jueves, 2 de mayo de 2013

Capítulo 14. -estúpidos nombres, no se me ocurre ninguno ahora-


(NARRA JOHN)

Habíamos acabado la presentación y bajamos de la tarima. Personalmente, había sido una de las mejores presentaciones de mi vida… sí, así de mal estábamos, realmente necesitábamos a alguien que supiera algo de música.

X: ¡John!

Reconocí la voz agitada de Iván y me volteé algo fastidiado; no tenía muchas ganas de hablar con nadie. Lo hubiera mandado a la mierda en condiciones normales, pero venía con un muchacho y el chico traía una guitarra. Uhm…

Yo: ¿Qué quieres Iván? ¿Me vas a presentar a tu novia? Lindas pestañas, nena.  – dije en tono de burla frente a las pestañas largas y el rostro delicado de su acompañante.

El muchacho parecía debatirse entre una sonrisa divertida y una actitud cohibida. Al final fue Iván el que se decidió a hablar.

Iván: John, te presento a Paul McCartney, un amigo de la escuela, te escuchó afuera y quería audicionar para entrar a la banda. Toca la guitarra. – añadió señalándola. Como si no fuera más obvio.

Lo miré de arriba abajo y me senté sobre un parlante.

Yo: Bueno, a ver qué puedes hacer, princesa.

Él soltó una sonrisa dejando al descubierto un juego de dientes de una blancura increíble. Volteé los ojos; era obvio que venía de la “clase alta”, lo cual complicaba un poco las cosas, pues nunca me había llevado demasiado bien con ese tipo de gente. Sacó una reluciente guitarra del estuche y se la colocó. Toda la banda, que observaba al recién llegado expectante soltó una carcajada.

Yo: Creo que tienes que colocarla al revés para que suene, cariño.

Paul: En condiciones normales así sería, pero no es mi caso. – dijo con calma mientras afinaba la guitarra. Luego, al ver que no había entendido su comentario, levantó la mirada y se encogió de hombros – Soy zurdo, “cariño”.

Escuché risas ahogadas tras de mí y fruncí el ceño. Me había atacado con mi propia invención, y además se había burlado de mí. No me agradaba en absoluto, normalmente era al revés. Que se despidiera de la posibilidad de estar en mi banda el engreído ese…

Por supuesto todo eso cambió drásticamente cuando empezó a tocar “Twenty Flight Rock” como si lo hubiera poseído el diablo. No pude evitar abrir la boca de la sorpresa, era increíblemente hábil. ¡Y se sabía la letra! Demonios con el chico, tenía que entrar.  Cuando terminó, fingí indiferencia, aunque el resto de la banda expresaba lo que yo ocultaba de sobra.

Yo: Nada mal. ¿Sabes alguna otra?

Él se recostó en la pared, pensativo; entonces noté que tenía un look bastante similar al de Elvis. Al carajo con sus impertinencias, su status y todo lo demás, lo iba a aceptar en la banda sí o sí. Además sabía afinar una guitarra. Yo nunca lo había logrado.

Los primeros acordes de “Be-Bop-A-Lula” me sacaron de mi ensimismamiento y una vez más centré toda mi atención en sus dedos finos, rasgueando la guitarra y cantando armoniosamente sin ninguna complicación. Cuando terminó suspiré, ya que no tenía palabras.

Yo: Tocas excelente… ¿Paul? – él asintió. – Pero de todas formas tengo que pensarlo bien. Tú sabes, una banda no es algo que deba tomarse a la ligera.


Los muchachos a mí alrededor me abuchearon, ¿qué más tenía que hacer para que lo aceptara? ¿tocar con los pies? Los callé con un movimiento de cabeza.

Paul sonrió comprensivo y empacó su guitarra. Estaba por irse cuando me miró inquieto.

Paul: Puede sonar algo descortés, pero si no te lo pregunto la pregunta va a rondar en mi cabeza toda la semana  - asentí para que dejara de usar ese absurdo tono de caballero - ¿Porqué tocas sólo con cuatro cuerdas?

Tosí incómodo y miré a otro lado. No iba a responder eso.

Eric: Resulta que aprendió a tocar con las notas del banjo, por eso no puede tocar con las seis.

Una mirada bastó para que Eric comprendiera que esto no se quedaría así y que habría consecuencias. Esperaba un comentario sarcástico por parte del chico McCartney, pero solo sonrió.

Paul: Bastante recursivo, no está nada mal. Sin embargo sería bueno que afinaran las guitarras, así sonaría mucho mejor.

Eric: Tómalas maestro, hazlo por nosotros. – dijo Eric con pose teatral entregándole las guitarras.

De inmediato empezó a afinarlas y se hizo un corrillo en torno a él. Aunque al inicio estaba demasiado enojado como para romper mi orgullo yendo a que me explicara cómo hacerlo, al final la curiosidad me venció y decidí que era mejor que me enseñara antes de que se fuera. Así lo hizo.

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Yo: ¿Y qué te parece el tal McCartney?

Había prolongado el tema demasiado, ya era hora de hablarlo. Pete miró el cielo pensativo mientras continuábamos nuestro camino a casa.

Pete: Me gusta.

Yo: ¿Crees que debería aceptarlo en la banda?

Pete: Es muy bueno, sabe acordes y también afinar guitarras… Si quieres progreso, deberías hacerlo, está bien por mí.

Yo: ¡Por mí también! Chico suertudo, acaba de ganarse la aceptación de la mejor banda de todas.
Ambos nos carcajeamos por el mal chiste y llegamos a casa.

Pete: Bien entonces, le diré la próxima vez que nos veamos. Adiós Winnie. – se despidió utilizando el apodo que yo tanto odiaba. Lo golpeé y él se fue riéndose.

Entré a mi casa riéndome también y me encontré con un cuadro por lo demás, lamentable.  Mimi me comentó desesperada y muy por encima que Martha no había llegado, que estaba preocupada y que todo había sido su culpa…

Le pedí que me explicara con más detalle lo que había sucedido y me lo explicó tratando de calmarse. ¿Así que Martha había dicho eso? “Qué chica más rebelde” pensé con una sonrisa, ya era hora de que se empezara a preguntar por sus padres y eso, después de todo, no la unía ningún tipo de lazo con nuestra familia. Era natural.

Yo: Cálmate Mimi, saldré a buscarla.

Ella no respondió nada, pero sus ojos expresaron todo su agradecimiento.

(NARRA MARTHA)

Me había recostado un segundo en el pasto y cuando desperté, resulta que habían pasado varias horas. Negué con la cabeza, tuve que haber dormido muy profundamente para que se me hubiera pasado el tiempo de esa forma. Pensé en volver a casa, pero recordé a Mimi y decidí que era mejor no hacerlo, nunca más. Me levanté y empecé a caminar sin rumbo cuando algo enorme me tumbó y empezó a lengüetearme la cara.

Yo: Bueno, bueno Margarita, a mí también me alegra verte, pero si dejaras de llenarme de saliva te querré el doble. – dije sonriendo. Ella se apartó de encima de mí y le acaricié el pelo. Sedoso, como siempre – Amo tu pelo, ¿sabías?

X: Si te responde, me voy a pegar un tiro.

Ensanché mi sonrisa en cuanto vi a George, que se sentó a nuestro lado.

Yo: Para que lo sepas, tu mascota sí me responde, ¿lo ves? Está quietita a mi lado.

George bufó y empezó a acariciarla.

George: No entiendo cómo lo logras, yo soy su dueño, se supone que debería hacerme caso a mí.

Yo: Tal vez se deba a que eres muy feo.

George: Por favor, tú no piensas eso. ¿O sí?

Yo: Margarita es más linda que tú.

George: Pues, me dijeron hoy que era lindo, así que lo que dices es mentira.

Abrí los ojos con sorpresa y él me miró confundido hasta que comprendió el pequeño desliz que había cometido. Apartó sus ojos y maldijo por lo bajo.

Yo: ¿De quién hablamos?

George: De nadie importante. Olvídalo, fue un amigo.

Yo: ¿Desde cuándo tienes amigos gays? Dime cómo se llama ELLA.

Se sonrojó de una forma impresionante y se movió incómodo. Al final se rindió con un suspiro.

George: Bueno sí, es una chica que conocí hoy cuando estaba viendo a tu hermano en la Iglesia de San Pedro. – dijo atropellando las palabras.

No aguanté y le apreté los cachetes.

Yo: Awwww ¡mira qué lindo! ¡El pequeño Georgie tiene una pretendiente! ¿Y te gusta? Se casarán, ¿cierto? Déjame ser la madrina.

George: Por favor Martha, no exageres, apenas la conocí hoy. Cambiando de tema… ¿qué haces aquí sola?
Me levanté con una repentina energía.

Yo: Luego de que hablé contigo más temprano me vine, y me quedé dormida. A todas estas… ¿por qué nos encontramos tan seguido?

George: Debe ser el destino. – sonrió mostrando sus perfectos colmillos. – ¿Te vas?

Yo: Sip. Supongo que el destino nos hará encontrarnos luego, así que adiós.

George: De acuerdo. Esta vez procura dormir en tu cama, no te quiero ver por el muelle dormida como una ebria.

Le sonreí por única respuesta y me fui. Obviamente, mi destino no era mi casa.

(NARRA JOHN)

Por suerte, luego de años y años de conocerla, sabía dónde iba a estar en sus momentos de depresión. O eso creía, ya que cuando llegué al lago, no estaba ahí. Ah, pero estaba su amigo, George. Tal vez él supiera dónde estaba.

Yo: ¿Qué hay George?

Él me miró con sorpresa.

George: ¿Acaso la familia Lennon se puso de acuerdo para salir de noche, o son vampiros?

Yo: No hasta donde yo sé, pero puedo equivocarme – dije sonriendo malévolamente. George se estremeció – Por lo que dijiste supongo que viste a Martha. ¿Sabes a dónde fue?

George: Se fue por allá. – respondió señalando el muelle. Miré hacia allá intrigado. ¿Qué iría a hacer en ese lugar?- Lennon, ¿está en problemas?

Yo: No, pero podría estarlo si no la encuentro pronto. Gracias. ¿Sabes por qué se fue hacia allá?

George: Bueno, es uno de los lugares que más le gustan de Liverpool. Casi siempre va cuando está triste…

Asentí con seriedad y me fui en esa dirección.

Yo: Por cierto, linda chica con la que te vi hoy. Nada mal, pequeño Don Juan.

Lo último que vi antes de seguir mi camino fue su rostro sonrojado, lo que me hizo sonreír abiertamente.  Que chiquillo tan suertudo, ella era una de las chicas más bellas de todo Liverpool.

Seguí caminando hasta que llegué al muelle, entonces la empecé a buscar con la mirada. Allí estaba, recostada sobre el barandal, mirando el mar con aire pensativo e iluminada únicamente por la luz de la luna. Jadeé de sorpresa. Se veía tan linda… ¿Qué? ¡NO! ¡Ella era mi hermana! Bueno, no de sangre pero…
Sacudí mi cabeza tratando de apartar esos pensamientos inapropiados y me acerqué cuidadosamente.

Yo: Qué lindo es el mar, ¿no crees? – le susurré al oído.

Ella se sobresaltó de tal forma que casi se cae, por suerte alcancé a agarrarla de la cintura. Recordé mis pensamientos previos y una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo. La solté apenas estuvo segura en el suelo.

Martha: Maldición John, casi me matas. ¿Qué haces acá? Te imaginé celebrando por la presentación de hoy.

Yo: Estaba preocupado por ti – respondí encogiéndome de hombros. Ella enarcó una ceja, expresando su incredulidad.

Martha: Ajá. Ya en serio John, mejor vete. Quiero estar sola.

Yo: Nena, estás mal, no me voy a ir sin ti. Vamos, te llevo a casa.

Ella chasqueó la lengua frustrada y miró el mar otra vez.

Martha: No quiero.

Yo: Mira, Mimi no está enojada contigo. Lo que tú le dijiste hoy ya se lo he dicho yo varias veces y no por eso me odia… - ella se rió. Ni yo mismo me lo creía. – Me odia por otras cosas y… Ay, ya vámonos, me estoy muriendo de frío.

Ella asintió con un suspiro y aunque sabía que yo odiaba que hiciera eso, me abrazó. Por alguna extraña razón, yo la abracé de vuelta.

Mal, esto estaba muy mal.

Tacháaaaaaaaaaaaaan! Mejor tarde que nunca, ¿no? Lo confieso, lo tenía hace unos días, pero hasta hoy lo quise subir. Prometo no hacerlo nunca más (?

Well, well, qué tenemos aquí... Ah sí, GEORGE YA TIENE PRETENDIENTE! ¿QUIEN SERÁ? ¿La sorprendentemente imaginativa Rita o la talentosa dibujante Aly? Bueno, no pregunten porque NO TENGO NI IDEA. Hasta ahí tenía material para editar, así que peleen con Mónica. 
¿Y qué tal el caballero de Paul? Divino.

Bienvenida de vuelta RITA! Y por favor, en este lugar fomentamos la paz así que DESTROCENSE ENTRE SIIIII RITA Y ALY! Ah, qué loca. 

Valery! ¿Porqué tan triste - y me permito robarle la frase a George - quién hizo llorar a esta princesa? Bueh, espero que ya estés mejor ^^ No sé, tal vez, Paul es irresistible, y recuerda que es clave para que Martha recuerde y todo eso. So... 

PUBLICARÉ CON MAS FRECUENCIA, LO PROMETOOOO! O eso creo. Anyway, disfrútenlo, es cortito pero calma el hambre.

"Yesterday, love was such an easy game to play..." Ay, tenía que escribirlo, justo la estoy escuchando.
Como siempre, DUERMAN DEARIES! 
Bye, bye, Lady Mary out.



domingo, 21 de abril de 2013

St. Peter's Church

Atención: Capítulo particularmente largo, si no tiene tiempo, no lo lea, la idea es que lo disfrute. Dicho todo este preámbulo, continúe leyendo este pequeño monstruo.

(NARRA MARTHA)

Me desperté cuando escuché un ruido en mi ventana. Eran como… rasguños, golpecitos, así que me levanté y me acerqué a ella pensando que sería simplemente un gato o un animal de esos que les gustaba pasearse por mi techo. Aunque no era lo que esperaba…

Yo: ¡AHHHHHHHH!

X: Martha, ayúdame por favor, ¡me voy a caer!

¡Era una persona! Y no cualquier tipo de persona, ¡era un hombre! ¡Un hombre en mi ventana!

Yo: ¡Tú aléjate maldito pervertido! ¡¿Qué haces en mi ventana?!

X: ¡Maldición Martha, soy yo, AYÚDAME!

¡Me conocía! Podía ser John o George… Me acerqué sigilosa y alarmada, si se caía, nunca me lo perdonaría. Pero… sólo era Stu.

Yo: Ah, eres tú. Mátate si quieres, pero limpia la sangre al final, por favor. – dije restándole importancia.

X: ¡Por favor Martha, es lo último que te pido! Además no podrás cargar con una muerte en tu vida, sería bastante traumante, ¿no crees?

Volteé los ojos y lo ayudé, porque desgraciadamente tenía razón. Entró a mi cuarto agitado y dejó algo sobre mi cama. Lo tomé curiosa y vi que era mi cuadro, el que había hecho con tanta pasión. ¿De dónde lo había sacado? Seguro John lo había tirado por la ventana y Stu lo había encontrado en el patio. Suspiré y me senté mientras miraba nostálgica esa obra de arte. Él se apoyó en mi mesa.

Stu: Dibujas increíble.

Yo: Sólo lo dices porque te dibujé a ti, egocéntrico. – respondí sonriendo. Él también sonrió.

Stu: No solo por eso, es por lo que expresa. Siento el dolor solo de verlo, pero también percibo amor.  – Enarqué una ceja y él carraspeó incómodo. – Los colores y matices le dan un aire bastante original… me encantó.

Yo: Sí bueno… - me levanté y puse el cuadro sobre el caballete en el que había estado originalmente y me crucé de brazos – Gracias, supongo. Te puedes ir ya.

Él se me acercó vacilante, pero yo no me inmuté. No aparentemente claro, mi estómago seguía retorciéndose cada vez que me miraba con esos ojos profundos…

Stu: Hablemos.

Yo: No hay nada de qué hablar.

Stu: Martha…

Martha: Vete, por favor. – rogué cerrando los ojos. Esto estaba doliendo demasiado como para permitirlo. Oí cómo suspiraba y sentí un cálido beso en mi mejilla. Escuché el sonido de la ventana cerrándose mientras una lágrima rebelde se escurría por mi rostro.

Abrí  los ojos y lo busqué con la mirada, todavía tenía la esperanza de que siguiera aquí. Nada, se había ido. Sollocé y estallé en llanto sobre mi cama.

Volví a soñar con los que suponía eran mis padres, pero esta vez fue diferente, esta vez yo estaba con ellos.
O yo pensaba que esa niñita de moñitas rosadas era yo, de niña claro. Aunque era absurdo, a esa edad yo ya estaba con Mimi. Estaba jugando junto a la mujer que identificaba como mi madre en un lugar que se me hacía bastante familiar, era el jardín de la Iglesia de San Pedro. Y me desperté bruscamente.

Julio 6, 1957

Me levanté molesta porque me habían interrumpido mi sueño, y como no podía ser coincidencia, tenía una gran sospecha sobre el culpable de eso. Me dirigí al baño descalza como siempre, pues había alfombra, pero un agudo dolor en la planta del pie me obligó a sentarme en el suelo de sopetón. Miré y extraje un trozo de vidrio que se había incrustado ahí. Uhm…

Entonces me di cuenta de la fuente del estallido que me había despertado. Ahí, descaradamente acomodada sobre la alfombra,  había una roca con una nota encima. La tomé con curiosidad y la abrí; de inmediato reconocí la ilegible letra de John.

“Nos vemos mañana en la iglesia de san pedro, mi banda tocara alla. Si no vas, le diré a Stu que besaste a George y quedaras como una puta. Muehehehe, descansa hermanita. John”

Así que sí había sido él, aparte de amenazarme, rompió mi ventana y por eso me había herido el pie. Estúpido.

Aunque lo curioso era que se me había cumplido el sueño, iba a ir a la Iglesia de San Pedro de todas formas. Qué raro, tal vez podía predecir el futuro. Esa idea me alegró un poco y empecé a limpiar las esquirlas que aún quedaban en el suelo.

Justo cuando terminé, mi puerta tembló por los estruendosos golpes que la persona al otro lado producía; obviamente John, Mimi no era capaz de semejante indecencia.

Yo: ¿Qué? –espeté fastidiada en cuanto abrí la puerta.

John me miró con una fingida inocencia.

John: ¿Puedo pasar?

Yo: ¿Quieres limpiar el desastre que hiciste? Con mucho gusto Johnny, pasa.

John: Ah… en ese caso, me quedo aquí. Solo te quería recordar lo de hoy…

Yo: Sí bueno, dudo que lo olvide, dada la forma en la que me avisaste.

John: Perdón por eso, no me pude resistir – dijo con una media sonrisa.

Yo: En ese caso, tampoco te podrás resistir a pagar la ventana, después de todo, no querrás que le diga a Mimi porqué está rota…

Él gruñó, pero sacó un fajo de billetes del bolsillo trasero de su pantalón. Lo miré con sorpresa.

Yo: ¿Robaste un banco o algo así?

John: No, me pagaron por una presentación que hicimos en un club. ¿Te alcanza?

Yo: ¿Te pagan por hacer ruido? Vaya que les sobra dinero… - su cara de asesinato me persuadió de dejar el tema.- Claro que me alcanza, y sobra de hecho. Te doy las vueltas después.

John: Más te vale, quiero la factura también. No olvides ir, o ya sabes las consecuencias – sonrió maliciosamente, recuperando repentinamente su buen humor.

Yo: Sí, lo que digas. Nos vemos allá. – respondí con el ceño fruncido y le cerré la puerta en la cara.

Busqué algo elegante para ponerme, porque sentí un presentimiento extraño… alguien importante iba a ir, lo sé. Salí apurada de mi habitación y bajé para despedirme de Mimi. John ya se había ido.

Mimi: Estás bastante arreglada para ser sábado, ¿no crees?

Yo: Sí lo sé, es que hoy planeo salir.

Mimi: ¿Vas a lo de John?

Yo: Supongo que pasaré un rato… aunque también despejaré mi mente, servirá bastante después de todo esto que pasó. – dije restándole importancia a lo último, porque la verdad era que no me importaba.
Mimi me miró preocupada, de seguro pensaba que estaba loca por no estar inundando mi habitación en lágrimas acurrucada en un ovillo sobre mi cama.

Mimi: ¿Estás bien?

Yo: Sé que suena loco y todo, pero no estoy loca, en serio. Solo quiero salir, como cualquier chica haría en un día cualquiera.

Mimi: Ay, ya perdiste la cabeza. Mejor vuelve a la cama ¿sí? Te llevaré la comida.

Yo: Creo que eso sería mucho más dañino en sí que salir, pero igual gracias.

Mimi: Si tú lo dices… sólo no te olvides de comer. Y más vale que no te hayas arreglado de esa forma por influencia de Stu, no te rebajes tanto.

Volteé los ojos y devoré mi desayuno, luego salí despavorida a la Iglesia. Como siempre, se me había hecho tarde.

(NARRA JOHN)

Habíamos llegado hacía unas horas y nos estábamos instalando. Me corría electricidad de arriba abajo, nunca nos habíamos presentado frente a tantas personas… lo malo es que lo haríamos gratis.

Esto era el inicio de algo que prometía ser grande y aunque The Quarrymen no sonaba tan bien como todos deseábamos, estaba dispuesto a cambiar eso. Empezando por mí, que no sabía tocar bien la guitarra… era por eso que estaba abierto a recibir nuevos miembros, más porque sabía que la mayoría de los que me acompañaban en el escenario lo tomaban más como juego que como algo serio. No importaba, encontraría a los que eran de verdad vitales en esa sociedad.

Ya estábamos en tarima, y empecé a buscar a las personas que me interesaban entre el público.
Ahí estaba Julia entrando casi arrastrando a Jackie a quien al parecer se le había extraviado un globo, un poco más allá estaba Stu comprándose un refresco… ¿Stu? Ah sí, y ahí entraba Martha… si se encontraban sería un espectáculo… claro, si mantenían sus límites.

Martha me sonrió con esa sonrisa perfecta que usaba para sus mejores ocasiones y yo le sonreí de vuelta. De seguro se le había olvidado… pero lo importante es que ya estaba aquí.

(NARRA MARTHA)

Llegué justo a tiempo. Le sonreí a John y él me devolvió la sonrisa antes de empezar a tocar. Y luego… empezaron.

No quiero sonar fatalista, pero no eran el mejor grupo de skiffle que había escuchado. De hecho era uno de los peores, aunque tenía que admitir que habían mejorado bastante desde los primeros ensayos.
Pete me lanzó un beso y yo lo miré asqueada. John lo notó y miró rayado a Pete… oh no, lo último que necesitaban era una pelea en plena presentación. Por suerte ambos se controlaron y terminaron la canción. Con un final alternativo, por supuesto, John no se aprendía las letras. Aunque sonaba original, era algo extraño.

Divisé a Julia, estaba con Jackie unos cuantos metros más allá… ¿dónde estaba Vicky? Me acerqué preocupada.

Yo: ¿Qué hay Julia?

Ella se volteó y me sonrió aliviada.

Julia: Martha cariño, qué bueno verte, pensé que no ibas a venir.

Yo: Sí… se me hizo algo tarde, lo siento.

Jackie: Como siempre.

Me carcajeé con la ocurrencia de la niña y me agaché hasta ponerme a su altura para observarla mejor.

Yo: Oye… ¿dónde está tu hermana?

Jackie: Ah, por ahí, se encontró a Ashley y se fueron.

Yo: Con que Ashley, ¿eh? Bien por ella.

De repente sentí una mirada sobre mi nuca y volteé la cabeza, aunque ya sabía quién era. Desde un puesto de sodas, Stuart me miraba con fijeza, usando esa mirada tan particularmente intensa que tenía. Suspiré y miré hacia otro lado, aunque ya era tarde, había invadido mis pensamientos por completo. Estaba completamente desconectada de este mundo hasta que alguien me agitó.

X: ¡Martha! ¡Despierta niña, me estás volviendo loca!

Miré a mi alrededor hasta que me encontré con la mirada casi desquiciada de Ashley.

Yo: ¿Ashley? ¿A qué hora llegaste?

Ashley: Hace siglos mujer, desde que le dijiste a Julia que Mimi se había quedado en su casa y ella fue a traerla.

Yo: ¿Yo dije eso?

Ashley: ¿Dónde tienes la cabeza? – dijo exasperada.

Yo: Nada… olvídalo.

Ashley: Sí claro, como si eso fuera posible. Te perseguiré hasta la muerte preguntándote esto.
Sonreí y le conté todo lo que había pasado con Stu el día anterior… le conté todo menos el sueño.
Me consoló y maldijo a Stuart con todo lo que tenía, aunque noté que se veía aliviada por mi situación con él.

Yo: Bueno, supongo que te alegra que hayamos terminado. No… no trates de negarlo, se te nota.

Ashley: Sí bueno, lo siento, pero tú sabes que me gustaba y eso… dejémoslo así.

Yo: Sí, no te preocupes… - dije pensativa.

Ashley: ¿Te molestaste mucho? Lo siento no era mi intención.

Yo: No, estoy mal porque… he soñado con mis padres últimamente y los extraño. Me hubiera gustado vivir con ellos y no con Mimi, ella es una bruja. ¿Te dije que me trató de loca hoy? Fue frustrante.
Ashley abrió los ojos y jadeó aterrada. Fruncí el ceño confundida, pero lo entendí todo cuando sentí una voz tras de mí.

X: ¿En serio soy tan mala? Lo siento, supongo que siempre estuve destinada a ser la mala de la historia. No te molestes en regresar a casa, vete con tus padres si es que los encuentras. – dijo con la misma frialdad de John. Sentí un pinchazo en el estómago.

Yo: Mimi…

Mimi: Olvídalo, creo que ya escuché y dije lo suficiente.

Cuando terminó esa frase se volteó y se dirigió a su casa. No intenté seguirla, en primer lugar porque estaba avergonzada por haber dicho lo que dije, y también porque me sentía muy ofendida. El asunto de mis padres era un tema delicado, y ella lo había tratado como basura.

Le pedí a Ashley que me dejara sola y me senté bajo un árbol unos cuantos metros más allá. Cómo me odiaba…

X: ¿Por qué siempre que te encuentro estás bajo un árbol?

Me reí y tiré de George para que se sentara a mi lado. Él lo hizo y limpió una lágrima escurridiza de mi mejilla.

George: Bueno, ¿y ahora quién hizo llorar a esta princesa?

Sentí un nudo en la garganta al escucharlo y lo abracé. No contuve las lágrimas y empapé su camisa; él me abrazó cálidamente y me susurró palabras reconfortantes al oído.

Cuando terminé, me separé de él con una sonrisa.

Yo: Gracias por soportarme, debí parecerte una estúpida.

George: Para nada, al parecer lo necesitabas. ¿Vas a contarme qué pasó?

Yo: No te ofendas, pero no me siento con ánimo de hacerlo. Creo que iré a casa.

El me sonrió comprensivo.

George: ¿Quieres que te acompañe?

Yo: Gracias, pero no es necesario.

George: De acuerdo, pero cuídate.

Yo: Lo haré – respondí guiñándole el ojo y me fui de ahí.
Ah pero como siempre sucede cuando tienes un mal día…

X: Te ves muy elegante hoy.

No podía ser verdad, mi suerte no podía ser peor.

Yo: Stu, qué emotivo fijarse en mí, me emocionas, pero realmente no tengo ánimos de hablar contigo. Ni contigo ni con nadie.

X: ¿Ni siquiera conmigo?

Dirigí la vista hacia la fuente de aquella vocecita y sonreí.

Yo: Es deprimente, pero no. ¿Qué tal estás, Vale?

Vale: Estaré bien cuando tenga mis galletas de chocolate.

Yo: Ah… pues no tengo galletas, pero si dinero. Ten y cómprate unas. – dije mientras sacaba un billete del fajo que John me había dado.

Vale: No te preocupes, yo puedo sola.

Stu: ¿Estabas llorando?

Mi sonrisa se congeló a la mitad y miré a Stu dolida. Iba a responder algo pero…

Stu: ¡AUU! ¡Niña tonta, me pegaste muy fuerte! Va a salirme un moretón.

Vale: Eres una nena, Stuart. Deja a Martha y vamos por mis galletas. – dijo despreocupada mientras jalaba a Stu, que todavía se masajeaba el brazo del dolor.

Stu: Perdón por la imprudencia, no quería hacerte sentir mal. Nos vemos luego – susurró apenado y se fue arrastrado por su hermana.

No fui a mi casa. No era capaz. En lugar de eso me dirigí a ese lago que amaba, me descalcé y empecé a dar vueltas por el pasto. Era el clímax de la relajación.

(NARRACIÓN X)

No podía creer que me había convencido de ir ahí, pero bueno, era mi amigo y no lo podía decepcionar de esa forma. La verdad es que tocaban horrible, pero me había quedado porque había algo que me había llamado la atención.

Ese chico… el líder… era curioso. Su forma de tocar la guitarra no era natural, era más como si hubiera adaptado las notas de un banjo a ésta, eso explicaría por qué tocaba únicamente con cuatro cuerdas.
Además de eso, no se sabía las letras. Más de la mitad de las canciones eran inventadas aunque eso era realmente fascinante, el hecho de poder crear algo nuevo en plena presentación y que no desentonara con el resto de la canción era increíble.

Y además estaba casi ciego. Era obvio que no veía a la audiencia, pero supuse que no usaba gafas por vanidad… eso debía servirle bastante, destilaba confianza y manejaba al público al dedillo.
Todo eso junto, me había hecho quedarme prácticamente embobado con la presentación.

Apenas terminaron, me acerqué a mi amigo.

X: Iván, ¿quién es el chico de la guitarra?

Iván: ¿El líder? Se llama John Lennon… ¿por?

X: No nada… me pareció curiosa su forma de tocar, es todo.

Iván: Ah… ¡oye! ¿Tú tocas la guitarra, no?

X: Sí.

Iván: ¿Y la tienes aquí?

X: Sí – sonreí. Ya sabía a dónde iba todo esto.

Iván: ¿Pues qué esperamos? Vamos, creo que alguien debe hacer una audición.

No me resistí, moría por conocer a ese muchacho tan particular… ¿cómo se llamaba?
Ah sí, John Lennon.

Cariños míos, no no estoy muerta, solo algo atareada, pero para compensar, hice el capítulo de hoy EXTRA largo. Espero no se aburran, lo hicimos con amor (?
Bueno, bueno, antes de seguir, quiero publicar la obra de arte de la divina Aly, que dibuja como los ángeles y me quedé con cara de OMG cuando vi sus dibujos.
Aquí van!











¿No son bellos? Gracias Aly, son hermosos, ahora alábenla, es una diosa :')
Una respuesta general a todas, porque están acosándome por acá. Sí, George es irresistible, ese Harrison es divino :') GRACIAS POR VOLVER, MISSSS BORBOA!
JAJAJA ¿Paquita del barrio? Muero de risa... Nah, Stu sigue vivo.
Feliz Vale? Ya le pegaste a Stu JAJA

BIENVENIDA ROXXXANEEE! (me gusta escribirlo con triple X) 

Y ya, esperense oto poco, estamos asfixiadas de trabajo.
Descansen reinas, -ush, sonó re pervertido- Descansen plebeyas, nosotras aquí las pensamos mucho.
RITA, ARE YOU BACK?

Enough, duerman bien.



domingo, 7 de abril de 2013

Capítulo 12.


George: Larga historia, no hay tiempo para eso. ¿Entramos?

Lo miramos incrédulas, pero era obvio que no iba a hablar ahora… ya le sacaría la verdad.

Ashley: Bueno, creo que mejor me voy. Suerte con Martha, George, suele ser muy cabeza dura.

George soltó una carcajada y se despidió de ella, mientras yo me limitaba a mirarla mal.

Yo: Qué maldita. Anda pues, antes de que te acabe a puñetazos.

Ashley: Ah, olvidaba que eras la fuerza encarnada. – dijo con una risa sarcástica. – Adiós chicos.

Y se fue ignorando mi mirada asesina. A mi lado George suspiró y entró a la biblioteca. Lo seguí de cerca mientras por mi cabeza rondaban un montón de preguntas, pero todas alrededor de una central… ¿De verdad Stuart era capaz de hacer eso?

Nos sentamos y él abrió el libro en la página en la que habíamos quedado la vez pasada, pero no le presté atención. No haría ni una suma hasta que me dijera que le había pasado.

George: Decimos que al tener la siguiente ecua… ¿Qué me estás viendo? – se interrumpió cuando notó que lo miraba fijamente en lugar de anotar en mi cuaderno.

Yo: ¿Qué te pasó? Y no me digas que nada, ese tipo de moretones no se hacen con “nada”.

George: Solo tuve una pelea, no es nada grave.

Yo: ¿Con quién? – mi respiración estaba acelerada. Si decía lo que temía que iba a decir…

George: Con un tipo que en mi vida había visto…

Estaba apartando la mirada. Era obvio que no me había contado la verdad completa.

Yo: Dime la verdad.

George: Te estoy contando la verdad

Yo: Quiero TODA la verdad.

Me miró incómodo y cerró el libro. Luego me miró a los ojos.

George: De acuerdo. Luego de que te fuiste a tu casa, me di cuenta de que me había quedado con uno de tus acrílicos – dijo mientras rebuscaba en su mochila. Al final sacó un acrílico rojo brillante y lo dejó sobre la mesa – Mira, aquí está. Tenía la intención de llevártelo a tu casa directamente, pero tenía que dejar a Margarita primero. Así que la dejé y fui hacia allá, pero cuando estaba como a dos cuadras de tu casa, un tipo se apareció de la nada y al parecer me reconoció, porque me golpeó con mucha rabia. No tengo ni idea de qué le hice, ni siquiera lo conocía; pero era tan fuerte que me dejó inconsciente. Lo último que escuché fue un nombre… Spike, Sam… Stuart, creo. Luego me desperté y me encontré con tu hermano que me ayudó a levantarme. Se ofreció a ir a mi casa, pero le dije que podía solo… me dijo que no conocía al tipo que me golpeó, pero que ya no había de qué preocuparse. Y ya, eso fue todo.

Miré el tubo de acrílico distraída… con que por eso se había devuelto, con tan mala suerte de encontrarse a Stuart por el camino. Le di vueltas, a la par que mi cabeza también lo hacía. Era un caos, pero estaba peor mi corazón. Nunca me había dolido tanto algo, y tampoco había sentido tanta rabia como hasta ahora.

George: Martha, ¿seguimos?

No respondí. De hecho ni siquiera procesé las palabras, seguí dándole vueltas al tubito sin prestar atención.

George: ¡Martha! – dijo angustiado, zarandeándome un poco. Desperté de mi sopor y contemplé el semblante confundido de mi amigo sin realmente verlo.

Yo: Claro, sigamos.

Para mi sorpresa, no seguimos. En lugar de eso, George se levantó y empezó a empacar sus cosas. No lo detuve, podía irse, de hecho era mejor así. Pero reaccioné cuando empezó a empacar las mías.

Yo: ¿Qué… qué haces George? ¡Deja mis cosas! – dije casi entrando en un shock nervioso. Él me miró preocupado y suspiró.

George: Aquí es complicado hablar y como es obvio que no estudiaremos nada más conscientemente, saldremos un poco para respirar. Y tú me contarás qué te sucede.

Yo: No es necesario, siéntate. Sigamos con la clase.

Me ignoró olímpicamente, tomo sus cosas y las mías y salió de la biblioteca. Salí tras él como zombie y caminamos un buen rato en silencio. No me apetecía hablar, y era obvio que él no quería tocar el tema con demasiada rapidez, así que fue algo incómodo. Pero me dio tiempo de ordenar mis pensamientos, de manera que cuando George me preguntara, no me hallara tan fuera de lugar…

George: Llegamos – dijo en un susurro, interrumpiendo mi intento de orden mental.

Miré alrededor, era un parque pequeño con árboles frondosos. No recordaba haber estado ahí alguna vez, pero desde ahora iría con más frecuencia. Era hermoso.

George se sentó en el pasto y yo me acomodé junto a él y luego de un periodo de silencio, empezó a hablar.

George: ¿Y no me vas a contar?

Yo: ¿Contar qué? – respondí haciéndome la que no sabía del tema. ¿Dije antes que era mala fingiendo? Lo seguía siendo.

George: Pueda que te conozca hace poco, pero sé que esta actitud tuya no es normal. Tiene algo que ver con el chico que me golpeó ¿cierto? Tú lo conoces, es cercano a ti.

Sonreí irónica. Era increíble que me conociera tan bien, de hecho daba algo de miedo.

George se levantó y subió a la rama de un árbol.

Yo: ¿Qué haces? ¡Te vas a matar! – grité desde el suelo alarmada.

George: Vamos, sube ya.

Subí con cuidado y casi convencida que me iba a caer en cualquier momento. Una vez arriba me maravillé de la vista.

George: Bueno, ahora tienes otra perspectiva de las cosas, me puedes contar.

Yo: De acuerdo, pero déjame acercarme. – me rendí y me desplacé de rama en rama cual Tarzán hasta llegar a su lado, pero una vez llegué, un dolor horrible recorrió todo mi brazo. Hice un gesto de dolor… que George notó.

George: Déjame ver ese brazo.

Yo: No es nada, creo que fue un golpe por el camino de subida.

George: No importa, déjamelo ver – impuso y agarró mi brazo con cuidado. No me opuse. Levantó la manga de mi blusa, dejando a la vista un enorme moretón. Pero no era cualquier moretón, éste tenía la forma de una mano. Una mano conocida…

George: ¿Quién te hizo esto? – gruñó con ira. Recordé a Stu y su insistencia camino al Instituto…

Yo: Nadie. No me había fijado hasta ahora, de seguro fue John o alguien desconocido. Sí, de camino al instituto alguien me agarró el brazo con fuerza… no pensé que fuera importante.

Él me miró con una chispa especial en sus ojos marrones. Sabía que estaba mintiendo, pero ante todo, sabía la verdad y sabía que yo sabía que él sabía la verdad. Me mordí el labio, preocupada.

George: Fue tu novio ¿verdad? Y él también me atacó anoche. – afirmó.

Me recliné sobre la rama y miré hacia el suelo. No me gustaba esto que estaba sucediendo. George soltó un bufido.

George: ¿Y ese cretino quien se cree? Espera a que lo vea, esta vez no le irá tan bien. – soltó enojado y empezó a bajarse del árbol. Me enderecé, pero no hice nada por detenerlo. No sé si debí hacerlo…

Una vez abajo, nos dirigimos a mi casa y cuando estábamos cerca, divisé a John y a Stuart hablando afuera.
“Mal día para dejar las llaves, Lennon” pensé soltando un suspiro.

(NARRACIÓN NORMAL)

John levantó la vista cuando escuchó pasos a lo lejos y se revolvió incómodo. Esto no era bueno, si Martha iba con George, significaba que ya lo sabía todo. El chiquillo venía bastante enojado… pero lo que más le preocupó, era que venía con Martha y si Stuart lo veía con ella lo iba a terminar de matar.

John: Creo que tenemos visitas… - dijo sin poderse resistir a una pelea.

Stuart levantó el rostro y sus facciones se tornaron bruscas. Se levantó y se dirigió hacia ellos, que tampoco venían muy pacíficos.

Stu: ¿Qué haces con mi novia? – espetó con ira cuando estuvo lo suficientemente cerca. Martha frunció el ceño al escuchar la última palabra.

George: Defenderla de gente como tú, ¿qué no ves?

Si de por sí la tensión ya era cortante, esas palabras no la mejoraron demasiado.

Stuart lanzó un puñetazo de la nada directo a la ya muy maltratada cara de George pero terminó en el rostro de Martha. Genial, ahora se habían metido directamente con John.

John: ¿PERO QUE HICISTE, ESTÚPIDO? ¡LE PEGASTE A MI HERMANA!

Stuart no reaccionó. Estaba estático mirando a Martha, que estaba inconsciente en el suelo, cuando un puñetazo llegó, esta vez a su cara.

John: Largo, escoria. A mi hermana no la tocas. Y no te quiero volver a ver por aquí.

Sorprendentemente, Stu no respondió nada, simplemente se fue caminando como si hubiera visto un fantasma. John se inclinó para ayudar a George a ayudar a Martha. Entre ambos la levantaron y la llevaron a la casa.

John: Las llaves, maldición - gruñó y empezó a buscar en la chaqueta de Martha. Cuando las encontró entraron y la dejaron sobre su cama, en la que despertó poco más tarde.

Martha: ¿Qué pasó? – musitó somnolienta.

John la miró enojado. Que niña tan tonta podía llegar a ser a veces…

John: ¿A quién se le ocurre interrumpir la trayectoria de un puñetazo? Loca, casi te mata con ese golpe.

Ella parpadeó desconcertada y notó la presencia de George en una esquina.

Martha: ¿Estás bien?

El aludido bufó exasperado.

George: ¿Que si estoy bien? Te dieron un puñetazo que iba dirigido a mí, te dejó inconsciente y me preguntas si estoy bien. Algo anda mal en esa cabecita tuya, estoy seguro.

Ella solo sonrió, pero ese esfuerzo la hizo contraer su boca de dolor. John frunció el ceño.

John: Deberías dormir, enana. Te hará bien.

Martha le mostró la lengua, pero se acomodó en su cama para dormir. Pocos segundos después estaba profunda.

John y George se miraron preocupados y bajaron al primer piso, se despidieron y George se fue a su casa, si se demoraba más sus padres lo tendrían encerrado de por vida. John por su parte subió al cuarto de su hermana y tiró el cuadro que ella había hecho por la ventana. Estaba seguro de que no lo extrañaría.

(NARRA STU)

Si antes me sentía culpable, esto no había ayudado en nada. Le había pegado, lo que pensé que nunca haría, se había vuelto realidad. En ese momento juré no volver a hacerle daño, y por sobre todo, no golpear nunca más a ninguna mujer. Era repulsivo

Tenía que pedirle perdón, y aunque John me había advertido casi a muerte que no me quería cerca, decidí arriesgarme y volver a su casa. Cuando iba llegando, noté algo que salía de la ventana de su cuarto, así que me acerqué para contemplarlo mejor.

Era un cuadro. Y no cualquier cuadro, era un cuadro sobre mí. Me había dibujado de una manera impresionante y perfecta, pero la había tirado. Miré hacia arriba y vi su ventana abierta.
Bueno, escalar un poco no me haría daño…

Tengo un sueño tan grande, que casi me olvido poner este pedazo al final. Así que si captan incoherencias en mi escritura, ignórenlas, haré un nuevo estilo literario que se llame "los adormecidos". 
Anyway, aquí va.
Claudia, me halagas muchísimo, que te hayas quedado a leer hasta tan tarde es hermoso :') sabía que no podía ser la única que hacía eso. ¿Dónde está tu capítulo? Muero por leer algo. Lo sé, yo también quiero que Rita vuelva :(

Valentina: Ya, cálmate, tus comentarios asustan a la people. ¿Leíste lo que respondió Claudia? Mira como te aman :3

Aly: ¿PORQUE NO SUBES? Nadie sube, que depresión -.-' Ya, aquí está, un capítulo de solo Yorch. 

Duerman cariños míos, sueñen con mi insomnio.