miércoles, 10 de julio de 2013

Blurred Night.

(NARRA RITA)

No recuerdo una noche en la que me haya divertido más, fue excelente.  Bailé hasta que mis pies no dieron más y decidí terminar sentándome y tomando un poco con Aly y su acompañante misterioso.

Yo: ¿Qué hay Aly? ¿No estás borracha aún?

Aly: Estoy bastante acostumbrada al alcohol, necesitaría el doble de lo que he tomado para empezar a presentar síntomas de embriaguez.

Yo: Creo que no podemos decir lo mismo de Martha – dije mientras observaba cómo la chica bailaba eufórica en medio de la pista con un agotado Alan.

Aly: No me imaginé que se pondría así... – musitó pensativa chasqueando la lengua – Está incontrolable, va a sentirse muerta mañana.

X: Yo creo que el que va a caer muerto es Alan, solo mira cómo lo tiene. El pobre no da un paso más.

Solté una carcajada y me senté al lado del chico que acompañaba a Aly.

Aly: Rita, te presento a Nick. Nick ella es Rita y aunque no tiene novio, está muy cerca de tenerlo.

Yo: ¡Oye! – y le golpeé el brazo. Estábamos riéndonos, cuando llegó George, que miró a Nick con recelo antes de sentarse con nosotros.

Yo: Pobre Alan… alguien debería ayudarlo. – exclamé con pesar volviendo a ver hacia la pista.

George: ¿Y por qué no vas tú? – gruñó antes de tomarse su cerveza de un trago.

Aly: Creo que alguien está celoso…

Estallamos en carcajadas ante el sonrojo involuntario de George y nos terminamos la ronda sin más rodeos.

(NARRA MARTHA - o al menos la parte coherente que aún le queda -)

No sentía el más mínimo cansancio, por mi parte podía seguir bailando sin parar hasta que cayera muerta. Pero al parecer Alan no pensaba lo mismo, porque terminada la canción, me llevó hasta la mesa.

Yo: ¿Pero qué haces? No seas aguafiestas, ¡vamos a bailar!

Alan: Ni… loco vuelvo… a pisar esa pista… en toda la noche – jadeó cayendo rendido en una silla vacía. Oí risitas provenientes de los otros chicos en la mesa y los miré con el ceño fruncido.

Yo: Como quieras. Vamos George, ven conmigo.

George: Paso Martha, soy muy joven para morir, y aún más en brazos de una chica mayor. – respondió guiñándome el ojo. Más risas.

Yo: ¿Y tú, Nick? ¿Vas a seguir descansando?

Nick: Lamento decírtelo nena, pero estoy más cómodo aquí. - escuché la carcajada ahogada de George.

Aly: Martha, sé que dije que te divirtieras, ¿pero no crees que deberías parar un poco? Te vas a desmayar.

Yo: Ni aunque me pagaras. Me voy a buscar a alguien que SÍ se sepa divertir. – refunfuñé tomándome un trago cualquiera de la mesa y saliendo de nuevo a la pista.

La verdad ya no recordaba ni dónde estaba, así que no me sorprendió mucho chocar contra alguien al instante. Apoyé mis manos contra su pecho para evitar caerme y él me sujetó por la cintura.

X: ¿Estás bien? – respondió una voz un poco menos ebria que la mía. 

Pero… ¿qué? ¡No, esa voz no! ¿Por qué yo, de entre todos los mortales, tenía que encontrarme con el motivo de mi despecho justo cuando estoy desahogándome?

Yo: No esperaba verte por aquí, John.

John: Y yo a ti tampoco, Martha. – respondió incómodo.

¡Por supuesto que no se lo esperaba! Yo me lo imaginaba muy lejos, bastante lejos, con su queridísima Fernanda en Blackpool. La foto que ella había encontrado era precisamente la de un día de verano allá y lo que esperaba era que él la llevara y se perdieran lo más posible. O al menos lo suficiente para poder sacar toda esa basura de una relación inexistente de mi cabeza.

Pero no. Como siempre, John Lennon tenía que ignorar el plan original.

John: ¿Qué haces aquí?

Yo: Pues…

X: Johnny, ¿qué pasa?

Di un respingo al escuchar su voz y solo entonces me fijé que él no estaba solo. Agarrando su mano, con los dedos entrelazados, estaba Fernanda, mirándome fijamente. John carraspeó y le soltó la mano. Muy tarde.

John: Eh… nada, encontré a mi hermanita aquí, es todo.

Yo: Creo que… es mejor que me vaya.

Y enseguida caminé apartándome de ellos, sin embargo, John alcanzó a detenerme por el hombro.

John: Martha, espera…

Yo: John, no quiero molestar más. Es obvio que tú y Fernanda están pasándola bien y no quiero interrumpir. ¿Me sueltas? – gruñí tratando de zafármelo de encima. No lo hizo.

Fer: John, ¿por qué no…?

Yo: Cállate. – casi le grité mientras le arrebataba la cerveza que traía en su mano.  Esto era demasiado para mí. – John, déjame en paz ¿sí? Puedo cuidarme sola.

Fer: Oye, eso era mío.

Yo: Pues ya no lo es. – dije dándole un gran sorbo.

John me apretó con fuerza antes de soltarme, pero lo hizo. Fernanda miró su ex – cerveza antes de dirigirme una mirada asesina y la pareja se fue.

Si bien esa situación me había bajado todos los tragos de golpe, ahora tenía necesidad de más. Tenía que olvidarlo, maldición, debía haber una forma. Me senté en la mesa junto con los otros chicos y me terminé la ex – cerveza de Fernanda.  Alan me miró divertido.

Alan: ¿Cambiaste de opinión? – me susurró al oído, para que pudiera escucharlo mejor. Me reí.

Yo: Solo por un rato.

(NARRA FERNANDA)

Nos habíamos sentado solos unas mesas más allá, pero ya había perdido su atención por completo.  John miraba a Martha con una sobreprotección que más parecían celos. De hecho, estaba segura de que eso eran.

Yo: John, me estás apretando muy fuerte. – me quejé cuando estrujó mis dedos.

John: Lo siento. – contestó distraído y me soltó al instante, para crispar su mano en un puño.

Martha y Alan estaban sentados muy cerca y reían por algo que él había dicho. La tensión en John era más que evidente.

X: ¿Quieres bailar?

Era ese chico, el amigo de Martha… George, creo. Estaba ahí ofreciéndome su mano y acepté gustosa. Moría de aburrimiento.

No lo entendía… todo había sido perfecto hasta ese momento.

-FLASHBACK-

Yo: ¿Cómo que no me vas a llevar?

John: Fernanda cariño, ir a Blackpool nos tomaría todo el día y francamente, no estoy de ánimos para eso. La cabeza está a punto de explotarme.

Yo: Bueno… vayamos a otro lugar entonces.

No tuvimos que dar demasiados rodeos, John fue muy creativo y se tumbó bajo el árbol más cercano del parque en el que estábamos. Genial. No tenía ganas de discutir con él, así que me senté a su lado. Estuvimos en silencio unos minutos.

Yo: Háblame al menos, esto es aburrido.

John: ¿Qué quieres que te diga? – gruñó con los ojos cerrados.

Yo: No sé, pregúntame cosas.

John: De acuerdo… ¿a qué edad perdiste tu virginidad?

Solté una carcajada por su descaro y me recosté junto a él.

Yo: Cuando cumplí dieciséis años.

Él me miró perplejo y enarqué una ceja.

John: ¿Es en serio?

Yo: ¿No esperabas una respuesta seria?

John: Esperaba que me abofetearas y me dejaras morirme de resaca aquí. Ninguna chica me había respondido eso antes, todas se escandalizan.

Yo: Bueno, yo no soy cualquier chica. – respondí divertida – Si te sirve de consuelo, no sentía nada por ese chico, fue pura atracción y ya. Solo deseo y oportunidad.

John: ¿Y por qué tendría que consolarme eso? – Rió – Me imagino cómo habrá sido él para que cedieras así.

Yo: Era un dios. Un cuerpo delicioso y unos ojos irresistibles. – dije mientras sacaba mi cajetilla de cigarrillos - ¿Fumas? Ten, enciéndelo por mí. –lo encendió y tomó uno para él – Estaba de vacaciones en Brasil, no pude resistirme.

Fumamos en silencio un rato, dejando libres nuestros pensamientos.

John: ¿Te gusta más Brasil o Estados Unidos?

Yo: Estados Unidos es todo para mí. Brasil es como mi universo alterno, pero prefiero Estados Unidos. No sé… soy muy pasional a veces.

John: Eso está por verse, nena. – respondió sonriendo pícaramente. Yo también sonreí, no se acordaba de la noche anterior… había que repetirla.

Seguimos hablando y lanzándonos indirectas de esa manera hasta que él decidió que era hora de embriagarse otra vez. No me negué en absoluto y nos fuimos directo al pub.

Me sentía victoriosa, ahora me sostenía la mano, como si fuera su chica.

-FIN FLASBACK-

Ahora todos bailaban. Todos menos Martha, pues como yo bailaba con George, se había desbalanceado todo y ahora ella no tenía pareja. Sonreí. Había ganado.

(NARRA MARTHA –su conciencia está ida, así que será una narración desde el subconsciente (? - )

Ya había perdido la cuenta de lo que había bebido, pero no importaba. No era como si fuera a pagar, de todas formas, y pobre del que lo hiciera. Tenía la cabeza completamente nublada y estaba a punto de empezar otro trago cuando sentí una mano helada en mi hombro. Me sobresalté y maldije en voz alta. El dueño de esa mano que parecía de cadáver no se inmutó.

X: Hola Martha…. Te ves divina, muñeca. – dijo una voz familiar, que arrastraba las palabras. Estaba tan o más borracho que yo, pero no le di mayor importancia. En ese instante me pareció bastante sobrio.

Yo: Tú tampoco estás nada mal. – respondí mirándolo de arriba abajo – Muy seductor, Paul. ¿Desde hace cuánto estás aquí?

Paul: Desde hace mucho, pero no nos habíamos encontrado. ¿Bailas?

Yo: Estoy cansada.

Paul: No digas estupideces, después te arrepentirás de no haber bailado conmigo.

No tenía muchas ganas de contradecirlo, así que acepté y salimos a bailar… en serio que estaba guapo, ¿cómo no me fijé antes? Divino…

---- FIN DE LA MEMORIA, ME TEMO QUE MARTHA YA NO ESTÁ EN CAPACIDAD DE RELATAR LO QUE SUCEDE A SU ALREDEDOR. DE HECHO NADIE LO ESTÁ, PERO NOS APROVECHAREMOS DE LOS IRRESISTIBLES OJOS DE PAUL PARA CONTAR LO QUE FALTA –

(NARRACIÓN PAUL )

Solo sé que Martha se me hacía muy linda justo ahora. Bailé con ella unas piezas, hasta que ninguno de los dos pudo sostenerse mucho más en pie sin hacer el ridículo. Fue entonces que la tomé de la cintura y acerqué mis labios a su oído.

Paul: ¿Qué te parece si vamos a mi casa? Mi papá se fue con Mike a Londres unos días, así que…

Ella respondió con un ronroneo y la tomé del brazo para salir de ahí, aunque en la puerta…

John me agarró de la camisa y me miró con furia.

John: Si llegas a tocarla, te juro que te mato McCartney.

Yo: No te alteres tanto, sólo voy a llevarla a su casa.

John: Estás mas borracho que ella, además yo puedo hacer eso.

Fer: ¿John? ¿Vas a bailar conmigo, o qué? – gritó desde el centro de la pista.

Yo: Creo que no puedes… aprovecha que esa delicia está contigo idiota, ya quisiera estar en tu lugar.

No le di oportunidad de responder y me fui llevándome a Martha conmigo. Caminamos largo rato sin mucha idea de dónde estábamos, hasta que ella tuvo que parar para vomitar. Eso nos despejó la mente un poco.

Martha: ¿Dónde demonios estamos?

Yo: No tengo idea… ven, ¿qué dice aquí?

Martha: Uhm… Strawberry…

No terminó de leer, pero yo sabía el nombre completo. Miramos la reja imponente con respeto.

Yo: Deberíamos ir a otro lugar. Estás temblando.

Martha: Cállate un minuto, ¿quieres?

Se acercó a la reja y se reclinó de espaldas contra ella cerrando los ojos. Se veía tan tentadora ahí…

Martha: Éste es uno de mis lugares favoritos en Liverpool.

Yo: Tiene un aire bastante místico. – concedí acercándome a ella.

Martha: Me ayuda a saber qué es lo que realmente quiero…

Yo: ¿Y qué es lo que quieres?

Nos separaban centímetros. Me miró y caí profundamente en aquellos ojos hechizantes.

Martha: No lo sé.

La besé, porque realmente no se podía hacer nada más. El deseo nos estaba carcomiendo a ambos y si no lo hacía, iba a resultar incontrolable después. Ella me respondió ansiosa y entrelazó sus manos en mi nuca, mientras yo deslizaba las mías hasta su cintura. No sé cuanto pasó, pudieron ser segundos, pudieron ser años. Finalmente nos separamos.

Sin cruzar palabra, fuimos hasta mi casa y nos sentamos en el sofá, tomándonos las cervezas de papá. Al parecer necesitaba desahogarse, y mucho. La escuché atentamente.

Martha: Paul, eres el único que me ha escuchado y no me ha dicho loca.

Yo: Tal vez sea porque estoy borracho. – soltamos una carcajada. – Pero pienso que si estás soñando todo eso, debe ser por algo.

Martha: No tiene sentido.

Yo: Nada de lo que ha pasado tiene ningún sentido. No entiendo cómo es que todavía no me he acostado contigo.

Caminamos hasta mi habitación, cada uno con una botella en la mano y se acostó en mi cama mientras ponía el tocadiscos. La voz de Elvis llenó los espacios vacíos y me acosté al lado de ella.
Me miró sonriente y me besó con pasión.

--FIN TOTAL DE LOS DATOS DE MEMORIA-- SUFRAN, MORTALES.

¿Qué pasará? 
Al carajo si esperaban un comentario largo, son las seis de la mañana, no he dormido nada y en dos horas tengo que levantarme, así que confórmense.
Luego pongo un P.D o algo así.

Que la intriga los queme.
"Así sea."

10:11 a.m

Ya, estoy algo más calmada, perdón por la agresividad (?
Y bueno, solo vine a poner unas imágenes por ahí...
Señores y señoras, Fernanda según la imaginación de Aly:




Presento las excusas por parte de Aly por los rastros de lápiz, pero sinceramente es lo de menos querida, DIBUJAS COMO UNA DIOSA.  No sé, me encantó. 

Y sha, es todo.
Ahora sí, está completo ;)

sábado, 29 de junio de 2013

Capítulo 24.

(NARRA MARTHA)

Pensé en hacer la típica escena de chica celosa, con algunas variaciones. Quise agarrarla por el cabello y arrastrarla por el piso, luego golpearla mientras gritaba cursilerías como “¡JOHN ES MÍO, PERRA!” y finalmente, sacarle esos lindos ojos de sus cuencas.

Pero me detuvieron dos cosas, en primer lugar… era demasiado sangriento, incluso para mí.

Y en segundo lugar, y precisamente por eso más importante, John y yo no éramos nada. No novios, ni siquiera amantes. Sólo hermanos. Y así se tenía que mantener, con total hermetismo, lo menos que quería era que se regaran chismes por ahí y llegaran a oídos de Mimi. Supongo que una escena de celos era muy sospechosa, dadas las circunstancias. Además… no era como si tuviera poder de reclamarle nada. John no era mío, era un hombre lleno de hormonas totalmente libre.

Suspiré con fuerza, exhalando a la vez toda la ira que tenía. Era consciente de que estaba temblando, pero esperaba que esa chica que me miraba triunfante con ojos de arpía, lo tomara como efecto de las bebidas.

Yo: Veo que te adaptaste muy bien a Liverpool. Bienvenida, por cierto.

John: ¿Qué paza? Cariño, no es momento de arrepentirze – gimió muy ebrio, dirigiéndose a Fernanda, que se había detenido en sus besos al escucharme entrar y me miraba divertida.

“Cierra la puta boca, Lennon” pensé mientras sus palabras partían la poca cordura que me quedaba en pedacitos. No, tenía que aguantar.

Fer: Un segundo, cielo… ¡Espera! – rió cuando él trató de morderle el cuello con impaciencia. Si yo seguía apretando de esa forma los tacones, los iba a romper. - ¿Qué haces aquí?

Yo: Por si no lo recuerdas, esta es MI habitación… - dije saliéndome un poco de mis casillas. Respira lento… uno… dos… - Pero no te preocupes, puedo dormir en la cama de John. De todas maneras es mucho más cómoda que la mía.

Sonreí ampliamente cuando me di cuenta de que había captado el doble sentido, y me fui cerrando la puerta. Estúpida niñita rica de…

Aly: ¿Martha? La fiesta es para ti, ¿qué haces aquí arriba?

Las lágrimas que amenazaban con salir sólo se contuvieron por la sorpresa de su presencia.

Yo: ¿Y tú? ¿Qué haces acá?

Aly: Me mandaron a buscarte, hay unos chicos que juran no haber bailado contigo todavía. ¿Estás bien?

Yo: Dudo que estén los suficientemente sobrios como para sostenerse en pie… iba a descansar un poco, Aly, ¿me dejas?

Aly: ¿Descansar? ¿En TU fiesta? No lo creo. Vamos señorita, falta mucho para que esto se acabe.

Si tenía alguna posibilidad de negarme, se esfumó en cuanto me arrastró de vuelta al primer piso. No sé cómo me las arreglé, pero me tragué toda la impotencia que sentía, toda esa rabia y el dolor y apenas dejé el último escalón y puse un pie en el suelo, el tiempo pareció esfumarse.

Bebí, oh sí, bebí mucho. Tal vez demasiado… de todas formas, nadie me lo impidió, a los pocos minutos, Aly estaba igual o peor que yo. Bailé con cuanta persona se me cruzó, sin importarme si era hombre, mujer o si estaba borracho o no. No importaba, la verdad ya todo se había ido a la mierda.

Me desperté con dolor insoportable y un pitido irritante en los oídos. ¿Qué demonios era esa luz? Espera… ¿Cómo llegué a mi habitación? Porque sí, esta era mí habitación y la luz infernal entraba por la maldita ventana. Ah, no importaba. Me levanté como pude de mi cama y cerré las persianas con fastidio. Miré el reloj con la vista borrosa… las 9:30 a. m.  Ni loca me iba a arreglar, era muy temprano todavía.

Fui a acostarme otra vez, pero recordé la escena de la noche pasada y me dio asco. Fernanda había estado ahí. Tomé unas cuantas cobijas, mi almohada y me acosté en el piso. No planeaba volver a dormir ahí hasta que cambiara las sábanas y si era necesario, también el colchón.

Mientras escuchaba el ruido de quien fuera que estuviera recogiendo el caos que había quedado abajo, me sumí en un profundo sueño, del cual esperaba no salir jamás.

¿Por qué sonreían tanto? Supuse que era porque estaba con ellos, mis padres se veían extasiados con mi presencia. Yo también me sentía feliz pero… ¿qué? ¿Qué hacían John y Mimi allá abajo? Parecía como si estuvieran buscando algo.

Me estaban buscando a mí.

Supe entonces que mi vida estaba partida en dos, mi presente y… lo que fueran mis padres. Pero… ¿qué podía hacer yo?

Me volví a despertar ante el contacto gélido de unos dedos traviesos que recorrían mi muslo de arriba abajo. Casi se me olvida todo lo que había pasado la noche anterior. Casi.

John: Despierta, bella durmiente.

Yo: Déjame dormir en paz.

John: Ya es hora de que te levantes, vamos. ¿Qué haces en el piso?

Yo: Puedes irte al demonio, John. Déjame quieta. –gruñí apartando con brusquedad su mano de mi pierna. Como era de esperarse, eso no le gustó.

John: ¿Y a ti qué mierda te pasa? Sé que la resaca es dura y eso, pero no tienes que desquitarte conmigo.
Me levanté como pude y lo miré con rabia.

Yo: ¿Tú crees que es por eso? ¡No lo sabes!  ¡No sabes nada! – le grité.

John: ¡A MI NO ME GRITAS ¿OÍSTE?! ¿Qué es lo qué…?

Yo: LÁR-GA-TE – espeté, pronunciando cada sílaba con ira, la misma ira que había sentido la noche anterior.

Él me miró furioso, pero a la vez confundido. Acercó sus labios a los míos, pero yo retiré mi rostro con rapidez y lo enterré en la almohada. Lo último que oí fue su portazo al salir y sonreí. Era divertido enojarlo… eso le pasaba por estúpido.

(NARRA ALY)

Me habían ofrecido hospedaje en la casa Lennon, después de todo, había sido idea de John que viniera a la fiesta de su hermana. No sé porqué me había hecho a la idea de que sería calmado.

Lo primero que escuché al abrir la puerta de la habitación de Mimi –en la que me había quedado esa noche… aunque ni idea de cómo llegué allí – fueron los gritos enojados entre Martha y John y luego un portazo. Vi a John entrar a su cuarto farfullando algo como “las chicas y sus estúpidas hormonas” y luego… otro portazo.

Suspiré y entré a la habitación de Martha.

Yo: Martha… Martha despierta… ¡OYE IDIOTA, QUE TE LEVANTES!

Martha: Ah demonios, ¿en serio no puedo descansar ni siquiera un poco? Dejen de fastidiar. –gruñó dándose la vuelta en… ¿el piso?

Yo: ¿Un poco? ¿Sabes qué hora es?

Martha: No, dime. – apenas murmuró. Se estaba quedando dormida otra vez.

Yo: Martha, son las cuatro de la tarde. 

Fue como si hubiera oprimido un interruptor, se sentó en el acto y me miró horrorizada.

Martha: ¿QUÉ? Uh, que asco, dormí casi doce horas. ¿Cómo pueden tener este tipo de fiestas tan seguido? Es una locura.

Yo: No era lo que decías ayer. – Sonreí – Ya, arréglate rápido. Te espero abajo con tu “desayuno-almuerzo”. Por cierto… ¿qué haces en el piso?

Ella negó con la cabeza y se levantó tambaleante, luego caminó hacia la ducha. Cuando salí, me encontré con la chica nueva, que me miró divertida y se encerró en la habitación. Pobre Martha.

(NARRA MARTHA)

Me demoré en la ducha casi una hora completa, estaba hecha un asco. No me había quitado el maquillaje y tenía el cuerpo pegajoso por las bebidas que al parecer se habían regado sobre mí. Eso por no mencionar mi cabello. Ni me atrevía a imaginar qué tantas cosas había en esa maraña, pero era asqueroso. No me volvería a embriagar de esa forma en mi vida.

Además, mis pensamientos no paraban de revolotear desde que me había despertado. Por eso no quería despertar. No sé porqué había imaginado que John sería fiel estando conmigo, cuando ni siquiera había sido fiel con sus mejores novias. Y si a eso le sumamos que en realidad no estaba conmigo… no tenía motivos para enojarme de esa forma, menos porque sabía que lo había hecho borracho. Pero… igual dolía.
Salí del baño y miré mi habitación espantada. Esa no era MI habitación. Sobre la cama estaba recostada Fernanda, haciendo girar un lápiz entre sus dedos con evidente aburrimiento; pero en cuanto salí, lo dejó a un lado y me miró con una sonrisa. Había estado esperándome.

Fer: Pensé que no saldrías jamás. ¿En quién pensabas para demorarte de esa forma en la ducha?

No le presté atención a sus palabras que tenían un evidente doble sentido, porque estaba aterrada viendo el horror. Las paredes estaban cubiertas de pósters de Elvis, Chuck Berry y Buddy Holy. Hasta ahí no me molestaba en absoluto, pero lo que me había hecho abrir la boca de asombro era la gran bandera de Estados Unidos que estaba estampada con chinches en mi pared.

Yo: ¿Qué… qué demonios?

Fer: Si me voy a quedar aquí todo este tiempo, tengo que sentirme cómoda, ¿no crees? ¿Qué más cómodo que mi país?

También había reorganizado todo. Mimi había mencionado algo de una cama extra, pero hasta que llegara, tendríamos que compartirla. O dormir en el suelo.  De cualquier forma, ahí estaba ese enorme espacio esperando por su ocupante donde antes solía estar mi armario…. Que ahora estaba en la otra esquina… lleno también de sus vestidos. Había cosas suyas acomodadas por todo el lugar y tras la puerta, otra bandera.

Yo: Vaya que eres patriótica.

Fer: Gracias.

Yo: Era sarcasmo. ¿Con permiso de quién hiciste todo esto? ¡Absurdo! ¿Es mi habitación, sabías?

Ignoró olímpicamente mis preguntas y tomó un objeto que estaba sobre la cama, a su lado.

Fer: Estaba ordenando y me encontré esto… ¿qué es?

Puse los ojos en blanco.

Yo: Dile a John que te lleve allá y lo averiguas tú misma. Ahora, ¿me puedes dejar sola para que me pueda vestir?

No se movió.

Fer: ¿Tú y John qué son? – preguntó entrecerrando los ojos.

Esa maldita pregunta había rondado por mi cabeza durante toda la estúpida noche y lo que llevaba del día. Apreté un poco los puños.

Fer: Hermanos… ¿no es obvio?

Asintió pensativa, y salió de mi habitación. Saqué cualquier cosa del armario y me la puse con un bufido. Estúpida americana.

(NARRA JOHN)

Estaba recostado en el pasto junto a Aly, recordando historias viejas y tiempos mejores. También hablábamos de lo que había sido de ella, de sus aventuras en el “país de la libertad” y de mis tonterías durante esos años que estuvimos separados. Habíamos pasado mucho tiempo juntos de niños, no por nada había sido mi primer amor. Obviamente eso no lo sabía Martha, pero el asunto estaba más que olvidado. Ahora sólo era una amiga. Una vieja amiga en el inmutable Liverpool.

Aly: Dime Johnny, ¿qué demonios le pasa a tu hermana?

Yo: No lo sé, amaneció de mal humor supongo. – fruncí el ceño. – Pensé que se había divertido ayer.

Aly: Sí, pero al parecer vio o escuchó algo que la puso…

X: Johnny, ¿dónde estás?

Cerré los ojos e imploré al cielo que me tragara la tierra al escuchar esa vocecita que empezaba a hartarme. Ahí estaba buscándome… otra vez.

Aly: ¿No te agrada? – dijo divertida al notar mi reacción.

Yo: Si no fuera tan intensa, sería una diosa. Es irritante.

Ella soltó una risita ahogada, antes de que llegara la muchachita imparable, enfundada en un vestido a lo Marilyn Monroe.

Fer: Johnny aquí estás, mira lo que encontré. Martha dijo que tú me llevarías.

¿Qué demonios le pasaba a Martha? Me acababa de condenar por el resto del día.

Yo: Vamos otro día, Fer. Estoy cansado.

Fer: ¡Johnny! Quiero conocer la ciudad ya. Vamos YA.

No había forma de discutir, se notaba a leguas que era el tipo de chica a la que no se le podía negar nada.

John: Voy por mi chaqueta, espera aquí.

Me abrazó entusiasmada y me zafé de ella con algo de brusquedad, aunque no pareció notarlo. Iba a ser una tarde muy larga…

(NARRA ALY)

Martha: ¡Aly!

Yo: ¿Qué? – murmuré. Estaba demasiado cómoda en el pasto como para moverme.

Martha: ¿Y mi comida?

Demonios, la comida. Me había entretenido con John por el camino y se me había olvidado por completo, pero ahora que lo mencionaba, el hambre era espantosa.

Yo: Lo olvidé. Pero ¿qué tal si vamos al restaurante que está por el muelle? Me acuerdo que era delicioso.

Martha aceptó gustosa y ambas nos fuimos hacia allá. Pasamos ahí toda la tarde, hasta que empezó a oscurecer y los empleados del restaurante nos miraban con cara de querer echarnos.

Martha: Vamos a casa.

Yo: No seas aguafiestas, mira que sólo estoy aquí una semana antes de volver a Londres. Vamos a un pub.

Ella sonrió sin ganas.

Martha: Todavía tengo resaca Aly, creo que sería mejor si vamos a…

Yo: No, no. Lo que tú tienes es mal de amores, se te nota a leguas. A ver dime, ¿quién es el afortunado?

La verdad es que no se le notaba, pero hacer conjeturas al azar casi siempre conducía a la verdad y esta vez no fue la excepción. Abrió los ojos con sorpresa y el color subió a sus mejillas.

Martha: ¿Qué? Claro que no, no estoy mal por nadie.

Yo: Me lo acabas de admitir, pilluela. Vamos a ver, voy a adivinar… ¿Es ese chico George? Ah no, verdad que tiene novia, o lo que sea que sea ella. Ehm… Ah, ¿ya le pusiste atención a Pete? O es el guapo ese que bailó sólo una vez contigo… ¿cómo se llamaba? ¿Paul?

Martha: Sabes, creo que es buena idea que vayamos al pub.

Yo: ¡Sí es Paul!

Martha: Claro que no, no inventes. Ni te acercaste. Vamos ya. – gruñó jalándome del brazo. Sonreí con satisfacción. Acababa de admitir que quería a alguien, y no se lo iba a dejar pasar tan fácil.

Cuando llegamos, fui directo a la barra del bar. Ella me siguió volteando los ojos, y se sentó a mi lado mientras yo empezaba con un vodka.

Martha: ¿No crees que sea algo fuerte?

Yo: Para nada, amargada. Ven, tómate uno. – ella negó con la cabeza – Por favor, el vodka es lo mejor para los despechos. La verdad no, pero tómate uno.

Se rindió con un suspiro y se tomó el suyo. Aunque… demasiado rápido. Ahora estaba totalmente ida y se había tomado unos cuantos más. El barman nos miraba con reprobación, pero extendí un billete por toda la botella y se alejó sin molestarnos más.

X: ¿Martha?

Un chico rubio muy apuesto se había acercado a nosotras, junto con otro chico que nos miraba con avidez. Martha se volteó al oír su nombre y sonrió abiertamente.

Martha: ¡Alan! Vaya, vaya campeón, sí que has crecido.

Alan: Ni qué decir de ti, eres toda una mujer ahora… Me dijeron que habías cumplido 16 ayer.

Martha: Te informaron bien. ¿Bailamos en la fiesta? No recuerdo la mitad de lo que pasó.

Alan: De hecho no fui, estaba terminando con mi novia. – dijo guiñándole el ojo. Ella se rió – Pero podemos bailar ahora, aunque… dudo que me puedas llevar el ritmo.

Martha: Oh, puedo hacer mucho más que eso, cariño. – sonrió bajándose de la silla directo a los brazos de Alan, para luego irse a la pista.

Nunca la había visto tan decidida y seductora, y aunque de seguro era por efecto del vodka, le sentaba de maravilla. Sabía también que lo más probable era que estuviera así por su despecho, pero… ah, Alan se veía muy buen chico, no le haría nada.

Yo: Y sí… me dejó por el chico rubio. Típico.

X: Ellos se lo pierden. ¿Bailas? – era el chico que acompañaba a Alan hace un minuto. Me encogí de hombros y apuré el último sorbo de la bebida antes de acompañarlo a bailar.

(NARRA GEORGE)

Yo: ¿A un pub?

Paul: Bueno sí, estoy tremendamente aburrido y quiero salir un rato. ¿Vamos?

Yo: Te volviste loco Paul, apenas sí me dejan salir de la casa, ¿ahora me van a dejar ir a un pub?

Paul: No tienes por qué decirles a dónde vas. Miénteles.

Volteé los ojos y estaba a punto de ofrecerle mi rotunda negativa, cuando vi a Rita acercándose. Paul abrió los ojos como platos y me miró con sorpresa.

Paul: ¿Estás saliendo con Rita? No te conocía esos encantos, chico.

Yo: Cállate Paul, aún no estamos “saliendo, saliendo”. Somos amigos y ya.

Él me dirigió una mirada burlona.

Paul: Ajá y Brigitte es mi novia. Por favor… ¡ya sé! Invitemos a Rita, no te puedes negar si ella va.

Rita: ¿A dónde? – interrumpió sin dejarme impedírselo dramáticamente.

Paul: Vamos a un pub. ¿Vienes?

Rita: ¡Claro! ¿Qué esperas George? ¡Vamos ya!

Y así, sin escapatoria alguna, nos fuimos al maldito pub. En cuanto llegamos, perdimos a Paul al instante, se había ido con la primera chica rubia que había cruzado con él.

Intenté sacar a Rita a bailar, pero me detuvo.

Yo: ¿Qué?

Rita: ¿Esa no es Martha?

Por supuesto que era ella. Bailando como una diva con otro chico en mitad de la pista. Se notaba que estaba pasada de tragos, pero sí que bailaba bien. Rita me apretó el brazo.

Rita: ¿Le hacemos competencia?

Yo: No tienes que repetirlo.

Y salimos a bailar.

Fue una delicia y al final cansados, nos sentamos. Fue entonces cuando divisé a Aly al fondo del pub. Se veía… hermosa.

Vaya, vaya, ¿quién lo diría? Aly resultó ser una alcohólica sin remedio. JAJAJA olvídalo Aly, fue con amor (? Me carcome la duda... ¿a dónde habrán ido John y Fernanda? Aunque... bueno, me alegra que John se haya estresado por ella. Don't worry Fer, we all love you ;)

Y ese George... pilluelo, te atrapamos mirando a Aly e.e Y ni qué decir de Paul...
¿Qué pasará con Martha? ¿Pasará algo con Alan?

Ximena! Nunca habías comentado, soy tan feliz :') Lo sé, Fernanda me parece excelente. Insisto en que me cae bien :D

Aly, aly, aly... ya he hablado mucho de ti, pero ten cuidadito con George... jajaja

DEBBIE, NO TE AVIENTES, AÚN HAY ESPERANZA (? Neh, la verdad que no sé. Si las cosas salen mal, puede quedar embarazada de Alan... jajaja ESPERO LOS CAPÍTULOS, MUJER! Aunque los tuyos valen el doble ;)

Jajaja, Mary, no lo sé, necesitaríamos un dibujo de Aly para saber si es tan escultural como Bardot... Aunque yo sí creo, tiene sangre brasileña... Pobrecilla Martha... ¿¿qué le pasará ahora??

Vale, si no dejas de amenazar a Mary, te censuro los comentarios. Ok no, pero contrólate nena, ¿sí? Me encantaron las 16 cosas que amaste y los vestidos. Pienso que puede ser el número 2

Y LITA! Amé todos los comentarios de todos los capítulos :3 Tal vez la ama... tal vez solo quiere ser muy troll con ella ;)

Ah, y bienvenidas Cecilia y Elizabeth. Un gusto que nos sigan ^^

Ya, suficiente.

P.D: Martha durmió 12 horas? JÁ pues yo dormí 14! Soy una insomne que duerme mucho, que absurdo.
P.D 2: Tal vez no publiquemos en un buen rato, nos vamos de viaje en vacaciones. Pero aguanten, seguiremos maquinando ideas cuando estemos en la piscina (?

Cuídense, y ya saben. Sí, duerman.
Que Fernanda los visite en sueños ;)

sábado, 22 de junio de 2013

American Girl

21 de Junio. Viernes. Alguna hora en la mañana.

Lo primero que se me vino a la mente en cuanto abrí los ojos y me percaté de qué día era, fue que por fin se acabaría esa semana infernal durante la cual había asistido tediosamente a clases otra vez. No me había equivocado en mi pronóstico, fue toda una tortura. Entre miradas burlonas y de lástima, me senté casi de forma autómata en mi puesto todos los cuatro días que había ido hasta ahora. La única razón por la que había decidido ir, eran los finales….

Ashley y yo habíamos hecho las paces, luego de que me explicara que su actitud del otro día había sido por celos, porque pensó que Stu y yo todavía teníamos algo. Obviamente, eso no le había impedido empezar una relación con él hacía unas semanas. Decidí evitarme más problemas y no darle importancia al asunto, aunque como yo lo veía, Stu se veía más coqueto con las chicas que antes, y su relación… bueno, solo eran conjeturas.

Me desperecé sin mucho afán y me senté en mi cama. Estuve a punto de dar un grito cuando me di cuenta de que… no estaba sola.

Yo: ¡JOHN!

John: Uh, al parecer amaneciste de mal humor… no deberías, ¿sabes? Al menos no en tu cumpleaños.

Parpadeé confundida. ¿Mi qué?

Ah cierto, cierto, el momento en el que me convertía en mujer y blah, blah, blah. Cumplía 16 años, aunque a mí me parecía que con todo lo que había ocurrido, los había cumplido ya hace mucho. Hoy cumplía 16 físicamente, porque mentalmente, me sentía mayor. O al menos eso creía.

Yo: ¿Y qué haces tú aquí? No es común verte levantado a las… - miré el reloj- siete de la mañana.

Él se encogió de hombros.

John: Quería ser el primero en desearte un feliz cumpleaños.

Yo: Que yo sepa, aún no lo has hecho. – respondí traviesa.

Él se acercó a mí con esa sonrisa juguetona que tanto me gustaba, y solo cuando estuvo a escasos centímetros de mi rostro, me miró fijamente y murmuró:

John: Feliz Cumpleaños.

Fue cosa de inercia. Inmediatamente pronunció esas palabras, nuestros labios se juntaron ansiosos, como si se necesitaran mutuamente para existir. A cada segundo que pasaba, la pasión era cada vez más difícil de controlar, y antes de que me diera cuenta, él ya estaba sobre mi cama, tratando de desabrochar los botones de mi pijama con avidez.

Yo: John… ¡JOHN! – dije susurrando alarmada, pues recordé la presencia de Mimi en el piso de abajo.

John: ¿Mhh? – respondió sin darle mayor importancia, estaba demasiado ocupado besándome el cuello.

Yo: ¡John, basta! ¡Mimi está abajo!

John: Eso ya lo sé.

Yo: ¿Acaso te volviste loco? – dije con dificultad. Era complicado concentrarse en las palabras con alguien tan tentador besándote de esa manera.

John: Sí, desde que me besaste en el piso de la sala, estoy loco de remate. – respondió sin dejar de recorrerme con sus labios.

Me rendí en mi inútil intento de persuadirlo y le respondí igual de deseosa. Era increíble empezar el día de ese modo y junto a la persona que más quería… no, eso era exagerado, John solo era… él era…

Mimi: ¿John qué estás haciendo ahí arriba? ¡Deja de holgazanear y llama a Martha, el desayuno está listo!

John soltó una maldición y se levantó a regañadientes. Me abroché los botones con una sonrisa burlona y me dirigí a la ducha.

John: No vayas a pensar que esto termina aquí, todavía falta la mejor parte. Después de todo, estás de cumpleaños.

Sonreí ampliamente.

Una vez estuve lista, bajé al primer piso y me encontré con un desayuno digno de una reina. Había desde huevos hasta pastel, y en mi subconsciente me preguntaba cómo me iba a caber todo eso.

Al lado de aquel festín estaba Mimi, mirándome expectante a mi reacción. Había llegado el día anterior en la noche, y contrario a lo que todos esperaban, no se esforzaba en ocultar su emoción por mi cumpleaños.

Mimi: ¡Feliz Cumpleaños, querida! Oh por Dios, mi niña ya se vuelve toda una mujer…

Yo: ¡Gracias Mimi! Esto se ve delicioso.

Mimi: Espero que te guste, lo hice especialmente para ti. – dijo lagrimeando un poco.

Si bien el desayuno estaba increíble, la conversación que tuvo Mimi con John en ese momento lo agrió.

Mimi: Necesito que vayas por Fernanda a la estación de tren, John.

Él, que estaba reclinado en el borde de la mesa con la cabeza en las nubes, miró a Mimi intrigado.

John: ¿Fernanda? ¿Quién es ella?

Mimi: La chica americana, ¿recuerdas que te dije que venía?

John: ¿Vino en tren desde América? – respondió confundido.

Mimi: No seas estúpido, claro que no. Tomó un tren desde Londres. ¿Puedes ir por ella?

John: Uh… claro.

Mimi: Gracias.

Entonces así se llamaba… Fernanda. No era un nombre común, incluso para ser americana. Tenía un mal presentimiento, algo no iba bien. Pero decidí dejarlo de lado, tal vez eran preocupaciones absurdas y ya.

Mimi: ¡Martha, Ashley ya está aquí!

**********************************************************************

Yo: ¿Qué te dijo John cuando salió a recibirte?

Ashley: Nada… que tuviera cuidado con Stu.

Yo: Eres una pésima mentirosa, ¿lo sabías? A pesar de todo, en serio deberías tener cuidado.

Ashley: Pareciera que estuvieras celosa o algo. Déjame, él no me hará nada.

Yo: ¿Segura?

Ashley: ¿Por qué hablamos de Stu?

Yo: Tú SIEMPRE hablas de Stu.

Ashley: Dèja vu. Tú también hablabas de Stu.

Yo: Ya, suficiente con eso.

Caminamos el trecho que faltaba para llegar en silencio, pero al entrar al salón de clases, nos sentamos al lado.

Ashley: Debe ser duro volver a la vida real, ¿no?

Yo: Un infierno. – concedí.

Y lo era. La única razón por la que iba a terminar el semestre, eran las finales. Si lograba pasar satisfactoriamente todos los exámenes, tendría lo suficiente como para convencer a Mimi de dejarme estudiar en la Escuela de Artes, y así dejar de una vez por todas, esa estupidez.
Terminamos y nos fuimos.

Ashley: ¿Qué tal te fue?

Yo: Pan comido.

Ashley: Bueno, al menos esas clases con George han servido de algo.

Yo: Ni que lo digas. Menos mal ya todo acabó, por fin puedo dejar esto…

Ashley: ¿Qué?

Me mordí el labio cuando me di cuenta de mi indiscreción. Ashley no sabía nada de mi plan futuro, y… sabía que reaccionaría como una loca.

Yo: Tengo planeado irme a la Escuela de Artes. Perdón por no decírtelo pero…

Ashley: ¿Ya no confías en mí? ¿Qué te pasa?

Yo: Nada, es solo que sabía que te ibas a poner histérica.

Pareció tentada a soltar todo un discurso sobre los compromisos de la amistad y toda esa palabrería que sabía que diría, pero sorpresivamente, se contuvo.

Ashley: Dejemos así, debo irme.

Yo: ¿A dónde?

Ashley: A casa, adiós. No te preocupes, George te recoge en un rato.

Yo: ¿Cómo sabes que George…?

Pero ya se había ido. Genial, ahora estaba sola. En mi cumpleaños. Aún mejor.

Me senté en una banca en medio del parque y esperé a George. Había pasado cerca de media hora, y empezaba a sospechar que Ashley me había mentido, cuando vi que George se acercaba a lo lejos, aunque no venía solo.

George: Perdón por la tardanza, pero me encontré con un diablillo por el camino y…

X: ¡Hola! Tú debes ser Martha, un placer conocerte. Mi nombre es Rita.

Yo: Umm, un placer conocerte Rita. –respondí algo cohibida, estrechando su mano.

Los rumores sobre su belleza no eran del todo mentira, tal vez algo exagerados, pero tenían bases de verdad. Lo que más llamaba la atención era su forma de ser, tan alocada, tan… Rita. No se sabía que hubiera tenido novio, así que el hecho de que estuviera con George era comidilla de todo Liverpool, aunque no era totalmente cierto. No eran novios… todavía.

George: ¿Tienes planes?

Yo: No, la verdad.

Rita: Entonces vamos de shopping. A George no le importa, ¿verdad que no, George? Claro que no, él no se puede negar a acompañar a la cumpleañera a ir de compras. Feliz Cumpleaños, por cierto.

Yo: Gracias… me parece buena idea. Vamos.

Y casi arrastrando a George, que al oír la palabra “shopping” se había puesto pálido, nos dirigimos al centro, a las tiendas de ropa. Pasamos toda la tarde midiendo, probando, mirando… George ya estaba totalmente mareado.

Pasaba justo al frente de un almacén de vestidos elegantes, cuando una voz familiar que no oía hacía milenios me llamó por mi nombre.

X: ¿Martha?

Me volteé y reconocí a la dueña de esa voz al instante. ¿Cómo olvidarla?

Yo: ¿Aly? ¡Qué sorpresa, hacía mucho no te veía! ¿Qué haces aquí?

Aly: Visitando a una vieja amiga, que se vuelve más vieja aún. ¡Felices 16!

Nos abrazamos emocionadas. Aly había sido una de las pocas personas que lograron entenderme desde pequeña, había sido mi mejor amiga de la infancia; pero no la veía hace 6 años, luego de que su padre tuviera una larga discusión con Mimi y decidiera alejar a su hija de la “mala influencia” para Londres. De ahí, se había convertido en un viaje sin regreso por todo el mundo.

Yo: ¿Cómo te zafaste de tu padre?

Aly: Terminé el colegio hace un tiempo, tú sabes que estaba adelantada y todo eso. Bueno, el caso es que apenas lo acabé, le dije a mi papá que quería vivir en Londres, que tenía más vibra y me podía desenvolver mejor. Me dio permiso, porque incluso él es consciente de que Los Ángeles es un caos.  Y bueno, como hoy es tu cumpleaños, decidí darme una vuelta por el viejo Liverpool… es una suerte haberte encontrado justo ahora.

Yo: ¡No sabes todo lo que me hiciste falta! Ahora que estás aquí, voy a poder desahogarme totalmente.

Aly: ¿Muchos problemas?

Yo: Uno que otro… justo hoy viene una americana a hospedarse en mi casa.

Aly: Sabes, incluso después de todo lo que viví en Estados Unidos, sigo odiando ese estúpido acento. Nada como el nuestro.

Yo: Te apoyo.

Justo en ese instante, llegaron George y Rita, que miraron con algo de sorpresa a mi acompañante.

Yo: Aly, ella es Rita. Rita, ella es Aly, George ella es…

George: ¿Aly? Pensé que no te iba a volver a ver.

Aly: Ya ves qué pequeño es el mundo, Harrison.

Rita y yo los miramos perplejos. Aly se dio cuenta y se apresuró a explicar.

Aly: George es el hijo de Harold Harrison, uno de los motivos por los que me fui de aquí. Tú sabes como es mi padre, y se parece con el de George en que les encanta pelear y tener la razón… fue una estupidez, pero por eso nos fuimos. Aunque… al final fue divertido.

George: Mantuvimos el contacto un tiempo, mientras vivió en Londres; pero luego se cortó. No creí que volvieras de Estados Unidos… me hiciste falta.

Aly: Tú a mí igual.

Eso… se estaba poniendo incómodamente cursi, si tenemos en cuenta la casi-relación que George tenía con Rita. Al parecer George también lo notó.

George: ¿Qué tal si comemos algunas hamburguesas?

Está de más decir que nadie se hizo rogar y que, obviamente, George comió más de una…

(NARRA JOHN)

Mientras llegaba la hora de recoger a la chica misteriosa, aproveché para organizarle una fiesta sorpresa a Martha. Había dos cosas que amaba en ese momento: Martha y las fiestas, así que combinarlas sonaba demasiado tentador como para no hacerlo. Le había pedido esta mañana a Ashley que viniera inmediatamente acabaran las clases sola, ya había hablado con el pequeño Harrison y una vieja amiga de ella que se harían cargo de entretenerla mientras estaba listo. Todo iba a la perfección, y aunque había mucha gente invitada que no conocía a Martha, les bastaba saber que era mi hermana y… que habría alcohol. Ah, y que habría una chica americana nueva por allí. De hecho, todos morían por saber quién era, y cómo era. Las extranjeras causaban conmoción.

Al llegar a la estación, me di cuenta de que no tenía la más remota idea de cómo lucía Fernanda. Aunque, no me costó mucho identificarla.

Se acercó como una aparición. Tenía el cabello largo y negro cayéndole en ondas por la espalda, unos labios tentadores matizados en rosado y una figura francamente escultural. Pero lo que más me atrapó fueron sus ojos. No eran tan bellos como los de Martha, pero tenían su algo. Eran claros y usaba un maquillaje fuerte que los acentuaba el doble. Era como una trampa sin salida, una vez los mirabas, ya no había marcha atrás. Su atuendo era atrevido, usaba una minifalda ajustada y una blusa nada acorde con la estación que realzaba sus curvas. Además traía unos tacos de vértigo.

Teniendo en cuenta todo eso, me fue muy difícil no babear literalmente. No seguía mi estereotipo, pero al carajo los estereotipos, qué chica. Cuando llegó, todavía tenía los ojos abiertos de par en par y el cigarrillo que tenía encendido, a punto de quemarme los dedos.

Fernanda: ¿Eres John Lennon? – preguntó con un acento que se me antojó celestial.

Yo: En persona. ¿Cómo supiste que era yo? – respondí tratando de mantener la compostura.

Fernanda: Mi mamá me dio una foto para que no me perdiera, aunque… eres más guapo en persona. –sonrió coqueta – Soy Fernanda, pero todos me dicen Fer.

Yo: Encantado de conocerte, Fer. No te ofendas pero… ¿qué tipo de nombre es ese?

Fer: Latino. Mi papá es de Brasil, y decidieron ponerme así en honor a sus raíces y eso…

Yo: ¿Has visitado Brasil?

Fer: Viví ahí unos años… me encanta, es muy colorido. Mi papá quiso que me sintonizara más con todo eso, y practico capoeira desde que tengo memoria. Por eso es que me mantengo tan bien. – añadió guiñándome un ojo.

No entendí la mitad de lo que dijo, y ella al darse cuenta, procedió a explicarme todo acerca de Brasil y su deporte… yo estaba embobado. Le cargué las maletas y hablamos durante todo el camino a casa. Ella se maravilló por la arquitectura inglesa y no paró de derrochar su particular acento. Todos nos miraban con curiosidad, y los más jóvenes se veían ansiosos de ir a la fiesta a conocer a la chica misteriosa…

Fer: Hermosa casa… ¿quién cumple años?

Yo: Mi hermana… ya la conocerás. Ven, te mostraré dónde vas a quedarte.

(NARRA FERNANDA)

Así que esto era Liverpool. Delicioso.

John Lennon… aún más delicioso.

Mientras él me explicaba que tendría que compartir habitación con su hermana  “Martha” yo no podía quitarle los ojos de encima. Por la forma en que hablaba de ella y las expresiones de su rostro, pude deducir que no eran sólo hermanos. Ahí había algo más… que no estaba dispuesta a permitir.

Ese chico de aspecto rudo, ojos traviesos y ademanes coquetos era mío. Ya lo había decidido y así iba a ser. Nadie, por muy hermana que fuera, iba a arrebatármelo. Nadie jugaba con Fernanda.

(NARRA MARTHA)

George insistió y me llevó a su casa, pues decía que tenía un regalo especial para mí. Las chicas también insistieron y una vez adentro,  me encontré con un paquete con mi nombre en medio de la mesa.

George: Ábrelo

Era un vestido rojo cereza de infarto. Los miré con la boca abierta.

Yo: Es delirante.

George: Ahora pruébatelo.

Yo: ¡¿Qué?!

George: No te hagas rogar, pruébatelo.

Yo: ¿Al frente tuyo? – pregunté alzando una ceja.

Él volteó los ojos y me dirigió a su habitación. Estaba muy ordenada. De hecho, el orden era casi compulsivo. A un lado, como esperando a ser tocada, estaba una guitarra.

Yo: No sabía que tocaras la guitarra…

George: Cállate y vístete. Vamos, apúrate. – respondió él, y cerró la puerta a sus espaldas.

Me quedaba perfecto. Los pliegues y arandelas se acomodaban en mi cuerpo de tal forma que lo delineaba a la perfección. Vaya que ya no era una niña…

Rita interrumpió mis cavilaciones y entró sin golpear.

Rita: Te va de maravilla ese vestido.

Yo: ¡Rita! ¿Qué tal todavía no me hubiera terminado de vestir?

Rita: No seas dramática. Es hora del maquillaje, ven.

Muy confundida sobre el por qué de todo esto, me dejé maquillar y peinar por ella y por Aly, que se sumó a la sesión de belleza un tiempo después. No me dejaron preguntar nada, parecían locas cantando canciones de Elvis a todo pulmón sólo por evadir mis preguntas.

Rita y Aly: Ya está.

Nunca, repito NUNCA, me había visto tan bien. Eran todas unas magas.

Yo: Gracias… pero, ¿porqué llevan ustedes también vestido?

X: ¿Ya están listas, chicas?

Rita: En un segundo salimos, George.

Y sin darme tiempo de protestar, me arrastraron hasta el auto, donde el papá de George nos llevó hasta mi casa. Sólo que… no parecía mi casa. No recordaba tantos globos ni luces…

En cuanto entré, se hizo un silencio sepulcral. Minutos antes, habían estado todos alrededor de una chica peculiar, que identifiqué al instante como Fernanda. Era bellísima, pero… tenían que admitir que en ese momento, yo lo era más. Todos se habían quedado embobados, mirándome.

Todos: ¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MARTHA!!

Y seguido de eso, una ronda interminable de saludos y felicitaciones de parte de gente que no recordaba ni reconocía. Una pila de regalos se amontonaba cerca de las escaleras y el inconfundible olor a alcohol ya estaba esparcido sin remedio.

De entre la multitud, reconocí una figura que se me acercó con una sonrisa. Sus ojos destilaban deseo.

John: Pareces una diosa, ¿sabías? Si no fuera porque somos hermanos… - dijo arrastrando las palabras.

Yo: No puedo creer que ya estés borracho John, apenas son las siete.

Me agarró de la cintura y me susurró al oído.

John: Disimula un poco… recuerda que tenemos un asunto pendiente. Nos vemos luego y te doy tu regalo.

No, no estaba borracho… o no TAN borracho aún.

Saludé, bailé y tomé demasiado, algo mareada, me senté en una silla. Ahí estaban todos mis conocidos, Stu con Ashley y… ¿George con Aly? Uhmm…  Pete Shotton – que ya me había sacado a bailar y dicho… bueno, me había dicho muchas cosas – y toda la banda de John. Incluido Paul.

Hablando de Paul, se me acercó en ese instante. No se veía tan ebrio como todos, sin embargo, yo había pensado que tenía que estar muy borracho para venir a hablarme.

Paul: ¿Quieres bailar?

Acepté confundida, y salimos a la pista.

Yo: ¿Por qué bailas conmigo? Pensé que me odiabas.

Paul: No te… no te odio. Sólo no me agradas. Además, hoy es tu cumpleaños, sería una descortesía no bailar contigo… desperdiciarías el vestido. Te ves hermosa, por cierto.

Yo: Estás ebrio. – concluí.

La canción acabó, pero no me soltó. Me sostuvo de la cintura lo suficiente para decirme una última cosa.

Paul: No estoy ebrio. Sólo te estoy diciendo la verdad… es como decir que la chica nueva, la americana, está como para tirársela.

Me solté de él con fastidio. Él me sonrió con descaro y me dejó en la mitad de la pista. Aunque no estuve sola por mucho tiempo.

John: ¿Me permite esta piesa señorita?

Yo: Ahora sí estás borracho, John. – le respondí riéndome.

John: ¿Y ezo qué?

Bailamos – o mejor dicho, nos mecimos- una canción lenta, abrazados con fuerza. Había que agradecer que estuviera oscuro y que todos estuvieran lo suficientemente ebrios como para no reconocernos. Fue muy romántico, a pesar de la evidente falta de coherencia de John.

Cuando terminamos, me encontré con la mirada felina de Fernanda que nos miraba sospechosamente. John se apartó por otro trago y ella se me acercó.

Fer: Soy Fernanda, la chica nueva. Voy a compartir habitación contigo… por cierto, feliz cumpleaños. – dijo con un acento que odié al instante.

Yo: Un placer… soy Martha. – respondí sin poder evitar fruncir el ceño. ¿Compartir habitación?

Fer: Nos veremos luego… tal vez. – y se alejó caminando como una… uhm.

Las parejas de baile estaban ya extendidas hasta el patio, y disfruté de la música un rato más.

Eran cerca de las dos de la madrugada, y me pregunté dónde estaría John… hacía un rato no lo veía. Bah, debía estar por ahí.

Me quité los tacones y subí las escaleras, muerta de cansancio. ¿Qué era ese ruido? Ah, no importaba.  Lo único que quería en ese momento era dormir y no despertar hasta la semana siguiente, pero al abrir la puerta…

Ah, con que eso era el ruido.

Hellow! Capítulo largo... Mónica dice que le volvió la inspiración y que lo más probable es que haya de estos más seguido... 
¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS FERNANDA!!! Sí, la Fernanda de la historia existe de verdad, aunque en la vida real me cae mejor que la de la historia... aunque.. no sé, esta chica de la historia no me cae tan mal ;) En fin, Fernanda -la de verdad- estaba de cumpleaños ayer 21, así que le otorgamos el honor de que cumpliera el mismo día que Martha y que... bueno, lo sabrán. 
Que cumplas muchos más chica, sé que estás leyendo esto, ¡feliz cumple! Espero te haya gustado.

¿Qué les pareció? muehehehe. ALY! POR FIN APARECISTE! Te lo dije ;) 
Rita, VOLVIOOOO! Ah, y antes de que se me olvide, aquí está su nuevo fic: http://estoesparamary.blogspot.com/ Me halaga, se inspiró en nosotras para el título :')
Perdón por no escribir más, pero PAUL ESTÁ CANTANDO MY VALENTINE Y NO ME PUEDO CONCENTRAR! Pero tampoco pienso parar la canción ;)

Cuídense chicas, y ya saben, DUERMAN MUCHO.
Bye bye.