(NARRA JOHN)
Si bien mi objetivo era besarla a como
diera lugar, me sorprendió mucho la pasión con la que ella me lo devolvía, como
si nunca hubiera estado enojada. Fue un momento demasiado bueno para que
durara.
De repente, la tenía desvanecida entre mis
brazos, totalmente desconectada de este mundo luego de preguntarme quién era yo;
cosa que todavía no acababa de entender. Pero eso no era importante justo
ahora, realmente necesitaba idear algo pronto para hacerla volver en sí.
Abrí la puerta del baño y divisé su cama en
medio de un desastre de cosas que definitivamente no eran de ella. Fruncí el
ceño ante el desorden –que era increíblemente mayor que el mío- y arrastré a mi
hermana-novia-loquesea hasta su cama, donde la recosté y la arropé con cuidado.
Luego me senté en el borde y la miré por unos segundos.
Aún dormida, era simplemente adorable. Su
piel de porcelana blanca relucía con los rayos de sol que se colaban entre las
cortinas y sus ojos cerrados develaban una tranquilidad que probablemente no
reflejaba sus sueños inquietos. Pasé mi mano lentamente por sus rizos dorados y
me acerqué a su rostro para besarl…
X: ¿Martha? ¿Por qué te encierras en
NUESTRA habitación?
Gruñí quedamente ante la interrupción de mi
primer momento cursi y romántico y pregunté molesto:
Yo: ¿Qué quieres, Fernanda?
Fer: ¿John? ¿Qué haces ahí adentro? ¿Estás
solo?
Yo: Claro que no, estoy con Martha. –
resoplé, y me paré para quitarle el seguro a la puerta y encontrarme con una
Fernanda que me miraba con los ojos entornados. Ni bien abrí la puerta, me
empujó para pasar y una vez adentro, buscó a Martha con una ansiedad asesina.
Su sorpresa fue mayúscula cuando la vio dormida.
Fer: ¿Qué hace Martha dormida? – preguntó
confundida.
Yo: Se desmayó. Por eso estaba aquí, vine a
dejarla en su cama.
Fer: Uhm, ¿y era necesario cerrar la puerta
con seguro?
Me encogí de hombros, francamente no estaba
con ánimos para pelear por trivialidades. Ella se paseó por todo el cuarto sin inmutarse por el
desorden y luego entrelazó sus manos detrás de mi cuello. Habría sido extraño
para mi reputación rechazarla, así que no lo hice.
Fer: Bueno, ahora que ya cumpliste tu
oficio de hermano mayor… ¿por qué no vamos un rato a Blackpool? Me lo
prometiste.
Yo: ¿Blackpool? – suspiré meditándolo. No
me apetecía pasar casi dos horas sólo de ida en tren con ella, pero por otra
parte, sería tentar demasiado a la suerte si me negaba por segunda vez. Lo
último que quería era soportar su furia. – Está bien, pero déjame alistarme al
menos.
Ella frunció un poco los labios, pero me
dejó ir.
Salí apresurado hacia la habitación de Aly,
a la que encontré recostada mirando al cielo.
Yo: Ey Aly, ¿aprovechando productivamente
tu tiempo?
Aly: ¿Qué quieres Lennon? – gruñó ella al
verse interrumpida en el hilo de sus pensamientos. Solté una risita.
Yo: Voy a salir con Fernanda, ¿puedes
cuidar a Martha por mí? Se desmayó hace unos momentos.
Ella se incorporó de golpe y me miró entre
furiosa y desconcertada.
Aly: ¿Qué? ¿Y aún así vas a salir con la z…
sinvergüenza esa?
Yo: Por favor Aly, es mejor eso a que
empiece a sospechar cosas que no son.
Pareció meditarlo unos segundos para
finalmente soltar un suspiro irritado.
Aly: Esta bien, pero no te demores, no soy
una niñera.
Fer: ¡JOHN, APÚRATE!
Pronuncié un “gracias” sin sonido antes de
irme con la chica que estaba impaciente en la sala. Aly se limitó a voltear los
ojos.
(NARRA MARTHA)
Mientras forzaba a mis ojos a acostumbrarse
a la luz que provenía de algún lugar y de ubicarme espacialmente, mi cabeza no
hacía más que darle vueltas a esa extraña visión. De repente tenía un montón de
información para procesar, pero era una sensación como cuando sabes que olvidas
algo pero no puedes definir exactamente qué.
Retazos de recuerdos de otros lugares me
asfixiaban sin remedio, pero así de súbitamente como aparecieron, se esfumaron
cuando de repente me desperté.
Yo: John…
¿John?
X: Martha, ¿estás
bien?
Yo: Yo… - me incorporé
y me ubiqué confusa. Ah, estaba en mi habitación. – Demonios… pasó otra vez,
¿no es así?
X: Sí, al parecer se
te está volviendo costumbre. No lo hagas.
Yo: No es mi intención
hacerlo… - suspiré, me sentía terriblemente cansada – me voy a volver loca, Aly
¿Dónde está John?
Aly: Emms, sí, eso… -
miró a su alrededor incómoda- bueno, se fue a Blackpool con Fernanda.
¿Blackpool? Zorra.
Idiota. Agh.
Yo: Bueno, supongo que
se están divirtiendo mucho entonces. ¿Quieres salir a algún lado?
Aly: Claro.
Luego de arreglarnos
apropiadamente, salimos sin destino fijo a caminar por Liverpool. Paseamos toda
la tarde.
Yo: Bueno, bueno… así
que me dejaste abandonada por Nick. ¿Qué tal fue eso?
Aly: Nada muy
memorable, un chico común y corriente. Fue más bien aburrido, la verdad. Y te
dejé porque estabas muy elevada con ese chico Paul, aunque por lo que me pude
dar cuenta, volviste a tu mundo de fantasía con John…
No me esperaba una
afirmación tan brusca en un momento tan imprevisto, así que el color subió a
mis mejillas sin pudor alguno dejándome en total evidencia al recordar mi
último beso. Aly soltó una carcajada.
Aly: Eres demasiado
obvia, no puedo creer que Mimi todavía no sospeche nada.
Yo: Bueno ya, ¿por qué
me trajiste hasta aquí? – gruñí cambiando de tema. Este pequeño parque era de los
lugares que aún guardaba secretos para mí, y eso me molestaba un poco. Ella
movió la cabeza con una sonrisa.
Aly: Me agrada este
lugar, lo sabes.
Yo: Sí, pero también
sabes que me confunde mucho.
Aly: Sí bueno, nunca
supe porqué.
Yo: El último recuerdo
de mis padres fue aquí… ellos estaban de aniversario y yo jugaba entre los
árboles. De repente todo se volvió negro y lo siguiente que recuerdo son los
ojos curiosos de John. ¿Sabes? Creo que me ha gustado desde siempre.
Ambas nos reímos y
continuamos nuestro camino, estremeciéndome cuando pasé por el frente del
cementerio. Las palabras de ese John diferente sobre el trato que teníamos
empezaron a rondar por mi cabeza otra vez, y supe de inmediato que había una
conexión entre eso y mi anterior vida. Tenía que haberla.
Aly: ¿Y cómo va la
banda de tu hermano?
Yo: Ah, no sé, lo
último que supe fue que ya queda la mitad de sus integrantes originales, a
Davis lo reemplazaron, por ejemplo. – sonreí al recordar su cara cuando se
enteró de que Paul había tomado su lugar – Aunque… bueno, anda algo abandonada
desde lo de Julia, John está un poco desinteresado en eso... pero de lo último
que dijo, creo que necesitan un guitarrista líder o algo así.
Aly: ¿Y a ti no te
interesa nada musical?
Yo: No creo… nah, no
es lo mío. Prefiero pintar.
Aly: Me imaginé. – nos
reímos. De fondo, una guitarra rasgueaba “Bye Bye Love” con destreza, mientras
unas voces armoniosas cantaban la canción. Nos acercamos hacia ellos deseando
develar quiénes eran los virtuosos.
Lo último que me
esperaba era encontrar a Paul y George tocando juntos.
George: ¿Qué hay
chicas? Un gusto verlas.
Yo: Hola George. –
saludé ignorando olímpicamente a Paul.
Aly: Hola chicos… no
sabía que se conocían.
George: Sí, Paul es un chico de mi escuela... mayor obviamente - respondió frunciendo un poco el ceño.
Yo: Ah, ya veo... Así que sí tocas la guitarra.
George: Eh sí… - se
sonrojó- hace un tiempo. Me gusta bastante.
Paul: Le dije a John
que lo uniéramos a la banda, pero respondió que es demasiado joven. – murmuró sin
separar los ojos de las cuerdas de la guitarra. – Claro que tengo un plan para
eso, tanto talento no se puede desperdiciar.
Yo: ¿En serio? – le
sonreí a un George avergonzado – Toca algo, vamos.
George lo dudó un momento, pero en seguida empezó a tocar el riff de “Raunchy” con tanta destreza
que quedé boquiabierta.
Aly: ¡Pero si tocas
excelente!
Yo: ¡Así es, eres
increíble!
George esbozó una
sonrisa brillante y nos invitó a sentarnos con ellos en el pasto, luego
empezaron a tocar varias canciones y nos
unimos a ellos con entusiasmo.
A pesar de intentar
con todas mis fuerzas evitar las miradas de Paul, era bastante complicado
cuando él era el que insistía en encontrar la suya con la mía. Pronto, olvidé a
nuestros acompañantes, deleitándome en su voz grave y seductora y en sus dedos
finos recorriendo todo el diapasón de la guitarra. Cuando volví en mí, George y
Aly se habían ido.
Yo: ¿Dónde están los
otros? – pregunté frunciendo el ceño.
Paul: Se fueron hace
un rato, dijeron algo de un té o algo así. – levantó su mirada para verme –
Tienes una voz hermosa, me encanta.
Me sonrojé apenada y
sonreí tímidamente.
Yo: Bueno, la tuya no
está nada mal.
Me respondió con una
sonrisa y empezó con los primeros acordes de “I Need Your Love Tonight”. Me
acerqué a él y cantamos a dúo una de mis canciones favoritas del Rey. Cuando la
canción terminó, estaba oscureciendo y nuestros rostros estaban tan cerca que
podía sentir su respiración en mi piel.
X: Vaya, vaya, pero
mira quienes son. La pareja del año.
La voz sarcástica era
reconocible en cualquier lugar del mundo. Levanté la vista separándome de Paul
y me encontré con los ojos refulgentes de celos de John. Paul esbozó una
sonrisa socarrona.
Paul: Hola John.
Él se acercó amenazante
con intenciones no muy amigables, pero yo me levanté antes de que pudiera hacer
nada. John se detuvo en seco.
John: ¿A dónde crees
que vas?
Yo: No me apetece ver
cómo se destrozan entre sí. Voy a casa John.
Y sin dejarlo
reaccionar, me fui caminando ligeramente a través de la calle. Estaba por
estallar de risa, la situación era tan ilógica que daba miedo. Y eso era muy
divertido.



