miércoles, 12 de junio de 2013

Capítulo 21.

Era agradable sentir el contacto de su piel contra la mía, pero si dejaba que siguiera su juego, iba a terminar de nuevo encerrada todo el día en la casa y eso no lo iba a permitir. Ya era suficiente con todo un día de vagancia, gracias.

Abrí mis ojos con dificultad, pero bastante renovada, hacía mucho no tenía una noche tan plácida, sin ninguna interrupción. Cuando enfoqué la vista, me encontré con su sonrisa traviesa que tanto me encantaba.

John: Hola hermosa.

Yo: Hola – respondí, sonriendo a mi vez.

John: ¿Cómo te sientes?

Yo: De maravilla, la verdad que hacía mucho no me sentía tan bien.

John: Debe ser porque yo estoy aquí.

Yo: Puede ser… - me carcajeé, y sin poder resistir por más tiempo a sus labios tentadores, lo besé dulcemente. Me respondió animado, pero antes de que nos dejáramos llevar –algo que seguramente pasaría- , me cortó.

John: Odio detenerme justo ahora, pero creo que es suficiente de que estés encerrada aquí. Arréglate, saldremos más tarde.

Me dio un beso en la frente y salió de mi habitación. Sonreí embelesada, me encantaba cuando se ponía así. Fui a la ducha y el contacto frío del agua me despertó por completo, arrastrando además todas esas preocupaciones y situaciones que me tenían tan bajo presión. Por ahora.

Me tomé mi tiempo para arreglarme, y una vez lista, bajé las escaleras. Para mi sorpresa, John ya tenía el desayuno hecho y olía delicioso. Sospechosamente delicioso.

Me senté y el tentador aroma me hizo recordar que no comía nada desde el desayuno del día anterior, así que apenas John dejó los huevos sobre la mesa, me lancé a devorarlos.

John: No comas tan rápido, nadie se los va a llevar… - se burló John, sentándose al frente mío.

Yo: No me juzgues, tú casi me haces morir de hambre ayer, así que cállate. Además está riquísimo.

John: Lo sé, soy todo un chef.

Dejé de atragantarme con la comida un instante, y lo miré enarcando una ceja.

Yo: Ya en serio John, ¿a quién le pagaste para que hiciera esto?

John: Me ofendes, hermana. No sería capaz de hacer eso, no le dije a nadie que…

X: Oye John, ¿dónde está el…?

Me di la vuelta al escuchar su voz. Ahí estaba el causante de semejante delicia, parado en la puerta de la cocina, con su pantalón ajustado y peinado a lo teddy boy, que contrastaban magníficamente con sus rasgos casi femeninos. Miré a John con un gesto de burla antes de saludar a Paul.

Yo: ¿Qué hay Paul? No sabía que un hombre pudiera cocinar semejante desayuno.

Paul: Bueno, al parecer sí puede. – respondió con sequedad, recostándose contra la pared.

Yo: Te quedó magnífico. Bueno ya me voy.

Agarré unas cuantas galletas y me tomé el café apresuradamente, antes de salir corriendo de la casa. 

Alcancé a escuchar los gritos de John que me pedía que me quedara, pero no me sentía con ganas de esperar hasta que él se arreglara para salir con él. Además, ahí estaba Paul, lo más probable es que tuvieran ensayo y él lo hubiera olvidado. Lo menos que quería era estorbar.

Me dirigí hacia el muelle, como siempre lo hacía, y me incliné en el barandal, contemplando el mar que, tan camaleónico como siempre, me saludaba con una brisa fresca.

(NARRA JOHN):

No era buena idea dejarla ir así como así, pero tampoco podía salir a la calle con ese aspecto, daba asco y no podía arruinar mi imagen de esa forma. Entonces, la única persona que quedaba ahí era…

Yo: Paul, ve tras ella.

Él me miró escéptico.

Paul: No inventes John, está muy grandecita como para perseguirla, ¿no crees?

Yo: No es excusa, está inestable. Cállate y ve tras ella.

Paul: Claro, voy a ir corriendo detrás de una nenita inestable. Como si no tuviera cosas más importantes que hacer. – gruñó mientras se ponía la chaqueta de cuero. Lo miré con rabia.

John: Mira Paul, francamente me importa mierda lo que pienses de mi hermana, pero más te vale que vayas tras ella, o si no…

Paul: ¿O si no qué? No seas marica John, déjala en paz.

Lo agarré de la chaqueta con ira, pero él se soltó fastidiado.

Paul: Yo vine aquí por el ensayo, no para muñequear con tu hermana. Avísame cuando se deje de entrometer en los asuntos de la banda, yo me largo.

Y se fue dando un portazo. Se había referido a ella con tanto desprecio, que me había sacado de mis casillas, pero la única razón por la que no lo había mandado al suelo era porque eso me aseguraba algo: no estaba interesado en ella en lo más mínimo.

Subí a arreglarme, lo más probable es que Martha estuviera en el muelle y si me apuraba, podía encontrarme con ella antes de que tomara otro rumbo.

(NARRA PAUL)

Era increíble la forma en que esa niñita mimada arruinaba todo. Siempre queriendo atención, con esos aires de perfección que se daba… repugnante. Recordé cuando se desmayó en el cementerio y la llevamos alzada hasta el cuarto de John, la forma en que se había despertado aterrada y buscando a su hermano como si…
Negué con la cabeza, eso era aún más repulsivo.

La única manera de alejarme de todo el enojo que tenía, el único lugar en el que podía relajarme en ese instante, era el muelle. Así que me dirigí hacia allá, seguro de que estaría vacío a estas horas.

(NARRA GEORGE)

Tuve que ir temprano al muelle, a comprar algunas cosas para mi papá y a pasear a la bola de pelos andante, que se negaba a salir si no era conmigo. Qué suerte la mía.

Cuando llegamos, Margarita se puso frenética y empezó a ladrar como loca hacia el barandal. Dirigí mi atención allá, arrastrado a la vez por Margarita y como siempre, ahí estaba, la persona que tanto había pensado.

Yo: Hola Martha.

Martha: Qué milagro que aún te acuerdes de mi nombre, Harrison. – contestó con una sonrisa.

Yo: Lo sé, perdón por dejarte sola, pero es que…

Martha: Sí, supongo que Rita es más tentadora que yo cuando de captar tu atención se trata.

Abrí los ojos con sorpresa. ¿Cómo diablos sabía ella…?

Martha: No le des muchas vueltas, la verdad es que es algo bastante obvio. Cualquiera se daría cuenta.

Yo: De acuerdo… - respondí, aún algo perplejo.- Sin embargo eso no quita el hecho que te dejara sola, eres como mi hermanita.

Martha: No te angusties, es perfectamente entendible.

Yo: Bueno… ¿quieres un café?

Martha: No gracias, acabo de desayunar.

Yo: Sí, yo también, pero tengo hambre. Ven, acompáñame.

Después de casi arrastrarla por todo el muelle para convencerla, fuimos a una cafetería, en la que aprovechamos para hablar de todo un poco. Nada hacía más bien que desahogarse.

Yo: Bueno querida, ¿cómo te sientes?

Ella me miró atentamente y soltó una carcajada.

Martha: Lo siento, pero es que sonaste igual que Mimi. Pues, me siento bastante bien.

Yo: No parece. – dije incómodo por el comentario anterior.

Frunció el ceño, pero no lo negó.

Martha: Es la gripa, tú sabes…

Yo: ¿De qué te sirve mentirte a ti misma?

Martha deslizó su mirada por todo el local con aire pensativo, antes de responder.

Martha: Lo siento, pero es que todo esto me tiene algo deprimida, y no quiero recaer justo ahora que tengo tanta cafeína encima. Sería desastroso. Pero sí te diré que fue muy duro, es pesado saber que no voy a volver a verla y aún más después de haber visto lo que vi.

La miré con mi mejor expresión de psicoanalista y suspiré.

Yo: Perdón por re abrir la herida, no fue mi intención.

Martha: No te preocupes, yo sé que no fue así.

Yo: Pero… escuché que habían encarcelado al que la mató… eso es bueno, ¿o no?

Martha: ¿Y qué? – respondió con furia, encogiéndose de hombros- Ya no interesa, ya nada de lo que haga la hará volver a la vida.


 Un capítulo cortooo, a mitad de la nocheeee, y de la semanaaaaa. Ya fue, hola :D
Está cortito, pero es para calmar la ansiedad un poco :3
Lo sé, Stu y Ashley se portaron muy pedantes, partida de.... en fin, menos mal que por ahí andaba John para salvarla <3
Y NADA, AQUÍ ALGO DE PAUL PARA CALMAR SUS NERVIOS! Armen sus conjeturas dearies, no negaremos ni afirmaremos nada >:D
Duerman chicas, y lean mucho.
Besos. <3




lunes, 10 de junio de 2013

You better run for your life if you can, little girl...

(NARRA GEORGE)

Por un lado estaba Martha, totalmente –casi totalmente- sola y triste, y por el otro estaba Rita, que me miraba ansiosa con esos ojos tan brillantes, con esa actitud que solo ella tenía y que lograba hipnotizarme siempre. La balanza era bastante desequilibrada en ese instante y mi decisión era algo obvia.

El remordimiento que sentía por abandonar a mi mejor amiga se aplacó un poco cuando vi cómo Ashley y Stu pasaban por el otro lado de la acera, disfrutando de un día gris y lluvioso  como si se tratara de cualquier tarde de verano. Si seguían en la dirección por la que iban, seguro iban a la casa de Martha, y aunque probablemente ella no quisiera hablar con nadie, Ashley estaría con ella y la acompañaría un rato. Así que… luego la visitaría. Sí, después…

Rita: ¿George? ¿Estás bien?

Había olvidado totalmente que estaba esperando una respuesta mía. Le sonreí apenado.

Yo: Sí, no te preocupes. Vamos, te acompaño a tu casa.

Ella abrió una sombrilla que llevaba consigo y nos cubrimos bajo ella, mientras hablábamos de cosas triviales que me hicieron olvidar por completo mi preocupación por Martha. Estábamos llegando cuando se detuvo bruscamente y se paró al frente mío con el ceño fruncido.

Rita: A mí no me vas a engañar, George Harrison. ¿A quién dejaste plantado por venir a acompañarme? ¿Eres así siempre, o solo cuando se te da la gana?

La violencia de sus palabras me tomó por sorpresa y abrí los ojos, algo asustado. Debí haber sentido ira, o al menos indignación por su tono autoritario, pero la verdad es que no fue así. Tan solo sentía vergüenza porque me había pillado.

Yo: La verdad que no tenía nada que hacer. – mentí.

Ella entrecerró sus ojos y me dio la espalda con furia. Obviamente se había llevado también la sombrilla y la lluvia fría escurría por mi frente ahora. Parpadeé algo confundido y luego corrí tras ella.

Yo: ¡Espera! –de nuevo, se detuvo abruptamente y casi choco contra ella por segunda vez- Yo… bueno sí, tenía que ir a ver a una amiga.

Logré percibir una chispa de celos pasando por sus ojos y esbocé una sonrisa, pero luego tan drásticamente como se había enfadado, ahora me miraba con cariño.

Rita: Das ternura, Harrison, eres el único que hace eso a mitad de la lluvia. Yo no lo haría de no ser que fuera algo bastante urgente.

Yo: Sí, bueno, ¿qué tal si entramos? –Corté, fastidiado. Odiaba que me llamaran tierno y además empezaba a congelarme- Hace algo de frío acá afuera.

Rita: Si de verdad es urgente, puedes irte. No importa, realmente.

Ella seguía bajo la sombrilla y me miraba con curiosidad, a la espera de saber lo que haría; por mi parte, no había posibilidades de secarme pronto, escurría agua por todas partes. Solté un suspiro y miré al cielo antes de responderle.

Yo: ¿Recuerdas que preguntaste si era así con todos? – la miré fijamente- No Rita, solo contigo. Nadie me había hecho comportarme de esta forma, solo tú. Nunca nada será más importante que tú.

Me acerqué a ella y le acaricié la mejilla con mis dedos helados y húmedos, pero ella no se inmutó por la temperatura glacial de mis manos, al contrario, me respondió con una hermosa sonrisa.

(NARRA MARTHA)

Miraba aburrida cómo caía la lluvia torrencialmente sobre las calles de Liverpool, como si no fuera lo suficientemente fría de por sí. Había permanecido en esa posición, sentada junto a la ventana de una habitación que no era mía, por un largo rato, mientras John intentaba hacer no sé qué cosas en la cocina. Desde aquí escuchaba el tintineo de platos y sus constantes maldiciones que evidenciaban que no sabía absolutamente nada sobre cocinar. Pero yo no podía ayudarlo porque me había dejado atrapada allí con la excusa absurda de “tú estás enferma, deja y yo te traigo algo de comida” La única razón por la que no me había lanzado detrás de él era porque tenía curiosidad por saber a qué monstruosidad llamaba John “comida”. Ah y porque… estaba demasiado débil de todas formas.

Sin embargo la inercia estaba matándome, así que salí de la cama mandando la gripa al carajo y me dirigí a mi habitación arrastrando los pies. Era consciente de que estaba ardiendo en fiebre, pero realmente me importaba muy poco, así que me limité a envolverme en una cobija y ponerme una bufanda. Agarré mis pinturas y empecé a pintar.

Al inicio no estaba muy segura de qué iba a dibujar, pero a medida que el pincel se deslizaba por el lienzo, una oleada de recuerdos inundó mi mente. Y es que aunque Julia no hubiera sido tan cercana a mí como a John, había visto su muerte, había presenciado su asesinato y escuchado sus últimas palabras y ese tipo de cosas no eran fáciles de olvidar. Por mi cabeza se repetía una y otra vez la imagen del carro arrollándola, yéndose sin siquiera detenerse a averiguar nada, su cuerpo lleno de cardenales, la sangre en la carretera… El pincel se movía sin que yo tuviera que hacer un mínimo esfuerzo, los trazos fluían con furia y dolor y todos mis músculos estaban tensionados, descargándose alrededor de esa única pintura.

Y de improviso, unas manos cálidas me abrazaron por atrás, al tiempo que unos labios que ya conocía casi de memoria, me besaban el cuello con dulzura.

X: No deberías estar aquí. – me susurró al oído.

El gesto tenía toda la intención de ser romántico y tierno, pero desafortunadamente, yo estaba demasiado tensa en ese momento para responderle de la misma manera. Me volteé con el ceño fruncido y le espeté:

Yo: ¿Y qué querías John? ¿Qué me quedara en tu habitación, encerrada como una inútil?

Él se sorprendió al inicio por mi brusco rechazo, pero luego hizo aparición su habitual carácter y me miró con ademán irritado.

 John: A mí no me hablas así, ¿de acuerdo?

Yo: Yo le hablo como quiero a quien se me dé la gana.

John: ¡¿Qué?! ¡Oye, cálmate! ¡Yo no te he hecho nada para que vengas a tratarme así!

Ambos estábamos tensionados a una distancia muy corta, si seguía así, podía terminar de una forma no muy agradable. Entendí que había sido una estúpida por dejar que la rabia se me subiera a la cabeza de esa manera y aún peor el hecho de haberme desquitado con él tan drásticamente.

Yo: Tienes razón, lo siento. – dije en un suspiro, relajando los músculos.- Es solo que… me agarraste en mal momento, perdón.

John: No te preocupes, es entendible. – Dijo relajándose a su vez y  acomodando un mechón de cabello tras mi oreja.

Me volteé hacia la pintura y él me abrazó por atrás de nuevo, pero esta vez no me opuse en absoluto. Apoyó su mentón en mI hombro y yo entrelacé sus manos con las mías.

John: Me gusta, es justo lo que siento ahora. – murmuró, refiriéndose a la pintura.

Yo: ¿En serio? – respondí arrastrando las palabras, pues mi mente estaba de vuelta en la creación de mi obra.

John: Ajá… - afirmó con los labios pegados a mi cuello y subiendo de mi hombro hasta mi oreja y viceversa.

Un túnel sin salida, pero sin embargo lo suficientemente infinito como para nunca chocar contra el muro que lo taponaba al final, tan oscuro y vacío como el corazón de los hijos de la muerte, como el universo mismo.

Yo: Voy a terminarlo. – dije quedamente, a la vez que volteaba mi cabeza y me encontraba con sus ojos. Él asintió y luego de un beso rápido, bajó al primer piso para ver televisión.

Yo: ¿Y la comida? – pregunté antes de que llegara abajo, con una sonrisa burlona.

John: Al diablo con la comida. – gruñó él, encendiendo el televisor.

Sabía que pintar era la única forma desahogarme, y era algo que me gustaría hacer el resto de mi vida si era posible. Seguí con el lienzo, pero aunque no quería que me desconcentraran, tampoco quería centrarme totalmente en él, pues podía entrar en una depresión de la cual sería muy difícil salir después.

En ése momento sonó el timbre y bajé apresuradamente con la esperanza de que fuera George; extrañaba abrazarlo y escuchar sus consejos pronunciados con su tono de hermano comprensivo. Cuando pasé cerca del televisor, John me atajó de golpe.

John: Ey, ey, ey ¿a dónde vas? ¿Qué parte de “estás enferma, quédate en mi habitación” no entendiste?

Yo: Si no estoy mal, John, ALGUIEN me prometió que me llevaría comida – le solté mientras trataba de zafarme de él.

John: Touché – respondió y me liberó- No te demores demasiado, es en serio lo de estar enferma.

Asentí sonriente y fui a abrir la puerta,  pero no era él, sólo eran Ashley y Stu. La decepción se pintó en mi rostro y me dio un aspecto aún más demacrado.

Ashley: Dios Martha, estás horrenda.

Stu: Tampoco seas tan dura con ella…

Ashley: Es mi mejor amiga, ella me entiende. ¿Cierto?

Yo: Sí, lo sé, parezco una bola de pintura resfriada. – dije tosiendo un poco.

Stu: La verdad que sí – sonrió con dulzura - ¿Estabas pintando?

Yo: Intentaba hacerlo.

Stu: Por favor, no seas tan modesta. Vamos a verla.

Entraron al corredor y Stu dejó allí la sombrilla bajo la cual venían ambos, muy acaramelados. Luego de pasar por la sala y de intercambiar saludos y miradas celosas-preventivas por parte de John, subimos los tres a mi habitación.

Cuando abrí la puerta, el color subió a mis mejillas de la vergüenza. Estaba hecho todo un caos. Sin embargo, Stu no le dio demasiada importancia, tal vez porque probablemente, la suya estaría igual, toda llena de pintura y frascos de acrílico vacío por todas partes.

Con todo, lo que menos me imaginé fue la actitud de Ashley. Entró altaneramente y con una expresión de asco que no se preocupó en disimular, antes de pararse finalmente en el centro de la habitación y suspirar con fastidio.

Ashley: ¡Dios! ¿Qué pasó aquí? Estás algo descuidada, no recordaba que esto fuera tan desordenado.

Yo: Gracias Ashley, yo no recordaba que fueras tan crítica. – contesté fríamente.

Ella notó mi tono despectivo y enarcó una ceja.

Ashley: Oye, oye, yo no tengo la culpa de que se haya muerto, ¿ok?

Una oleada de furia recorrió cada músculo de mi cuerpo y la miré con tanto desprecio que retrocedió asustada, sin embargo no fue algo que le sirviera de mucho; ya que abalancé hacia ella con intención de quitarle los ojos y cortarle la lengua en pedacitos. Sin embargo, sólo alcancé a empujarla con brusquedad y arrancarle algunos cabellos antes de que Stu me separara de ella.

Stu: ¡Cálmate!

Yo: ¿QUE ME CALME? ¡ESA ZORRA SE METIÓ CON JULIA! ¿CREES QUE ES FÁCIL HABER VISTO UNA MUERTE, ASHLEY? ¿PORQUÉ NO INTENTAMOS CON LA TUYA?

Stu: ¡CÁLMATE, MARTHA!

Estaba al borde de las lágrimas y sollocé mientras todo mi cuerpo temblaba.

Yo: Perdóname Ashley, es sólo que toda esta situación se me está saliendo de las manos.

Ashley: No importa… supongo que también fue mi culpa, de todas formas.

“La mayoría de la culpa”, pensé aún con algo de rabia. Empezaba a sentirme mareada, pero no le di mucha importancia a eso, últimamente me sucedía mucho.

Stu: La verdad que pintas hermoso… te felicito. – dijo cambiando de tema. Le agradecí con una sonrisa.

Stu: ¿Vas a volver al instituto? Recuerda que en unos días empezamos clases otra vez…

Eso me cayó como un balde de agua fría. ¿Por qué tenían que haber venido? Así, como dos estúpidos, queriendo devolverme a la realidad; mientras yo estaba muy feliz en mi mundo personal con John y mis pinturas. Bueno, feliz no, estaba lejos de sentirme así. Pero me sentía cómoda, más cómoda de lo que estaría volviendo a la típica rutina de siempre.

Ashley: ¿Martha…? ¿Estás bien?

Me había quedado estática, mirando al vacío, tratando de asimilar todo lo que se venía de ahora en adelante…

X: ¿Todo bien?

Y ahí estaba, apoyado contra la puerta, mirando a los dos intrusos con una expresión desconfiada y los brazos cruzados. Dirigió su mirada hacia mí y se alarmó al verme en ese estado.

Stu: No lo sé John, ella sólo se quedó ahí, mirando hacia la nada.

John siguió mirándome por unos segundos, antes de responder severamente.

John: Creo que es mejor que se vayan. Vamos, los acompañaré a la puerta.

(NARRA JOHN)

Ambos me habían mirado como si sospecharan algo, pero no tardaron en acatar mis órdenes. Casi cerré de un portazo cuando abandonaron la casa, y volví a donde se encontraba Martha. Estaba mirando por la ventana de su habitación y yo la abracé. Nos quedamos ahí por unos instantes, cada uno sumergido en sus propios pensamientos, viendo a la luna avanzar con pasos gráciles por el cielo estrellado, como si fuera una reina.

Yo: Cariño, estás temblando.

Así era, entre mis brazos se estremecía sin parar. Suspiró quedamente y me miró con ojos tristes.

Martha: Creo que me voy a dormir. Ha sido un día largo.

La solté y me fui a mi habitación para darle algo de privacidad. Ahí estaba su aroma como un fantasma, entre mis sábanas, en mi ventana, en todas partes. Inhalé profundamente y me recosté en mi cama, yo también estaba exhausto.

Pasados unos momentos, se apareció en mi puerta.

Martha: ¿Me acompañas? No quiero dormir sola.

Supe que sus palabras no ocultaban una segunda intención por el tono de su voz, y de todas formas, no tenía mucho ánimo. Me estaba muriendo de sueño.

Yo: Claro, voy en un segundo.

(NARRA MARTHA)

La noche era fría y olía a muerte, pero John entrelazó sus brazos a mí alrededor y el calor de su cercanía me hizo olvidarlo por completo. Me sumergí en un sueño profundo y sin sueños.

Al día siguiente, desperté gracias al suave roce de los dedos de John por mis brazos.


¡ ¡Por fiiiiiiiiiin!! Casi no logro terminarlo, de verdad, qué odisea. Me la enviaron el sábado, me quedé dormida, el domingo estuve haciendo tareas, y hoy terminando un cuento para un concurso que cerraba hoy... ¿saben lo peor? ¡QUE EXTENDIERON EL PLAZO JUSTO CUANDO ACABABA DE ENVIARLO! Voy a pegarme un tiro.

Sin embargo aquí está, largo y unas horas antes de lo habitual :3 Para que lo lean antes de dormir! Son adorables, personalmente me casaría con este John <3

No respondemos ante muertes, pero déjennos algo en su testamento (? JAJAJA esa escena hizo volar al mundo, lo bueno de que no pasara es que... como dijo Aly, "no tenían condón" :D
Sí Valery, hay que tenerle cuidado a Paul... muehehe
GRACIAS A DEBBIE POR LEER! Es hermoso :') TAMBIÉN GRACIAS A MARY! Tus comentarios son lo más, chica. GRACIAS A TODAAAS <3 
A mi hermana no le digo nada porque está re estresante... ;)
Y... yo sé que estás leyendo esto... Hola Fer! <3 Por fin subí, ya ves. 

CHICAS, UN ABRAZO ENORME Y DUERMAN MUUUUUUUUCHO!
P.D: ¿Alguien sabe algo de Rita?
Las amo dearies, cuídense.

By: Las ideas ideales de Mónica McCartney.
And: La edición impuntual pero hermosa de Lady Mary.

martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 19.

(NARRA MARTHA)

Mis pensamientos, y en general cualquier cosa medianamente racional, se habían perdido hacía rato entre aquel frenesí incontrolable de caricias, hormonas y jadeos.

Si bien aún no estaba segura de mis sentimientos hacia él, lo que estaba completamente claro era que lo deseaba. ¡Oh, claro que lo deseaba! Anhelaba sus caricias como las de nadie más y el solo roce de su piel contra la mía hacía estremecer hasta la última de mis células. Tal vez el hecho de que lo que estábamos haciendo no era del todo correcto, que de alguna forma ese status de “hermanos” lo volvía prohibido, tal vez por eso todo era el doble de tentador.

Lo había tomado del cuello ni bien terminó de besarme en la mejilla, y lo insté impaciente para que deslizara sus labios hasta mi boca. Está de más decir que no tuvo ningún inconveniente con eso, y una vez lo hizo, nos fundimos en un beso completamente distinto al anterior, porque esta vez ambos lo queríamos, lo deseábamos con todo el alma.

Me recostó sobre la cama y mientras recorría la piel descubierta desde mis hombros hasta mi oído con sus labios ansiosos, yo estaba ocupada recordándome a mí misma que tenía que respirar. Sus manos ágiles y expertas subían y bajaban por mis piernas, por mi cintura y mi espalda; pero aún no se atrevía a aventurarse bajo mi vestido. Por mi parte, no me sentía con tanta paciencia como él, así que ya le había desabrochado la camisa y me deleitaba  acariciando su pecho desnudo.

Enrosqué mis piernas alrededor de su torso y mis brazos en su cuello, obligándolo a caer bajo el efecto de mi peso, sin embargo me giré en último momento y quedé sobre él. Su expresión de sorpresa me hizo soltar una sonrisa juguetona y recorrí su mandíbula ávidamente con mis labios frenéticos.

John: No sabía que eras tan ruda, cariño – murmuró divertido, antes de besar mi cuello con un gemido ahogado.

Respondí con un ronroneo bajo que provocó que acelerara sus movimientos y deslizara la cremallera del vestido con una ansiedad delirante. Fue un movimiento tan inesperado que me congelé por un instante, y él, percatándose de ello, se contuvo.

John: Nena, si no quieres, me detengo.

Sin embargo eso era lo que menos quería en ese momento  y le mordí la oreja izquierda a la vez que soltaba un gemido como ademán para que continuara. Complacido, empezó a deslizar las tiras del  vestido hacia abajo y…

Mimi: Martha cariño, ¿estás aquí?

La voz que provenía del primer piso nos petrificó unos instantes y cruzamos nuestras miradas alarmados. A pesar de la tensión del asunto, solté una carcajada silenciosa que me hizo doblarme sobre él, que también se contorsionaba en risotadas.

John: ¡Shhh! – murmuró entre risas, y me acostó a su lado, aún sin poder controlarse del todo.

John: ¡Estamos aquí arriba, Mimi! – gritó sonriendo y se levantó de la cama.

Cuando Mimi entró, se encontró conmigo entre las cobijas de la cama de John y a éste sentado en el sillón que poco antes ocupaba Paul. Nos miró algo confundida, pero luego se dirigió a mí.

Mimi: Oh corazón, ¿cómo te sientes? ¿Estás enferma?

Yo: No es nada Mimi, es solo un resfriado.

Mimi: Bueno eso espero… John, ¿porqué tienes la camisa abierta?

John: Eh… Hace algo de calor aquí.

Mimi: No me sorprende, estaban encerrados como si no tuvieran entre sus planes volver a ver la luz del sol.- intercambiamos una mirada cómplice-  Bueno John, gracias por cuidar de Martha mientras llegaba, ahora puedes irte.

John: Pero tía, te ves extraordinariamente cansada. – dijo con una sonrisa encantadora – Mejor ve a descansar, yo cuidaré de ella esta noche,  ¿está bien?

El descaro de John sumado a la cara de desconcierto que puso Mimi, hizo que estallara en carcajadas que se ahogaron en una tos asquerosa. Demonios, de verdad estaba enferma.

Mimi: Esa tos no suena nada bien – suspiró mientras negaba con la cabeza.- Iré por un té. Y cuando vuelva, quiero que me expliques qué hace Martha en tu cuarto, Winston.

Y luego salió apresurada. John me lanzó una mirada pícara.

John: Buena actuación, hermanita.

Que me llamara “hermanita” me hizo esbozar una sonrisa amplia. Claro, éramos hermanos.

Yo: Ya quisiera yo que fuera actuación. – me quejé antes de acabar tosiendo nuevamente.

Escuché cómo sonaba el teléfono y los pasos ligeros de Mimi hacia él. John entrelazó su mano con la mía y las dejó colgando, así unidas. Recosté mi cabeza sobre la almohada y su posición me recordó a Paul, que antes se había sentado en ese preciso lugar.

Yo: ¿Cómo conociste a Paul? – pregunté con curiosidad. Él frunció el ceño y me miró enojado.

John: ¿Y por qué viene al tema? ¿Te gusta o algo?

Yo: Claro que no, celoso, simplemente me acordé porque estás sentado donde él estaba. – respondí divertida.

John: No estoy celoso, sólo que la pregunta no venía al tema… ¡en fin! – carraspeó incómodo- ¿Cómo lo conocí? Audicionó para la banda, toca bastante bien. De hecho hemos mejorado bastante gracias a él.

Abrí los ojos sorprendida.

Yo: ¿En tu banda? Y yo que creí que era inteligente…

Él me soltó y golpeó mi hombro con una sonrisa. Yo también me reí. En ese preciso instante entró Mimi al cuarto, con una expresión muy preocupada.

Mimi: Debo ir a Mendips, al parecer capturaron al culpable de la muerte de Julia.

El semblante de John se ensombreció y se levantó con violencia; yo sólo sentí un retortijón en el estómago.

John y yo: Tengo que ir. – exclamamos al tiempo.

John: No cariño, tú te quedas, yo voy.

Yo: ¿Y por qué no ir yo? Mejor quédate tú.

Mimi: Ninguno de los dos irá, ambos se quedan aquí. Tú – dijo señalándome- estás demasiado enferma como para salir, y tú Winston no te sabes comportar en una situación así. Hay comida en el refrigerador, vuelvo mañana. Pórtense bien.

Y dicho esto, salió y se fue.

John aún estaba de pie y empezó a dar vueltas por su habitación de arriba abajo. Sabía que en condiciones normales él se iría solo sin importarle nada, pero que estaba decidido a no ir para cuidarme. Se estaba deteniendo por mí.

Yo: Sabes, puedes irte. Yo me sé cuidar sola.

John: ¿Me estás echando? – gruñó fastidiado.

Yo: Claro que no, cálmate. Sólo lo decía para que pudieras ir a averiguar todo el asunto de Julia… - dije casi en un susurro. Cuando se le subía la rabia a la cabeza no había quién lo parara. Excepto, tal vez claro, el dolor.

Se sentó en el borde de la cama con la cabeza entre sus manos. Me senté y lo abracé con dulzura.

John: Era todo lo que me quedaba, Martha. Preciso cuando empezábamos a ser madre-hijo de nuevo… No es justo. No sé que voy a hacer sin ella.

Le di un beso en la mejilla y le agarré el brazo.

Yo: Sé que duele… pero hay que dejarla ir. No te preocupes, aquí estoy yo para apoyarte.

Él me miró fijamente y juntó sus labios con los míos, pero este beso sabía a dolor, a angustia… a pérdida. Fue un beso corto, pero significativo.

Una vez terminó, se recostó a mi lado y me abrazó por atrás, manteniendo esta posición hasta quedarnos dormidos.

(NARRA GEORGE)

Acababa de enterarme de la tragedia de Julia, así que no dudé en salir de la casa aún desobedeciendo la orden que mi mamá daba a gritos y  me encaminé hacia la casa de los Lennon.

Sabía que ella necesitaba apoyo y justo ahora lo único que tenía era a un hermano igual o más dolido que ella. Recordé lo que me había dicho sobre el beso y apuré el paso, situaciones desesperadas no siempre terminaban en lo que querían.

Empezaba a lloviznar y se me nubló la vista, ahora tenía que rogar por no chocarme con nadie, pero en una de esas curvas choqué con alguien igual de apresurado que yo.

X: ¡Hey! ¡Ten más cuidado! – bufó una voz familiar. Si bien había pensado que nada me frenaría hasta llegar a mi destino, esa voz me hizo detenerme en seco. Me volteé y la miré confundido.

Yo: ¿Rita?

Rita: ¿George? – dijo sorprendida. Llevaba en las manos dos bolsas de comida que se veían bastante pesadas.

Yo: ¡Rita! Perdón, no te vi. Déjame te ayudo con eso.

Rita: No te preocupes, se nota que estás apurado. ¿Todo bien?

Me enfrentaba a un gran dilema interno. ¿De verdad era capaz de dejar a Martha por acompañar a Rita?


 Sin palabras, muero de sueño y me niego a escribir incoherencias. Solo digo... enjoy. Y MÓNICA ES UN DESMADRE POR INTERRUMPIR ESA ESCENA! Bueno, ya.
Chicas, descansen y disfruten. Gracias por leer  y comentar ;)

By: Los pensamientos pervertidos de Mónica.
And: La redacción AÚN MÁS pervertida de Lady Mary. Ah, pero les gustó, no lo nieguen. XD
Besos.



miércoles, 29 de mayo de 2013

Are you lonesome tonight?

(NARRA MARTHA)

En cuanto los brazos de John me rodearon, en cuanto me dijo lo que me dijo, en cuanto sentí que no estaba tan sola como aparentaba estar, supe que volvía la esperanza luego de que parecía haberse extinguido por completo. Sin embargo, esa sensación de satisfacción no quitaba el hecho de que había estado casi media hora mojándome sin intentar siquiera cubrirme y en cuanto a mi estabilidad psicológica… bueno, eso también era demasiado inestable, así que obviamente… me desmayé. OTRA VEZ.

Alcancé a sentir que me llevaban alzada entre dos personas y a pesar del sopor, mi inconsciente se preguntó quién carajos sería el otro. Porque eran dos hombres, el aroma los delataba, y uno de ellos era John, pero el otro…


Estaba en un patio, rodeada de chicas que hablaban y se reían conmigo. Parecía conocerlas de por vida, pero no era nada que en realidad recordara. Ni siquiera parecía la época correcta, había cosas demasiado extrañas para ser la misma fecha del funeral. ¿Qué era eso? ¿Era la vida de otra persona, podía ver el futuro o acaso veía una vida que no conocía pero que tal vez había vivido?

De ser el último caso, no sería un sueño, serían recuerdos. Como una confirmación a mis suposiciones, el sueño de mis padres se repitió en mi cabeza, pero esta vez caí en cuenta de que era yo la que se había ido. Y ellos querían que volviera de una forma u otra.

Sentí un vacío y me desperté. Me había caído de la cama.

Pero no había caído en el suelo, había unos brazos fuertes sosteniéndome y que al parecer habían evitado el golpe final contra el suelo.

X: ¿Estás bien? Por Dios, estás ardiendo en fiebre, creo que la lluvia de hizo daño. Vuelve a acostarte.

Esa voz era casi como un susurro, pero aún así era muy hermosa. Sin embargo estaba demasiado alterada como para responder de forma coherente.

Yo: No importa, ya nada importa.

X: Creo que estás en shock. Vuelve a acostarte, eso te ayudará…

Yo: ¡¿Qué?! ¡NO QUIERO DORMIR! ¿QUIÉN ERES? ¿DÓNDE ESTOY?

El muchacho ignoró mi ataque de pánico y se limitó a levantarme sin mucho esfuerzo y recostarme de nuevo en mi cama. Mi cabeza daba vueltas y todo estaba terriblemente confuso. Julia ya no estaba, John… no sabía que pasaba con John, Mimi jamás volvería a ser la misma conmigo después de lo que le había dicho, y ahora para colmar todo, estaba en una habitación extraña con un chico que no conocía. ¿Qué demonios…?

Yo: ¿Dónde está John? Quiero verlo.

En medio de la oscuridad, empecé a manotear a mí alrededor con una actitud psicóticamente nerviosa hasta encontrarme con su cara, entonces él exasperado me agarró por las muñecas y me detuvo en mi ataque de nervios.

X: Mira nena, John ya viene. ¡Cálmate!

Fruncí el ceño, frustrada, pero en ese instante se abrió la puerta dejando entrar un hilo de luz que iluminaba a John, quien venía con una taza de té entre sus manos. Justo antes de que John prendiera la luz, el chico extraño me soltó las manos y se recostó en el sillón como si nada.  

John: Veo que ya conoces a Paul. Paul, ella es Martha, Martha, él es Paul. – el chico se limitó a asentir secamente.

Paseé mi mirada del uno al otro con desconcierto y me senté en la cama. John se sentó al frente mío.

John: Vaya que haces escándalo por estupideces. Sólo era Julia, no tenías porqué desmayarte en medio del cementerio.

Nunca antes le había dirigido una mirada cargada de tanto odio a alguien como lo hice con John en ese instante. Recibí el té que me había traído y empecé a tomármelo cínicamente.

Yo: No intentes ocultar tu dolor burlándote de mí, sé qué es lo que estás sintiendo en este momento.

John: ¿Ah sí? ¿Y qué es lo que estoy sintiendo según tú? – gruñó acercándose a mí con una mirada amenazadora.

Yo: Dolor, ira, impotencia, ganas de matar al que se te atraviese para vengarla…

John: Muy graciosa. Habla la que intenta calmar a los demás cuando cada dos por tres entra en un shock de nervios.

Yo: ¿Por qué insistes en negarlo? ¡Era tu madre, John!

John: ¡YA SÉ QUIEN ERA! ¿CÓMO NO IBA A SABERLO?

Paul: Creo que los dejaré solos.

Soltamos un respingo en cuanto escuchamos la voz del muchacho, que aunque sonaba calmada, también dejaba percibir algo de incomodidad. No lo culpaba, habíamos olvidado completamente su presencia y supuse que no era lo más agradable observar una pelea que no era de él, aunque por otro lado, ahora entendía la actitud de John, lo cohibía hablar de sentimientos en frente de otras personas. Miré a Paul con cierto remordimiento.

Yo: Adiós Paul, un gusto conocerte. Es una lástima que sea en estas condiciones.

Paul: El gusto es todo mío. Espero que te recuperes pronto.

Sonreí por única respuesta y él también lo hizo, dejando a la vista una de las sonrisas más bellas y sinceras que había visto en mi vida. Sin embargo,  sentí algo extraño quebrarse en mi interior, como si tuviera que recordar algo importante…

John: Adiós Paul, gracias por todo, en especial por ayudarme con esta…

Yo: ¡Oye!

Él asintió divertido y se fue. Apenas abandonó la habitación, lancé una almohada a la cabeza de John y él se carcajeó. Amaba como se reía.

Yo: ¿Puedes explicarme qué hago en tu habitación?

John: Quedaba más cerca – respondió encogiéndose de hombros. Puse los ojos en blanco y él hizo ademán de levantarse con la taza de té ya vacía. – Normalmente me aprovecharía de la situación, pero ahora me iré.

¡¿Qué?! Estaba ya abriendo la puerta cuando le supliqué casi en un gemido:

Yo: Primero me besas, me dices amor… ¿y ahora me dejas aquí sola, en este estado?

Se quedó congelado en la puerta y sentí su respiración entrecortada. No, ya no se iría.

(NARRA JOHN)

¿Que… qué había dicho? ¿Eso significaba que ese “beso” había sido importante para ella? Me volteé lentamente y busqué sus ojos, en los que encontré una mirada disimulada muy sensual… pero no, ella era mi hermana… tenía que cortar esto.

Yo: Mira niña, no te confundas. Eso fue solo producto del momento, nada más. – resoplé aparentando una indiferencia que  no sentía en absoluto.

Martha: No te creo, si hubiera sido así, entonces no me hubieras llamado “amor”.

Yo: Eres mi HERMANA – procuré pronunciarlo lentamente – te dije eso porque te quiero así.

Martha: No inventes John, ambos sabemos que no es verdad. – sonrió y se enderezó en mi cama.

Mierda, por más que quisiera ocultarlo, ella me conocía de toda una vida, era imposible siquiera intentarlo. Me hizo espacio a su lado y me indicó que me sentara. Rindiéndome, dejé la taza encima de mi armario y le hice caso.

Martha: Pienso que es favorable empezar… por el principio. ¿En qué pensabas cuando me besaste esa vez?

Puse mi mano en mi nuca, tratando de recordar las razones por las que lo había hecho, pero lo único que se me venía a la mente era su piel nívea, sus labios provocativos…

Yo: No lo sé… en nada supongo, fue algo instintivo, algo que debí haber controlado pero que no pude.

Noté que estaba separando sus labios para refutar lo que acababa de decir, pero la interrumpí:

Yo: Martha por favor, no entremos a debatir esto, es algo que ya pasó, algo que ambos dejamos que pasara.

No respondió, en lugar de eso, empezó a hacer círculos con la yema de sus dedos sobre la colcha mientras miraba distraída al techo. Interrumpí el trayecto de sus dedos inquietos, tomé su mano y los besé uno por uno sin quitarle la mirada de encima. Ella me miró a su vez y soltó un suspiro bajo.

Yo: Lo que menos quiero es que esta situación nos separe… siempre hemos tenido algo especial y no quiero que eso se acabe por tomar decisiones equivocadas.

Algo de lo que dije la alteró un poco, pero luego esbozó una sonrisa nostálgica.

Martha: Sí… supongo que era algo que tenía que pasar.

Me sentí complacido por su respuesta, pero mi semblante volvió a tornarse serio cuando una lágrima solitaria se escurrió por su mejilla.

Yo: ¿Por qué lloras? Si te molesta que esté aquí, siempre me puedo ir…

Pero en lugar de dejarme ir, se agarró de mi camisa y empezó a sollozar.

Martha: No eres tú… no te vayas tú también. – suplicó, y la miré con sorpresa.

Yo: ¿Qué es lo que pasa?

Martha: Es Julia… es solo que luego del accidente me dijo algo… algo que me acabas de recordar…

(FLASHBACK)

Julia: Martha querida… cuídate mucho… saluda a John por mí, dile que… que lo amo más que a nada y que… que espero que algún día me perdone… por dejarlo… por favor cuídalo, yo sé que ustedes dos… tienen algo especial… cuídense mucho…

Yo: Por favor Julia, no me dejes, no puedes hacerlo ahora…mírame a los ojos… te necesito, John te necesita, por favor….

(FIN FLASHBACK)

(NARRA MARTHA)

Cuando terminé de contarle, sentí su rigidez por unos instantes, luego de los cuales pasó su brazo por detrás de mi espalda. Apoyé mi cabeza en su hombro y vertí algunas lágrimas más, pero él me levantó el rostro por el mentón y me miró directo a los ojos, con esos ojos destellantes y profundos que tenían la particularidad de hechizarme cada que los veía.

John: ¿Alguna vez te dije que tienes unos ojos hermosos? – ronroneó con una sonrisa, luego con su mano libre, pasó sus dedos por mis mejillas, limpiando de paso las lágrimas rebeldes que insistían en salir – No me parece justo que los arruines con esto, deja de llorar… ¿por favor?

Asentí como una niñita obediente y sonreí por su extraña ternura. Era increíble conocer su lado sensible.

Sentí sus labios rozar los míos y me preparé para devolverle el beso, pero él terminó besando mi mejilla con una sonrisa pícara. Ambos sabíamos que no iba a terminar ahí… ambos sabíamos qué pasaría.

Las palabras de Julia flotaban en el aire como impulsándonos, y no tardé en rendirme. Aunque no hubo lucha en realidad, nunca dos personas habían deseado algo de esa forma antes.

 Bueno aquí estoy otra vez, con los capítulos trasnochados de siempre ;) El título no tiene mucho que ver, sólo que me encanta la voz de Elvis a las 2 am :D ¿Qué les pareció? A mi me pareció inevitable, ambos son tan lindos juntos :3 Pero bueno, tal vez Mónica decida que se queda con alguien más...
Aly, creo que aquí tampoco hay beso... pero habrá algo más 1313 muehehehe PACIENCIA aparecerás, pero aún no sabemos cuándo. Pronto. 
Vale, los dibujos son divinos <3 te quierow
Mary, ¿qué piensas de esto? Algo extraño, pero así somos nosotras, además, ¿quién no mata por ver a John en plan romántico-tierno? :3
Rita, aquí estáaaa! A ella le dí la premiere, suertuda esta. Yo estoy igual de muerta por aquí, al parecer es contagioso (? ¿Y dónde estaba más caliente? 
Valeria, VOLVISTE! Estoy de acuerdo contigo y lo de John... ¿qué tal estos "hermanos" hoy? Muy juiciosos, me parece.

Chicas, duerman mucho - M I O, Rita - y coman pollo con champiñones (? no sé, tengo demasiado sueño para pensar bien.
Cuídense.

By: Las ideas inquietas del cerebrito de Mónica McCartney
And: La redacción somnolienta y medio cursi de Lady Mary.

sábado, 25 de mayo de 2013

Julia.


(NARRA JOHN)

Cuando empecé a sentirme cansado de estar en la misma posición por tanto tiempo, me di cuenta de que había pasado más de cuatro horas sentado en el sillón, viendo a la nada como un estúpido.

Había estado dándole tantas vueltas como fue posible al caos mental que estaba en mi cabeza, tratando de sacar algo en claro, esperando darle una forma definida. No lo conseguí.

Y es que no sabía… ¿qué era eso que me había hecho hacer lo que hice con Stu? ¿Celos? ¡NO, NO DEFINITIVAMENTE NO! Nunca en toda mi existencia había sentido un ápice de celos, a lo mucho, había sentido algo de posesividad, pero nada que me afectara de forma tal que le cerrara la puerta en la cara a uno de mis mejores amigos. Ni siquiera le había partido la cara a Rod Davies cuando supe que había estado con Diane, ¿por qué me iba a enojar ahora porque Stu había llegado con flores y chocolates como todo un Romeo para conquistar a mi hermana, como si todo lo que él hubiera hecho no hubiera afectado en nada, como si no la hubiera hecho llorar nunca, como si ella tuviera la obligación perpetua de amarlo, por qué me iba a afectar ese detalle? No, no eran celos.

Pensar tanto me mareaba, así que agarré el teléfono y como por arte de magia, en 10 minutos estábamos todos en la casa de Julia ensayando.

Aunque pesado – como siempre que estábamos todos los chicos juntos- el ambiente me daba un aire más relajado. Ensayábamos ahora con más ahínco y dedicación desde la llegada de Paul, pues nos había dado lecciones a todos y gracias a eso el sonido había mejorado de una forma impresionante.

Sin embargo, y aunque había logrado apartar a Martha de mis pensamientos durante todo el ensayo, ahora empezaba a volver, y eso me estaba sacando de quicio.

Yo: Bueno chicos, creo que esto es todo por hoy… a mi parecer todo está muy bien gracias al cara de bebé, pero aún hay cosas por mejorar. Recuerden que en un mes es la audición de bandas y si no ganamos, les juro que golpearé a alguien.

Todos los presentes soltaron una sonrisa nerviosa y se despidieron para irse rápido. Aunque siempre queda ese alguien que…

X: Oye Lennon, ¿porqué no vino tu hermana hoy?

No sé porqué me contuve y no le lancé directamente el puñetazo a la cara a Pete, hubiera sido un golpe muy placentero de dar. Sin embargo, me limité a apretar los puños con fuerza y dirigirle una mirada asesina.

Yo: Pues simple y sencillamente porque la estás alterando con tanta maldita insistencia tuya Shotton, ¡ya supérala idiota, ella ni siquiera se fija en ti! – le espeté gritando en la última frase.

Un silencio abrumador invadió la habitación y las pocas personas que aún quedaban, entre ellas Pete,  me miraron con terror y sorpresa por mi reacción.

Paul: Wow, creo que el ambiente está algo pesado por aquí… - murmuró conciliador, y luego se dirigió a mí- Vamos a caminar un rato John, despejémonos de todo esto.

Yo: Yo decido qué es lo que voy a hacer McCartney, así que tú y Pete y todos los que están haciendo estorbo en la casa de mi madre se largan de inmediato. – gruñí. No tuve que repetirlo, ni bien hube terminado, la mayoría ya estaba afuera. Paul me dirigió una última mirada de preocupación, pero al final también se fue.

Solté un suspiro cargado de estrés y me dirigí a Strawberry Fields.

*****************************************************************************

Lucy: ¿Quieres jugar a las escondidas? Tú cuentas y yo me escondo.

Sonreí y acaricié los rubios cabellos de la chiquilla que estaba sentada a mi lado con una mirada brillante en sus ojos… tan similares a los de…

Yo: Nah, siempre hacemos eso. ¿Qué te parece si tú cuentas y yo me escondo?

Lucy: Serás más fácil que encontrar a un elefante, ¡vamos!

Salió corriendo y se puso a contar,  y mientras, yo me escabullí detrás de un árbol viejo.

De repente un escalofrío helado recorrió todo mi pecho y me senté jadeando. No, no, no, no eso sólo pasaba cuando alguien… Aún recordaba la muerte de mi tío George, había sentido exactamente eso. No podía ser, ¿quién…?

Pensé inmediatamente en Martha y cerré los ojos tratando de apartar esos presentimientos terribles de mi mente.

(NARRA MARTHA)

Llevaba hablando con Stu alrededor de unas tres horas y habíamos recorrido Liverpool por lo menos dos veces, pero la verdad es que no me cansaba de escucharlo. Aunque para mi sorpresa y también para la suya, ya no sentíamos absolutamente nada el uno por el otro. Lo de antes había sido impulsivo, algo de costumbre y su dedicación en encontrarme también había sido obra de nuestra cotidianidad. Así que… todo estaba superado.

Sin embargo, descubrí con deleite que ahora estaba prendado de Ashley. Por supuesto él todavía no lo sabía, y Ashley lo negaría hasta la muerte, pero yo estaba completamente segura de que esa relación sí funcionaría. Por lo tanto, mi papel ahora sería el de ser Cupido.

Era tarde, entonces Stu me acompañó hasta la casa. Íbamos riendo como dos buenos amigos cuando a lo lejos divisé a Julia, que venía con su habitual sonrisa cruzando la calle.

Cuando me reconoció, sonrió aún más y me saludó, yo lo hice de vuelta, y entonces… sucedió.

Fue como una película, todo pasó en cámara lenta. Me recuerdo a mí misma gritándole que tuviera cuidado y su expresión confundida antes de mirar hacia atrás. Demasiado tarde.

Un auto de la policía que iba a toda velocidad y sin ninguna intención aparente de detenerse la embistió con fuerza y siguió derecho sin preocuparse en lo más mínimo.

Yo me había lanzado a la calle para apartarla del camino del auto, pero Stu me había agarrado firmemente de la espalda y me había salvado la vida por cuestión de segundos. El auto pasó rozándome el rostro a una velocidad espantosa, pero aún así había alcanzado a oler el inconfundible hedor que producía el alcohol etílico por la ventana abierta del conductor.

De ahí en adelante todo fue demasiado confuso para recordarlo detalladamente.

Corrí hasta ella y le agarré la mano compulsivamente, mientras tanto, Stu corría a pedir ayuda a la casa de Mimi, que estaba a unas cuadras de ahí. Jadeaba de desesperación y las lágrimas se escurrían irrefrenables por mis mejillas mientras trataba de contener la sangre… era demasiada sangre, demasiados golpes… no lo iba a lograr…

Julia: Martha querida… cuídate mucho… saluda a John por mí, dile que… que lo amo más que a nada y que… que espero que algún día me perdone… por dejarlo… por favor cuídalo, yo sé que ustedes dos… tienen algo especial… cuídense mucho…

Yo: Por favor Julia, no me dejes, no puedes hacerlo ahora…mírame a los ojos… te necesito, John te necesita, por favor….

Los sollozos no me dejaban hablar con claridad y mis lágrimas empezaban a mezclarse con la sangre. Ella sonrió una última vez y cerró los ojos justo antes de que llegara la ambulancia. Dos paramédicos se bajaron con premura y mientras uno me apartaba de ella, el otro revisaba sus signos vitales.

Paramédico: Pulso débil, inestable, se nos va, ¡Smith, la camilla! ¡Preparen para CPR! Resiste chica, vamos, continúa con nosotros…

No supe qué más diría, ni me interesaba tampoco, en ese instante comprendí que no había nada que más que se pudiera hacer por ella. En el momento solo un nombre rondaba mi cabeza, había rondado todo el día, pero justo ahora se hacía indispensable.

Me zafé de los brazos del paramédico y salí corriendo. Ni se me pasó por la cabeza pensar a dónde iba, simplemente estaba buscando a John y sabía que iba a encontrarlo de una forma u otra.

El destino me llevó directo a Strawberry Fields.

En cuanto llegué y lo vi tan feliz jugando con aquella niña me remordió un poco pensar que le iba a partir esa felicidad, sin embargo el dolor superó el resto y le grité con toda la fuerza de mis pulmones:

Yo: ¡JOHN!

Y caminé envuelta en lágrimas hacia él.

(NARRA JOHN)

En cuanto escuché su voz, el alivio recorrió mi cuerpo, que había estado algo tenso desde aquel presentimiento. No estaba muerta. Pero en cuanto me volteé, mi estómago se revolvió con angustia. Venía empapada en lágrimas y su grito había sido desesperado y doloroso.

Salí corriendo hacia ella y en cuanto nos encontramos me abrazó tomándome por sorpresa. La abracé de vuelta mientras la ansiedad empezaba a consumirme. Esto no me gustaba nada, algo terrible había ocurrido.
Su llanto era desgarrador y sentía el temblor de su cuerpo entre mis brazos. Pasó un buen rato para que saliera de mi estado de shock y ella disminuyera la potencia de su llanto y solo entonces me atreví a preguntarle:

Yo: ¿Martha? ¿Qué pasa, quién te hizo esto?

Ella negó con la cabeza y trató de calmarse un poco. Yo le sequé las lágrimas y le insistí para que hablara.

Martha: Es… Julia… ella…

Ni bien terminó de decir su nombre y yo ya estaba congelado. Comprendí de inmediato lo que significaba, pero no lo quise aceptar, no podía ser posible.

Yo: ¿Qué… qué le pasó?

Martha: Un maldito policía borracho, eso fue lo que pasó – en ese instante dejó de lado la tristeza y se llenó de ira – El estúpido ni siquiera se detuvo cuando la atropelló, siguió como un maldito desquiciado, ¿Y ASÍ QUIEREN QUE SE RESPETE LA LEY? ¡SON UNOS ESTÚPIDOS JOHN, UNOS MALDITOS BASTARDOS!

Y se agarró de mi cuello para llorar otra vez desconsoladamente. La ira también recorrió mi cuerpo, pero en ese instante, la angustia estaba demasiado intensa como para ser reemplazada. Le apreté las manos.

Yo: ¿Dónde está? ¿Está bien? ¿Va a sobrevivir?

En cuanto pronuncié las dos últimas preguntas, el rostro de Martha se contrajo de dolor y yo deseé que todo fuera un sueño, una pesadilla… no, no justo ahora…

Martha: Está en el hospital, pero… no sé si….

Lucy: ¿Qué pasa, John?

Casi me había olvidado de ella. Había estado todo el tiempo mirándonos preocupada y confundida y lo último que quería era que me viera llorar.

Yo: Corazón, todo está bien, ¿vale? Ve adentro y yo vuelvo otro día para jugar ¿bueno?

Ella asintió aún muy confusa y se fue.

Agarré a Martha de la mano y salimos corriendo. No la solté ni un segundo hasta que llegamos al hospital y fue hasta entonces cuando me percaté de que tal vez había sido demasiada fuerza.

Yo: ¿Estás bien?

Martha: Es lo de menos… - dijo mientras abría y cerraba la mano distraídamente. Luego me miró angustiada – No sé tú, pero yo quiero ver a Julia.

Asentí con seriedad, pero antes de subir las escaleras hacia su habitación, le besé la mano a manera de disculpa. Ella se sonrojó, pero me acompañó hasta allá.

No sé que esperaba cuando llegara al lugar, tal vez ver a Julia saliendo de la habitación sonriendo como siempre lo hacía, o al doctor con una sonrisa fatigada diciendo que la había podido salvar… no lo sé, pero francamente, no era nada de lo que había ahí. Encontramos a una Mimi demacrada, llorando desconsoladamente y al doctor dándole el pésame.

Fue entonces que me invadió la ira. Crispé los puños y fruncí el ceño en un gesto de negación.

Martha: ¿John? – me miró preocupada, pero no cambié mi reacción. Nada me iba a calmar ahora.

Mimi: John, tu madre ha… fallecido. – dijo acercándose con su habitual falta de tacto.

El universo se dio la vuelta y todo empezó a girar descontroladamente. Oía a lo lejos la voz suplicante de Martha para que entrara en razón y la voz seria de Mimi para que mantuviera el control…

El dolor era tan tangible en la cara de Martha que sólo por ella me relajé, pero salí del hospital antes de que terminara golpeando a alguien. Ella no me siguió, y se lo agradecí. Ahora estaba por mi cuenta, no sabía a dónde iría, qué haría, en dónde me refugiaría… no me importaba.

Nada importaba ahora.

Todo estaba vacío.

Incluyéndome.

(NARRACIÓN NORMAL)

El negro era el color predominante… como siempre en esos casos.

Una multitud de gente salida de Dios-sabrá-dónde se aglomeraba alrededor del ataúd con una tristeza mayoritariamente fingida. Sólo estaban ahí para dar el sentido pésame, aunque no lo sintieran de verdad. Algunos ni siquiera sabían de quién se trataba, sólo estaban ahí por debido al morbo general de una persona muerta a manos de un policía ebrio.

Todos expresaban su indignación, pero a fin de cuentas, nadie hacía realmente nada.

En un rincón, alejado de todo y de todos, se hallaba un joven vestido de teddy boy con una cara de póker que expresaba todo su dolor y que a la vez, lo ocultaba. Observó cómo el ataúd descendía hasta tocar fondo y luego cómo la tierra caía acompasada sobre la tumba sin decir una palabra ni dejar escurrir una lágrima. Sólo hasta que se añadió la última tanda de tierra, soltó un suspiro tenue.

El día que hasta ese entonces había estado irónicamente soleado, se ensombreció y empezaron a caer gruesas gotas del cielo. Las damas espantadas, salieron corriendo a refugiarse y los caballeros también se fueron en su mayoría para acompañarlas.

El padre de las hermanastras de John también se fue junto con las chicas y Mimi.

El muchacho pensó que se había quedado definitivamente solo, y que así sería su destino de ahora en adelante, pero distinguió una figura al frente de la tumba. Estaba parada, mirando fijamente la lápida y parecía ni siquiera notar que la lluvia se había desencadenado. El agua escurría de su largo pelo castaño y no se movía ni un centímetro. Estaba a punto de ir a su encuentro cuando notó que había otro muchacho recostado en un árbol cercano... observaba con tristeza y tal vez con algo de nostalgia. Se le acercó primero y lo reconoció cuando estuvo lo suficientemente cerca.

John: ¿Qué haces aquí? Te dije a ti y al resto de los de la banda que se fueran hace bastante rato.

Él se encogió de hombros y lo miró de frente.

Paul: Francamente, quería darte el pésame en persona.

John: ¿Y con qué motivo, ah? ¿Qué me vas a decir? “Oh lo siento tanto, John” ¡NO, NADIE LO SIENTE, NADIE LO SABE! ¡NADIE SABE QUÉ ES LO QUE YO PERDÍ Y SE CREEN CON SUFICIENTE AUTORIDAD PARA VENIR A RESTREGÁRMELO EN LA CARA! ¡VETE A LA MIERDA MCCARTNEY!

Paul trató de agarrarle los brazos para calmarlo, pero John le respondió con un puñetazo que lo lanzó al piso. El aludido soltó una maldición, pero se levantó sin inmutarse por la sangre que escurría por su nariz.

Paul: Yo si lo sé John. Mi madre murió cuando tenía catorce años, he tenido que vivir con eso desde entonces. Sé qué se siente, sé lo que odias al mundo por haberte hecho lo que te hizo, pero no por eso tienes que desquitarte con él.  No vale el esfuerzo.

John abrió los ojos con sorpresa ante la confesión y se quedó mudo de vergüenza.

John: Lamento haberte golpeado Mcca, no fue mi intención.

Paul: Lo sé.

Ambos guardaron silencio un instante, pero entonces John cedió y empezó a llorar con fuerza. Paul lo abrazó, comprensivo y fue hasta que John se calmó que se separaron.

John: Gracias, de verdad.

Paul: Para eso están los amigos, ¿no?

Ambos sonrieron con una sonrisa cómplice que se repetiría a lo largo del tiempo desde entonces, porque acababa de consolidarse una amistad indisoluble.

Paul se retiró luego y entonces John se dirigió hacia la muchacha que seguía allí, como si nada. La lluvia había cesado, pero ella seguía empapada.

John: Te vas a resfriar.

Martha: No me interesa en lo más mínimo.

Ignorando su respuesta, se quitó su chaqueta y se la puso a ella. Ella sollozó y lo abrazó con fuerza. Él también lo hizo y se mantuvieron en silencio durante un tiempo indefinido.

Martha: La voy a extrañar mucho.

John: Yo también amor, demasiado.

Él sintió como se estremecía al escuchar la forma en la que la había llamado, pero ella no se apartó.

Se quedaron abrazados de esa forma hasta que el sol salió definitivamente y terminó de secarlos. Entonces se devolvieron juntos a casa.

Escribir esto me puso algo depresiva, así que sólo puedo decir, gracias a todas las que leen. Aly, te aseguro que te quedarás con alguien ;), Rita, disfruta a George... por ahora muehehehe, Claudia, gracias por presionarnos tanto, gracias a todas de hecho, dudo que publicáramos tan seguido si no presionaran de esa forma. 
Mary, adivinaste! aquí está el gran cambio, nada será igual desde ahora. No te preocupes, yo también amo el drama, sería algo aburrido sin él ;)


Ashley
Martha
Vale hizo esto, no es divina?

Son sus respectivas versiones de Martha y de Ashley, me encantan, la verdad. Además, me confesó que las hizo en clase, ¿puede ser más tierna?






Mónica les manda saludos y perdones por estar tan ausente, una amiga cercana falleció hace poco y de hecho se valió del suceso para escribir ésto... mucha voluntad e ingenio, debo admitir. 

Gracias por leer dearies, y como siempre, duerman.
Ah y Rita, no importa si el sueño es tu esposo, estoy segura de que no soy su única amante ;)

Love ya.
Lady Mary.