo: ¡Rita! Perdón, no te vi. Déjame te ayudo con eso.

Rita: No te preocupes, se nota que estás apurado. ¿Todo bien?

Me enfrentaba a un gran dilema interno. ¿De verdad era capaz de dejar a Martha por acompañar a Rita?


 Sin palabras, muero de sueño y me niego a escribir incoherencias. Solo digo... enjoy. Y MÓNICA ES UN DESMADRE POR INTERRUMPIR ESA ESCENA! Bueno, ya.
Chicas, descansen y disfruten. Gracias por leer  y comentar ;)

By: Los pensamientos pervertidos de Mónica.
And: La redacción AÚN MÁS pervertida de Lady Mary. Ah, pero les gustó, no lo nieguen. XD
Besos.