sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 30.

(Narra Martha)

El sol se colaba por entre las cortinas y caía en suaves matices sobre el cabello revuelto de John, que dormía profundamente a mi lado. Se notaba que no iba a despertar pronto, el cansancio era casi tangible.
Con cuidado y tratando de no despertarlo, pasé por sobre él hacia la ducha.

No recordaba nada. Tampoco era que importara. Él estaba ahí conmigo y punto.

(Narra John):

Luego de haberla dejado en su cama, me recosté a su lado para acompañarla el resto de la noche. Tuvo sueños intensos, me llamaba por mi nombre y yo intentaba despertarla, sin mucho resultado. Al final, y luego de una noche agitada, me quedé dormido a su lado.

Los golpes frenéticos en la puerta me despertaron de mi sopor y abrí bastante molesto.

Yo: ¿Qué?

X: ¿John? ¡¿Qué haces aquí?!

La voz  agitada de Fernanda me sacudió el sueño que quedaba.

Yo: Fer, mi hermana estaba enferma, le hice compañía mientras se recuperaba, es todo.

Fer: Ajá… - no lucía muy convencida – Bueno, no importa. Venía a buscar mis cosas, porque Aly ya se va y yo me voy con ella.

Yo: Wow, despacio nena. ¿Te vas? ¿Con Aly? No puedes, estás de intercambio aquí en Liverpool.
Fer: Bah, por una semana no voy a perder el semestre. Además Londres es una oferta demasiado tentadora como para no aceptarla. ¿Por qué? – empezó a juguetear con el cuello de mi camisa - ¿Vas a extrañarme?

Carraspeé y salí al corredor algo incómodo.

Yo: Ehm… voy a despedirme de Aly.

Me encaminé hacia las escaleras, sin embargo pronto estuve contra la pared, frenado por la increíble fuerza de la chica. Sí que era fuerte.

Fer: No voy a irme sin despedirme adecuadamente, Johnny. No puedo permitir que te olvides de  mí. – susurró provocativamente en mi oído, antes de tomarme por el cuello y besarme con pasión.

No me esforcé en resistirme y le devolví el beso con una sonrisa traviesa. Chica ruda, sexy. Las cosas empezaban a salirse de control cuando de repente se abrió la puerta del baño de la habitación.

Los ojos gatunos de Martha nos miraban entre el vapor acusadoramente.

(Narra Martha):

Ah, con un carajo. Ya estaba harta de la bipolaridad de John y lo que vi en ese momento no me sorprendió demasiado, aunque sí me afectó por los pensamientos que habían surgido al verlo a mi lado esa mañana. Nada había cambiado, seguía siendo igual.

Ellos estaban en el corredor, así que me limité a saludarlos con un asentimiento de cabeza mientras les cerraba la puerta en la cara.

Lo único que debía importarme ahora era hacer entrar a George a la banda, tal y como se lo había prometido a John. Bueno, el otro John. Estúpida confusión.

Bajé a la cocina una vez estuve lista. En el corredor no había ni pista de ellos.

Luego de prepararme el desayuno, salí distraídamente casi tropezándome con las maletas que estaban regadas por toda la sala. Espera… ¿maletas?

Aly: Veo que la bella durmiente ha despertado. – soltó ella acercándose sonriente - Nos diste un buen susto anoche mujer, deberías hacerte revisar en serio.

Yo: ¿Aly? ¿Por qué están estas maletas aquí?

Ella me miró con nostalgia.

Aly: Porque hoy me voy Martha. Ya te lo había dicho.

No atiné a más que abrazarla. Tenerla de vuelta por las viejas calles de Liverpool había sido un gran alivio esos días y ahora la realidad de que no estuviera más me atacaba con fuerza. La iba a extrañar mucho.

Aly: Ehm… me estoy quedando sin aire.

Yo: Lo siento, - respondí soltándola. Tenía los ojos llorosos. – Es solo que no quiero que te vayas, estúpida.

Aly: No te pongas sentimental ahora Martha, es algo que tengo que hacer. Además míralo por el lado bueno, voy a estar más cerca que antes. Y… tendrás a John solo para ti unas semanas porque me llevaré a Fernanda conmigo – añadió guiñándome el ojo.

La miré sorprendida y ella asintió sonriente. Luego de que terminara mi desayuno, encendí la televisión y la vimos por un rato, dejando que los pensamientos vagaran sin rumbo entre las lagunas mentales.

Yo: Hey, hablando de ellos… ¿dónde están?

Ella se encogió de hombros.

Aly: No lo sé, ella fue a buscar sus maletas hace como media hora.

Yo: Uhm, es todo lo que se necesita. John debe estar por acabar, bajarán en un instante. – respondí cínicamente restándole importancia. Ella me miró boquiabierta.

Aly: ¿No te interesa que tu hermano se esté tirando a tu compañera de cuarto justo un piso arriba de nosotras?

Yo: La zorra se va, es obvio que necesita subir su autoestima un poco antes. – dije por toda respuesta. 

Minutos después, el taconeo escandaloso de Fernanda se escuchaba por las escaleras. John bajaba tras ella con sus maletas y una sonrisa idiota en su cara. Puse los ojos en blanco y apagué la televisión para darle el último abrazo a Aly.

Yo: Espero encontrarte de nuevo.

Aly: Sé que nos encontraremos, no tienes que dudarlo ni por un segundo.

Y luego de las despedidas normales y formales – Fernanda musitó un frío “adiós” para mí. – se fueron definitivamente.

Sin dirigirle palabra a John, salí de la casa. Mis días de vagancia estaban por acabar, el nuevo semestre empezaría pronto, así que decidí pasar por la casa de Stu a visitarlo. Mi sorpresa fue cuando me encontré a mí misma corriendo por el muelle con Valentina a mi lado. Stuart me había mandado pasearla como si fuera un perro mientras él se entretenía pintando a su nueva novia. Era la chica de la tienda de pinturas.

Al final, nos sentamos a orillas del mar, mirando hacia el infinito. Un hombre se sentó a su lado.

X: Así que tu eres el demonio de Stuart que se le apareció de la nada. Un placer conocerte, soy John Lennon. ¿Fumas? – terminó con una sonrisa burlona, sacando su cajetilla del bolsillo y ofreciéndole uno.

Yo: Cálmate John, no todos tenemos esas ganas suicidas de destrozarnos los pulmones.

Él se encogió de hombros y siguió mirando hacia el horizonte. Un barco zarpaba en ese preciso instante.

Vale: John, ¿te imaginas hacia dónde puede ir ese barco?

John: Uhm, a ver preciosa… me imagino que a Estados Unidos. Todo lo bueno va a Estados Unidos, algún día yo también iré.

Yo: Si sigues tonteando de esa manera, lo dudo mucho. Es de verdad, ponle seriedad a la banda o a los estudios, pero estás descuidando ambos.

Él frunció el ceño.

John: Ya sé lo que debo hacer… pero justo ahora nadie se toma la banda en serio. Es complicado así.

Yo: Ah, qué coincidencia, conozco a un excelente guitarrista que podría ayudarte…

 Mátenme por subir tan tarde, me puse a ver a Hugh Grant actuando de Primer Ministro de Reino Unido y me embobé.
Disfruten el capítulo, Mónica prometió uno más largo y más pronto. ¡MÁS VALE, MÓNICA!

Enjoy.

jueves, 15 de agosto de 2013

Girl, you know the reason why.

(NARRA MARTHA)

A pesar de que le había dicho a John que iba a ir a casa, no fui directamente allí. Casi por inercia, me encontraba recorriendo las oscuras calles en medio de mis pensamientos alborotados. No sabía con exactitud hacia dónde iba, pero francamente, me importaba muy poco. Sólo quería sacarme de la cabeza todo ese olor a recuerdos, a memorias sin leer, a John Lennon.

Porque aún en mis alucinaciones, seguía siendo él, seguía gustándome y me frustraba saber que no podía recordar ese trato que al parecer teníamos. Demonios.

Por alguna extraña razón, cuando levanté la cabeza para ubicarme me encontré de frente con el portón de mi casa. Le quité relevancia al asunto y entré sin mucha presentación, dirigiéndome hacia mi – ejém, “nuestro” – cuarto, que seguía estando en un desorden caótico.

Pero era muy tarde para ordenar… y muy temprano para dormir, así que me limité a recostarme en mi cama y observar la calle vacía que se veía de mi ventana. Nunc a me había puesto a pensar en lo árida que podía ser la cuadra, aún más cuando el punto más desértico era mi pensamiento.

¿Qué era real y qué no?

X: ¿Estás poseída o algo? Muévete al menos.

Dando un respingo, me giré hacia la fuente de aquella molesta voz que había interrumpido mis inservibles y estancados pensamientos.

Yo: Pensé que estabas con John…

Fernanda se encogió de hombros y luego de tomar la chaqueta por la que había ido, se fue de allí, dejándome de nuevo sola con mis cavilaciones.

De repente, un frío con sabor a música revolucionaria me recorrió todo el cuerpo.

X: ¿Por qué lo piensas tanto?

Observé los ojos curiosos de esa extraña versión de John sin sorprenderme demasiado. Creo que estaba bastante en shock como para otra brusca reacción ese día.

Yo: ¿Qué quieres? ¿Quién eres?

John: Soy John Lennon… tu ídolo.

Solté una carcajada mayúscula. ¿John, mi ídolo?

Yo: Sí claro, y yo soy Brigitte Bardot. Mi único ídolo es Elvis, así que deja de blasfemar y dime qué quieres.

La mirada de John se veía entristecida y grisácea. Me observaba con algo muy parecido a la decepción y la impotencia.

John: ¿En serio no te acuerdas de nada?

Yo: ¿De qué hablas? ¿Qué debería recordar? – pregunté ansiosa.  Sabía que no podía estar loca, en serio necesitaba recordar algo. Aunque, viniendo de una alucinación…

John negó con la cabeza y luego de soltar un enorme suspiro me miró fijamente.

John: No tiene importancia, o por lo menos no por ahora. Ya irás acordándote poco a poco… por ahora concéntrate en hacer que George entre a la banda de tu hermano… o sea mi banda… bueno, eso. No esperaba que tu presencia aquí alterara tanto las cosas, ya debería estar dentro de la banda hace bastante tiempo.

Yo: Wow, despacio. – tanta información estaba mareándome. ¿George? - ¿Se supone que George debe tocar con mi hermano? ¡Pero es un niño!

John: No le des vueltas, solo hazlo.

Yo: ¿Y qué se supone que haga? ¿Qué le diga a John que vengo del futuro y que ambos tienen que estar juntos para cambiar y revolucionar la historia de la música junto a McCartney y el adorable Richard, que se van a ir a Hamburgo, que van a ser la banda más exitosa del mundo y que…?

Me detuve en seco. ¿Que… qué? ¿QUÉ ACABABA DE DECIR? ¿Qué había sido todo eso?

John sonrió triunfal.

John: Algo de estímulo tenía que funcionar. Pero no seas dramática, estaba pensando en algo más… elaborado. Ya que estás de novia con tu hermano… o sea conmigo… - frunció los labios con evidente confusión – en fin, puedes usar eso como palanca para meterlo. ¿Qué te parece?

No podía conectar ideas. ¿Yo, del futuro? Bueno, en realidad tenía mucho sentido…

Yo: Olvídate de eso Lennon, no pienso usar…nos como excusa para meter al chico.

John: Recuerda que fue un trato de los DOS. Si incumples, no podré controlar lo que pasará después. Será un caos, tu propia existencia estará en riesgo…

Sacudí la cabeza con fastidio, esto estaba a punto de estallarme…

Yo: Déjame en paz, necesito pensar.

Cuando abrí los ojos ya no estaba… en realidad nada estaba. Todo era completamente negro.

(NARRA JOHN)

La actitud de Martha me había desconcertado por completo y estaba hirviendo de rabia. ¿Se había burlado de mí?

Paul: No consigues nada poniéndote así Lennon, déjala irse tranquila. – musitó sin separar la vista de la guitarra, de la cual casi no se veían las cuerdas debido a la oscuridad.

Yo: ¡Claro, como ella puede hacer lo que le entre en gana! – refunfuñé antes de dirigirme hacia él - ¿y qué tanto hacían aquí ustedes dos?

Paul levantó la vista y esbozó una sonrisa traviesa.

Paul: Al parecer te interesa mucho tu hermana… tal vez demasiado…

Yo: ¿De qué hablas? Es mi hermana, no permitiré que se meta con cualquier cara de bebé.

X: Vaya, vaya, pero mira quién es. Era cuestión de tiempo para que espantaras a tu hermana John, pero creo que esta vez batiste récord.

Yo: Cállate Aly, no te metas. – gruñí ante la interrupción. Paul soltó una carcajada que paró en seco frente a mi mirada asesina.

X: Está haciendo frío… deberíamos irnos, ¿no creen?

Paul: Claro George. Vamos. Adiós chicos, directo a la casa, ¿eh?

Aly esbozó una sonrisa y salimos caminando y cantando lentamente hacia la casa. El humo blanco de nuestras respiraciones se elevaba por  entre el frío de la noche en medio de nuestros chistes.

Aly: Mañana vuelvo a Londres… - soltó de improviso. La miré fijamente.

Yo: No puedes estar hablando en serio… ¡fue demasiado poco!

Aly: Lo sé, pero tengo que trabajar, a mi no me dan la comida en la boca. – se carcajeó. Yo también me reí.

Yo: Eres una estúpida Aly, ¿lo sabías?

Sin embargo, Aly no respondió, simplemente se quedó mirando hacia el vacío.

Yo: ¿Aly? – pregunté preocupado zarandeándola un poco. Nada.

Seguí la dirección de su mirada hacia un cuerpo extendido sobre la grava. Y no era cualquier persona.

Aly soltó un grito desgarrador, y ambos corrimos hacia el cuerpo inconsciente de Martha, que yacía tendido sin lógica alguno en medio de la carretera.

Aly: ¿Crees que esté herida? – preguntó angustiada mientras me observaba tomarle los signos vitales. Seguía viva.

Yo: No lo creo. – respondí secamente mientras la alzaba con cuidado, por las dudas.

Aly: Creo que es mejor llevarla a casa.

Yo: La tengo alzada Aly, ¿a dónde crees que la estoy llevando? – espeté con brusquedad. No me disculpé, ella tampoco se sintió ofendida, ambos sabíamos que lo último que se podía pedir en esos casos era cortesía.

Mientras caminábamos lo más rápido que podíamos, pasé mi mano por su rostro. Estaba pálida y helada, como un cadáver, pero bajo su delicada piel aún se veía palpitar la sangre por sus venas. No sabía cuánto tiempo llevaba así, pero si no la hacía entrar en calor pronto, moriría de hipotermia.

Yo: Aly, las llaves están en mi bolsillo, abre rápido.

Y sin siquiera replicar, abrió con agilidad, y entramos.

(NARRA MARTHA)

George, John, Beatles, Hamburgo, Nueva York.

La cabeza me daba tantas vueltas que terminé dejando de pensar en absoluto. No abrí los ojos, ni siquiera lo intenté. Estaba en un estado vegetal, a un paso de la muerte. Temía abrir los ojos y ver la luz que irremediablemente me llevaría hacia ella.

De repente, un calor excesivo se apoderó de mi cuerpo y abrí los ojos asustada.

Yo: ¿Qué… qué haces?

No respondió, se limito a subirme la blusa y acariciar mi abdomen con ansiedad, mientras besaba desesperadamente mi cuello.

Yo: ¡John!

Él respondió con un gemido y se acomodó sobre mí. No hice nada por impedírselo, seguía demasiado confundida, además, las caricias no eran desagradables en absoluto.

Mi falda reposaba en el suelo, haciéndole compañía a mi blusa y a su cinturón. Pronto, su pantalón y camisa terminaron allí también, junto con mi sostén.

Me aferré a su espalda con las uñas, mientras él me acomodaba de tal forma que fuera sencillo para ambos seguir sin incomodarnos demasiado, después de todo, la cama era muy estrecha. Era una cama, ¿cierto?
El último trozo de tela que me quedaba encima se deslizó con suavidad por mis caderas a un movimiento suyo. Yo hacía lo mismo desde mi lado. Era hora de…

John: Martha, corazón, abre los ojos. - susurró mordiéndome la oreja.


Yo: ¿John?

Interesante forma de hacerla entrar en calor, Johnny. 
No pregunten, no se nada, me obligaron (? D:

Disfruten de la intriga hasta el próximo ;)
Have fun.

jueves, 1 de agosto de 2013

Capítulo 28.

(NARRA JOHN)

Si bien mi objetivo era besarla a como diera lugar, me sorprendió mucho la pasión con la que ella me lo devolvía, como si nunca hubiera estado enojada. Fue un momento demasiado bueno para que durara.
De repente, la tenía desvanecida entre mis brazos, totalmente desconectada de este mundo luego de preguntarme quién era yo; cosa que todavía no acababa de entender. Pero eso no era importante justo ahora, realmente necesitaba idear algo pronto para hacerla volver en sí.

Abrí la puerta del baño y divisé su cama en medio de un desastre de cosas que definitivamente no eran de ella. Fruncí el ceño ante el desorden –que era increíblemente mayor que el mío- y arrastré a mi hermana-novia-loquesea hasta su cama, donde la recosté y la arropé con cuidado. Luego me senté en el borde y la miré por unos segundos.

Aún dormida, era simplemente adorable. Su piel de porcelana blanca relucía con los rayos de sol que se colaban entre las cortinas y sus ojos cerrados develaban una tranquilidad que probablemente no reflejaba sus sueños inquietos. Pasé mi mano lentamente por sus rizos dorados y me acerqué a su rostro para besarl…

X: ¿Martha? ¿Por qué te encierras en NUESTRA habitación?

Gruñí quedamente ante la interrupción de mi primer momento cursi y romántico y pregunté molesto:

Yo: ¿Qué quieres, Fernanda?

Fer: ¿John? ¿Qué haces ahí adentro? ¿Estás solo?

Yo: Claro que no, estoy con Martha. – resoplé, y me paré para quitarle el seguro a la puerta y encontrarme con una Fernanda que me miraba con los ojos entornados. Ni bien abrí la puerta, me empujó para pasar y una vez adentro, buscó a Martha con una ansiedad asesina. Su sorpresa fue mayúscula cuando la vio dormida.

Fer: ¿Qué hace Martha dormida? – preguntó confundida.

Yo: Se desmayó. Por eso estaba aquí, vine a dejarla en su cama.

Fer: Uhm, ¿y era necesario cerrar la puerta con seguro?

Me encogí de hombros, francamente no estaba con ánimos para pelear por trivialidades. Ella se  paseó por todo el cuarto sin inmutarse por el desorden y luego entrelazó sus manos detrás de mi cuello. Habría sido extraño para mi reputación rechazarla, así que no lo hice.

Fer: Bueno, ahora que ya cumpliste tu oficio de hermano mayor… ¿por qué no vamos un rato a Blackpool? Me lo prometiste.

Yo: ¿Blackpool? – suspiré meditándolo. No me apetecía pasar casi dos horas sólo de ida en tren con ella, pero por otra parte, sería tentar demasiado a la suerte si me negaba por segunda vez. Lo último que quería era soportar su furia. – Está bien, pero déjame alistarme al menos.

Ella frunció un poco los labios, pero me dejó ir.

Salí apresurado hacia la habitación de Aly, a la que encontré recostada mirando al cielo.

Yo: Ey Aly, ¿aprovechando productivamente tu tiempo?

Aly: ¿Qué quieres Lennon? – gruñó ella al verse interrumpida en el hilo de sus pensamientos.  Solté una risita.

Yo: Voy a salir con Fernanda, ¿puedes cuidar a Martha por mí? Se desmayó hace unos momentos.
Ella se incorporó de golpe y me miró entre furiosa y desconcertada.

Aly: ¿Qué? ¿Y aún así vas a salir con la z… sinvergüenza esa?

Yo: Por favor Aly, es mejor eso a que empiece a sospechar cosas que no son.

Pareció meditarlo unos segundos para finalmente soltar un suspiro irritado.

Aly: Esta bien, pero no te demores, no soy una niñera.

Fer: ¡JOHN, APÚRATE!

Pronuncié un “gracias” sin sonido antes de irme con la chica que estaba impaciente en la sala. Aly se limitó a voltear los ojos.

(NARRA MARTHA)

Mientras forzaba a mis ojos a acostumbrarse a la luz que provenía de algún lugar y de ubicarme espacialmente, mi cabeza no hacía más que darle vueltas a esa extraña visión. De repente tenía un montón de información para procesar, pero era una sensación como cuando sabes que olvidas algo pero no puedes definir exactamente qué.

Retazos de recuerdos de otros lugares me asfixiaban sin remedio, pero así de súbitamente como aparecieron, se esfumaron cuando de repente me desperté.

Yo: John… ¿John?

X: Martha, ¿estás bien?

Yo: Yo… - me incorporé y me ubiqué confusa. Ah, estaba en mi habitación. – Demonios… pasó otra vez, ¿no es así?

X: Sí, al parecer se te está volviendo costumbre. No lo hagas.

Yo: No es mi intención hacerlo… - suspiré, me sentía terriblemente cansada – me voy a volver loca, Aly ¿Dónde está John?

Aly: Emms, sí, eso… - miró a su alrededor incómoda- bueno, se fue a Blackpool con Fernanda.

¿Blackpool? Zorra. Idiota. Agh.

Yo: Bueno, supongo que se están divirtiendo mucho entonces. ¿Quieres salir a algún lado?

Aly: Claro.

Luego de arreglarnos apropiadamente, salimos sin destino fijo a caminar por Liverpool. Paseamos toda la tarde.

Yo: Bueno, bueno… así que me dejaste abandonada por Nick. ¿Qué tal fue eso?

Aly: Nada muy memorable, un chico común y corriente. Fue más bien aburrido, la verdad. Y te dejé porque estabas muy elevada con ese chico Paul, aunque por lo que me pude dar cuenta, volviste a tu mundo de fantasía con John…

No me esperaba una afirmación tan brusca en un momento tan imprevisto, así que el color subió a mis mejillas sin pudor alguno dejándome en total evidencia al recordar mi último beso. Aly soltó una carcajada.

Aly: Eres demasiado obvia, no puedo creer que Mimi todavía no sospeche nada.

Yo: Bueno ya, ¿por qué me trajiste hasta aquí? – gruñí cambiando de tema. Este pequeño parque era de los lugares que aún guardaba secretos para mí, y eso me molestaba un poco. Ella movió la cabeza con una sonrisa.

Aly: Me agrada este lugar, lo sabes.

Yo: Sí, pero también sabes que me confunde mucho.

Aly: Sí bueno, nunca supe porqué.

Yo: El último recuerdo de mis padres fue aquí… ellos estaban de aniversario y yo jugaba entre los árboles. De repente todo se volvió negro y lo siguiente que recuerdo son los ojos curiosos de John. ¿Sabes? Creo que me ha gustado desde siempre.

Ambas nos reímos y continuamos nuestro camino, estremeciéndome cuando pasé por el frente del cementerio. Las palabras de ese John diferente sobre el trato que teníamos empezaron a rondar por mi cabeza otra vez, y supe de inmediato que había una conexión entre eso y mi anterior vida. Tenía que haberla.

Aly: ¿Y cómo va la banda de tu hermano?

Yo: Ah, no sé, lo último que supe fue que ya queda la mitad de sus integrantes originales, a Davis lo reemplazaron, por ejemplo. – sonreí al recordar su cara cuando se enteró de que Paul había tomado su lugar – Aunque… bueno, anda algo abandonada desde lo de Julia, John está un poco desinteresado en eso... pero de lo último que dijo, creo que necesitan un guitarrista líder o algo así.

Aly: ¿Y a ti no te interesa nada musical?

Yo: No creo… nah, no es lo mío. Prefiero pintar.

Aly: Me imaginé. – nos reímos. De fondo, una guitarra rasgueaba “Bye Bye Love” con destreza, mientras unas voces armoniosas cantaban la canción. Nos acercamos hacia ellos deseando develar quiénes eran los virtuosos.

Lo último que me esperaba era encontrar a Paul y George tocando juntos.

George: ¿Qué hay chicas? Un gusto verlas.

Yo: Hola George. – saludé ignorando olímpicamente a Paul.

Aly: Hola chicos… no sabía que se conocían.

George: Sí, Paul es un chico de mi escuela... mayor obviamente - respondió frunciendo un poco el ceño.

Yo: Ah, ya veo... Así que sí tocas la guitarra.

George: Eh sí… - se sonrojó- hace un tiempo. Me gusta bastante.

Paul: Le dije a John que lo uniéramos a la banda, pero respondió que es demasiado joven. – murmuró sin separar los ojos de las cuerdas de la guitarra. – Claro que tengo un plan para eso, tanto talento no se puede desperdiciar.

Yo: ¿En serio? – le sonreí a un George avergonzado – Toca algo, vamos.

George lo dudó un momento, pero en seguida empezó a tocar el riff de “Raunchy” con tanta destreza que quedé boquiabierta.

Aly: ¡Pero si tocas excelente!

Yo: ¡Así es, eres increíble!

George esbozó una sonrisa brillante y nos invitó a sentarnos con ellos en el pasto, luego empezaron a tocar varias canciones  y nos unimos a ellos con entusiasmo.

A pesar de intentar con todas mis fuerzas evitar las miradas de Paul, era bastante complicado cuando él era el que insistía en encontrar la suya con la mía. Pronto, olvidé a nuestros acompañantes, deleitándome en su voz grave y seductora y en sus dedos finos recorriendo todo el diapasón de la guitarra. Cuando volví en mí, George y Aly se habían ido.

Yo: ¿Dónde están los otros? – pregunté frunciendo el ceño.

Paul: Se fueron hace un rato, dijeron algo de un té o algo así. – levantó su mirada para verme – Tienes una voz hermosa,  me encanta.

Me sonrojé apenada y sonreí tímidamente.

Yo: Bueno, la tuya no está nada mal.

Me respondió con una sonrisa y empezó con los primeros acordes de “I Need Your Love Tonight”. Me acerqué a él y cantamos a dúo una de mis canciones favoritas del Rey. Cuando la canción terminó, estaba oscureciendo y nuestros rostros estaban tan cerca que podía sentir su respiración en mi piel.

X: Vaya, vaya, pero mira quienes son. La pareja del año.

La voz sarcástica era reconocible en cualquier lugar del mundo. Levanté la vista separándome de Paul y me encontré con los ojos refulgentes de celos de John. Paul esbozó una sonrisa socarrona.

Paul: Hola John.

Él se acercó amenazante con intenciones no muy amigables, pero yo me levanté antes de que pudiera hacer nada. John se detuvo en seco.

John: ¿A dónde crees que vas?

Yo: No me apetece ver cómo se destrozan entre sí. Voy a casa John.

Y sin dejarlo reaccionar, me fui caminando ligeramente a través de la calle. Estaba por estallar de risa, la situación era tan ilógica que daba miedo. Y eso era muy divertido.

Bueno, aquí está el que sigue :D
Estoy publicando temprano, que raro :S

En fin, antes del resto de la nota, quiero aclarar. Sé que realmente, George se unió a la banda antes de la muerte de Julia, pero la emoción del momento y la relación incestuosa de  Martha y John nos distrajo un poco de la realidad. Así que perdón por el pequeño desliz histórico. 

Ahora síiiiii! Disfruten esto al máximo :)
Ah y Mary, perdón por no incluírte en los agradecimientos pasados, Mónica no me había dicho, pero bueno aquí está ^^

Love ya.

Lady Mary

lunes, 29 de julio de 2013

Who are you?

Yo: Deja de ser estúpido y pásame el libro. – gruñí hacia un inmutable Paul que se entretenía hojeando las páginas del libro que minutos antes me había arrebatado de las manos.  Todos mis esfuerzos por recuperarlo habían sido en vano, era demasiado fuerte para siquiera intentar vencerlo. Al menos físicamente.

Separó sus ojos avellana de las páginas del libro y me miró penetrante.

Paul: ¿Cómo puedes leer esto? Austen es basura.

Yo: Austen es una diosa, y si no te gusta, te agradecería que me lo devolvieras.

Él se sentó en mi cama al frente mío recostándose contra la pared, y dejó el libro a su lado, pero cuando intenté agarrarlo, detuvo mi mano bruscamente.

Paul: No tan rápido. Tenemos un asunto pendiente del que hablar. – musitó la última parte de la frase con un aire sombrío que me hizo apartar la mirada. – No me evites Martha, tenemos que hablarlo.

Yo: ¿Y de qué se supone que quieres hablar, eh? ¿De cómo te aprovechaste de mí y me quitaste la virginidad, de eso? – exclamé alterada. La situación estaba acabando con mis nervios.

Paul: Cálmate Martha, déjame hablar…

Yo: No, cállate McCartney y devuélveme el libro. No pienso dejar que me quites eso también.

Él se quedó pensativo dándole vueltas a mi desvencijada edición de “Sentido y Sensibilidad”.

Paul: Si me voy no te daré el libro, y si te lo doy, no me iré. – murmuró a modo de amenaza.

Enarqué una ceja indignada, pero lo último que quería era ponerme a pelear por un detalle irrelevante como ese.

Yo: Haz lo que quieras. – gruñí y saqué otro libro de mi estantería. Él exasperado, me agarró por las muñecas y las sostuvo con tanta fuerza que me dejó inmovilizada.

Paul: Escúchame. Yo recuerdo tanto o menos que tú, así que no tienes razones válidas para estar enojada conmigo de esa forma. Además, no era sobre eso que quería hablarte.

Yo: Me estás haciendo daño. – me quejé secamente. Él soltó mis muñecas, pero me tomó de la mano para evitar que me fuera. - ¿De qué más podrías querer hablarme?

Paul: De tus convulsiones extrañas, o lo que sea que te dio mientras estabas en mi casa. Estuve a punto de llamar a un hospital ¿sabías? Si tu intención era asustarme, créeme que lo lograste y mucho.

Cuando Paul dijo eso, me recordé vagamente contándole acerca de mis extraños sueños y todo lo relacionado con eso. No podía creer que me hubiera pasado eso en su casa, eso era el colmo de la mala suerte. Cerré mis ojos y suspiré.

Yo: Eso no es algo que te interese McCartney, pero puedes estar seguro de que no pasará otra vez en tu presencia.

Paul: ¿Y cómo sabes que no me interesa?

Abrí los ojos sorprendida y me encontré con los suyos a escasos centímetros de los míos, observándome con fijeza. Sus manos que aún sostenían las mías, apretaron mis dedos y nuestras respiraciones se aceleraron a la vez. Ahora más que nunca estaba segura de que todo esto estaba mal, no podía empezar a cambiar de sentimientos por personas tan rápido o terminaría explotando de un momento a otro. Estaba a punto de decir algo cuando esa neblina de privacidad se vino abajo.

X: Martha, ¿estás…? Demonios.

Paul se separó bruscamente de mi lado y levantándose con premura, salió casi corriendo de mi habitación.

Al otro lado, John me observaba con el ceño fruncido.

(NARRA JOHN)

El ensayo había acabado hacía mucho, y ya que ni Mimi ni Fernanda estaban, pensé en aprovechar el momento para aclarar las cosas con Martha. Mientras subía las escaleras, recordé que no había visto salir a Paul de la casa y con un mal presentimiento, apuré el paso para lo antes posible a su habitación.

Lo sabía.

Ahí estaban, separados por no más de cinco centímetros y con las manos entrelazadas. Se observaban como idiotas. Al verme, Paul se levantó con rapidez y salió de la habitación sin despedirse. Tampoco es que esperara que lo hiciera.

Martha: ¿Qué haces aquí?

Yo: ¿Qué hacía Paul aquí?

Ella dirigió su mirada hacia la silla de su escritorio, donde un juego de llaves reposaba sobre una arrugada blusa. Fruncí el ceño aún más con el recuerdo.

Yo: Ah, cierto que estabas jugando a ser la perra de Paul. ¿Qué tal te fue, cariño?

Ella apretó los puños y me miró con furia.

Martha: No creo que estés en posición de replicarme nada, estúpido. Además, no recuerdo nada de lo que pasó con McCartney, pero puedes estar seguro de que no se repetirá jamás.

Yo: ¿Pero de qué demonios hablas? – respondí totalmente perdido cuando mencionó lo pirmero. No tenía ni idea de a qué se refería.

Martha puso los ojos en blanco y se levantó de su cama, dirigiéndose hacia afuera.

Martha: Olvídalo, es obvio que no se puede hablar contigo. – se detuvo un momento para mirarme con ira mientras una lágrima se escurría por su mejilla – Y gracias por la sorpresa de cumpleaños, fue lo más horrible de mi vida.

Yo: ¿No te gustó la fiesta?

(NARRA MARTHA)

¿De verdad era tan estúpido o estaba fingiendo? Podía matarlo en este instante y no sentir ni una pizca de remordimiento por ello. Puse mi mano en mi rostro y musité vagamente:

Yo: Sal de aquí John, haz algo productivo.

Él no se movió, solo se quedó ahí, mirándome confundido y enojado. Suspiré.

Yo: Sé que quieres que te diga exactamente qué es lo que pasa, pero no seré yo la que te dé la respuesta que buscas tan explícitamente. Tendrás que deducirlo por tu cuenta.

Y ya que al final Paul terminó llevándose el libro, decidí ver algo de televisión para despejarme un rato. Este dilema iba a terminar matándome.

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Yo: Demonios. – maldije cuando al levantarme del incómodo sofá y estirar mi adolorida espalda, ésta crujió como si estuviera oxidada. No, era demasiado joven para ser tan vieja.

Subí perezosamente las escaleras hacia mi habitación, pero al abrir la puerta, casi me caigo hacia atrás. El lugar que horas antes había quedado perfectamente arreglado, estaba totalmente de cabeza, había cosas tiradas por el piso y un fuerte olor a alcohol inundaba todo el lugar. Arrugué la nariz y al descubrir la fuente de todo ese desorden negué la cabeza con fastidio y entré al baño para darme una ducha.

No llevaba ni una semana compartiendo habitación y ya no lo soportaba, me estaba volviendo loca. Tanto desorden no iba conmigo y si seguía así, terminaría tirándome por la ventana.

Mimi seguía intentando disuadirme de entrar a la escuela de artes, pero ya era todo un hecho, no había marcha atrás. Además, si no me dejaba, sabía que Stu me raptaría para que fuera.

Ya habían pasado unos cuantos días desde que había dejado de ir definitivamente a la escuela, y no tenía intenciones de entrar a la Escuela de Artes hasta que el semestre empezara.

Acabando de desayunar, fui directamente a hablar con Mimi, para arreglar ciertos asuntos que amenazaban con mi salud mental.

Yo: ¿Mimi?

Mimi: Martha cariño, ¿qué pasa?

Se me cruzó por un momento soltarle algo como “Estoy enamorada de mi hermano y perdí la virginidad con uno de sus amigos” pero el resultado sería caótico. Además, ya no estaba enamorada de mi hermano. O al menos eso esperaba.

Mimi: ¿Qué sucede?

Yo: Pues… no quiero sonar egoísta ni nada, pero…

Mimi: No quieres que Fernanda comparta cuarto contigo. Lo sé, se nota bastante.

Sonreí ante su perspicacia y asentí.

Mimi: Martha, lo entiendo, pero no puedo echarla así sin más, ya sabes que lo único que queda libre es el sótano y está repleto de basura.

“Pues le queda perfecto” pensé, pero de inmediato se me vino una idea que si bien me llevaría mucho tiempo, y sería bastante molesto al principio, me daría mucha más libertad de la que tenía incluso antes de que ella llegara.

Yo: No te preocupes Mimi, me acaba de llegar la solución.

Y dejándola confundida y mirándome como si en serio necesitara ayuda psicológica profesional, me fui a anotar la idea antes de que se me olvidara. Sin embargo no llegué a hacerlo.

Yo: ¿Eres idiota o qué?

John: ¿Y tú ciega? Deja de echarme toda la culpa estúpida, tú también chocaste conmigo.

Desde el suelo por el impacto, mirándonos como si de un momento a otro fuéramos a saltar para sacarnos los ojos, le gruñí amenazante. Mimi salió de su cuarto ante el alboroto y se quedó observándonos reprobatoriamente.

Mimi: Es increíble que estando tan grandes sigan tratándose así. Por un tiempo pensé que empezaban a quererse como debía ser.

Me sonrojé violentamente y John soltó una risa burlona, para luego levantarse y ayudarme a ponerme en pie. Una vez incorporada, me dirigí hacia el baño para observar la magnitud del golpe.

Unos brazos rodearon mi cintura, mientras que el cálido aliento de la misma persona me recorría el cuello.

John: Lo siento.

Sabía que no se refería solo al golpe, sino a toda la situación en general. Era su forma de pedir perdón sin exponerse demasiado. Por mi parte, estaba totalmente congelada, había olvidado cómo me seducía su contacto y justo en ese momento, en mi cabeza no podía hilvanarse un solo pensamiento medianamente coherente.

Al notar mi reacción, John cerró la puerta tras de él y me volteó para mirarlo, mi respiración era tan anormal que podrían haberme internado de urgencias en un hospital. Se acercó con cuidado y tomándome de la cintura otra vez, acercó sus labios a los míos. No hubo forma de resistirme.

Lo besé como no besaba a nadie en días, la ansiedad empezaba a carcomerme y esto fue bastante liberador. Mis manos se agarraban de su cabello con desesperación para atraerlo hacia mí, él por su parte, no se quedaba atrás y empezaba a ponerse agresivo.

Pero en el instante en el que me separé de él para tomar aire y me fijé en sus ojos, mi cabeza se fue totalmente. Un hombre que tenía los mismos rasgos de John pero más viejos, me miraba desde el otro lado penetrante y con una sonrisa burlona.

X: Bueno, no me esperaba esto en mi plan original… sólo espero que no olvides nuestro trato… lo prometiste y tienes que hacerme caer en cuenta de todo.

Yo: ¿Quién eres tú? – le pregunté a la nada, pues la imagen ya se había desvanecido del todo.

John: ¿De qué hablas? Soy yo, John, tu hermano. ¿Acaso estabas pensando en Paul o algo as…?

No le di tiempo para terminar la frase, a media palabra ya estaba totalmente desmayada en el suelo.

 SIIIII, SEGUIMOS VIVAS BITCHES!! 
Perdón por la tardanza, pero Mónica sufrió un bloqueo hace unas semanas y quedó totalmente en blanco, fue gracias a una amiga que nos sugirió la escena de Paul - Gracias Laura, sé que estás leyendo esto e.e- que volvimos a escena. 

En cuanto a mí, el capítulo estuvo en mi poder tres días -todo un récord- y justo hoy lo terminé, la razón... Wagner es un alemán irresistible y los profesores unos desmadre. 

Pero bueno, finalmente estamos aquí, Y ESPERAMOS SUS COMENTARIOSSS!!
:3 Sugerencias, dudas, reclamos y alabaciones, lo que deseen :D

Para terminar, les dejo el link del fic grupal que estamos haciendo con Mary, Mónica, Ary y Cassandra:


Si no lo leen no serán bienvenidos en el cielo del rock (?

Ya, disfrútenlo, el próximo está en camino ;)







lunes, 15 de julio de 2013

I'm Only Sleeping.

Era un vuelo sin rumbo conocido, se limitaba a dar vueltas en círculos sin un destino específico. O por lo menos eso le parecía a Martha. Salió al pasillo principal –aparentemente estaba en la cabina del capitán- y observó que era un completo desastre. Las hileras de sillas estaban sin ocupante, pero a juzgar por la apariencia, no habían estado vacías siempre.  Las cobijas estaban revueltas por todo el suelo, había peluches sin su niño, fichas de rompecabezas buscando su caja original y ropa de todas las clases y estilos regada caóticamente atravesando la longitud del avión. Pero lo más intrigante de todo eso, es que a Martha se la hacían familiares todas aquellas cosas… celulares, iPods, tecnología táctil…

Si de por sí la situación era desconcertante, su sentimiento de angustia se mezcló con el terror cuando al acercarse y observar detenidamente las cobijas, notó que había sangre en ellas. Empezó a respirar agitadamente y a buscar cualquier índice de vida en todo el lugar, pero no halló nada. De repente las luces se hicieron intermitentes y el avión empezó a moverse sin control. Aterrada y tratando de controlar el grito de pánico que amenazaba con salir de sus labios, se acercó a una ventana y contempló jadeante cómo un tornado empezaba a succionarla hacia su interior incierto.

Martha estaba por completo en un estado de shock, que no se hizo más amable cuando volvió su vista de nuevo hacia las paredes del avión, que de inmediato se vieron envueltas en escenas confusas y revueltas de su vida, escenas que se proyectaban sin compasión ante sus ojos y amenazaban por asfixiarla completamente en el mar de su angustia por haber tomado aquella decisión que al parecer había puesto su vida al revés.

El grito ahogado que salió desesperadamente de su boca se mezcló con la explosión de las turbinas, siguiéndole a eso la rápida extensión del fuego, que llevaba aquella nave a su destino fatídico.

(NARRA PAUL)

Yo: ¡Maldición Martha, despierta!

No era un día muy agradable que digamos. La sorpresa y el terror que me invadieron al ver a Martha desnuda en mi cama, habían sido relegados casi inmediatamente por la angustia de verla sacudirse de esa forma. Su cuerpo se arqueaba y tensaba sin control alguno y entre su respiración agitada soltaba frases inteligibles.

Había tratado de despertarla zarandeándola y gritándole, pero era inútil, parecía poseída por alguna clase de demonio. No sabía que más hacer para detener sus movimientos anormales y la desesperación me impulsó a apretarla contra la cama con mi cuerpo, para paralizarla por la fuerza.

Yo: Martha, despierta por favor. – supliqué en un susurro. Esto me estaba sacando de mis casillas.

Al parecer ese último intento había funcionado, por fin estaba quieta y su respiración recuperaba su curso natural. Me separé unos cuantos centímetros, temeroso de que volviera a convulsionar si tomaba más distancia.

La miré detenidamente. Sus largas y oscuras pestañas estaban moviéndose, como indicio de que despertaría pronto y sus labios entreabiertos murmuraban y suspiraban en silencio.

Me había acercado inconscientemente hacia ella, mi respiración se había acelerado paulatinamente y ahora estaba a punto de bes… ¿qué? ¡NO! La solté con brusquedad sobre la cama y me retiré espantado. No podía creer que casi había besado… eso.

Martha: Auch, eso dolió. – se quejó despertándose definitivamente. Se enderezó aún con los ojos cerrados y pasó una mano por su rubio cabello. Y entonces… abrió los ojos.  Me recorrió de arriba abajo con su mirada de color indefinido y…

Martha: Qué demonios… ¿PERO QUÉ HACES TÚ AQUÍ? – gritó histérica. Luego se percató de que estaba desnuda y se cubrió con la sábana avergonzada antes de recorrer el lugar en el que estaba con una evidente confusión y rabia. Después de convencerse de que no estaba en su habitación, volvió a verme.

Martha: Al menos cúbrete, McCartney. – gruñó y volteando los ojos, me puse la ropa interior. - ¿Dónde carajos estoy?

Yo: En mi cuarto, ¿en dónde más estarías? – respondí con igual rudeza. Ella me miró con el ceño fruncido.

Martha: ¿En mi casa, tal vez? ¿Disfrutando de mi colchón y vomitando a placer en mi baño? – se levantó con un bufido y empezó a vestirse. – ¿Puedes explicarme cómo llegué aquí? No recuerdo nada de lo que pasó anoche.

Paul: ¿Y tú crees que yo sí? Ni loco te habría traído por gusto propio si hubiera estado consciente.

Martha: Ah, ¿cómo? ¿Entonces no me raptaste, o algo así? No creo que haya venido por voluntad propia, no puedo creer que haya caído tan bajo.

Paul: Escúchame niñita – espeté tomándola de la muñeca.

Martha: No, tú escúchame a mí – interrumpió soltándose con ira – No sé qué pasó anoche y no me interesa recordarlo si eso incluye saber ésta parte de la historia. Ambos estábamos muy borrachos y por cuestiones del azar terminé en casa de un estúpido. Así que, si me permites, me iré a mi casa ahora mismo a fingir que nada de esto pasó. ¿Dónde demonios está mi blusa?

Al final terminó desesperándose y se dejó en la camiseta ligera que originalmente tenía bajo la blusa, se calzó y abrió la puerta para irse.

Yo: Espera, te acompaño a tu casa. – solté más por costumbres modales que por otra cosa. Ella me miró sarcástica.

Martha: Prefiero irme sola a tener que pasar otros cinco minutos contigo. Pero gracias, qué caballero McCartney.

Yo: Entonces aguántate el frío, porque mi chaqueta la dejas aquí.

Martha: De todos modos no me la iba a llevar.

Salió enojada y la seguí hasta la puerta. Justo antes de que se fuera, se volteó y me miró fijamente.

Martha: ¿Tú crees que lo hayamos hecho?

Me moría por responderle que sí para carcomerle la consciencia, pero me miraba con demasiada ansiedad como para mentirle de esa manera.

Yo: No lo sé. No recuerdo, pero lo más probable es que sí… ¿si no porqué estarías desnuda?

Ella se encogió de hombros y se fue. Suspiré cansinamente y subí a mi habitación para dormir algo más, la migraña estaba matándome. Olía a vómito y alcohol, pero no me interesó mucho. Ya limpiaría después.

(NARRA MARTHA)

Estaba muy enojada, como no lo había estado en mucho tiempo. Tenía rabia con Paul por haberme seducido estando ebria, con Aly por dejarme embriagarme de esa forma y conmigo misma por haber caído en ambas tentaciones. ¿Cómo había podido ser tan estúpida?

Rebuscaba en cada rincón de mi cabeza, pero no podía acordarme de nada luego de bailar con Alan… algo sobre John, pero podían ser alucinaciones mías. Eso me frustraba y me enojaba aún más, porque no podía estar segura de si había terminado acostándome con Paul o simplemente había caído ebria a la mitad de todo. Qué asco.

Además, apestaba a alcohol y sudor, tenía unas ojeras de miedo y mis piernas se negaban a caminar, si seguía así, terminaría llegando arrastrada a mi casa. Las personas me miraban raro –dada la cantidad, debía ser pasado el medio día- pero me daba bastante igual, sólo me interesaba llegar y echarme a dormir el resto de mi vida.

Cuando llegué, busqué mis llaves por todas partes, pero en seguida recordé que las traía en la blusa y por ende, no las tenía conmigo; así que arreglándomelas con lo primero que se me vino a la cabeza, entré por la ventana, que obviamente estaba abierta. Ni loca tocaría la puerta.

Me sorprendí un poco al descubrir que Fernanda no estaba en la habitación, aunque sus cosas seguían por todos lados. La única novedad era  su cama, que finalmente ocupaba el espacio que había reservado para ella. Le quité relevancia al asunto y me acosté en mi cama, cayendo en el sueño más placentero y profundo que había tenido hasta entonces.

Me despertaron unos golpes histéricos en la puerta, no entendía por qué simplemente no giraban la perilla y ya, no estaba con seguro. Me di la vuelta con un gruñido e ignoré los estruendosos golpes.

(NARRA ALY)

Estaba por derribar la puerta, porque la preocupación – y supongo que también la consciencia – me carcomía por dentro. No la veía desde la noche anterior y ni siquiera sabía si había llegado o se había ido con cualquier chico a… tener su propia fiesta privada. Me había devuelto a la casa con un John muy ebrio y luego de dejarlo en su habitación, me había acostado sin mayores remordimientos. Ah sí, Fernanda también venía con nosotros, más desmayada que despierta, pero ahí estaba. Todos a salvo, menos Martha.

John: Sólo gira la perilla, está abierta. – gruñó desde su posición recostado sobre la pared. Él también estaba impaciente por entrar y comprobar que su hermana había pasado la noche ahí.

Yo: ¿Cómo lo sabes?

John: ¿Olvidas que la conozco de toda la vida? Además, creo que está dormida aún.

Pero él no creía eso, y yo tampoco, no era probable que estuviera ahí. La cara de John mostraba ansiedad y algo de rabia, y no era para menos, luego de lo que me había confesado…

-FLASHBACK-

John: Mimi sale los Domingos.

Yo: Veo que no ha cambiado en mucho, entonces. – respondí mientras seguía comiendo concentrada sin prestarle demasiada atención a nada. Fue entonces cuando Martha vino a mi cabeza. Lo miré preocupada.

Yo: ¿Y Martha?

John: Se fue ayer con Paul, no sé si llegó o… está en otro lugar. – respondió frunciendo el ceño y apretando los puños.

Yo: ¿Y por qué tan preocupado por lo que hace tu hermana?

John: Bueno… es mi hermana… no quiero que se haga daño, es todo.

Yo: Ajá. – respondí sin convencerme. Me sospechaba hacía tiempo que eso no era todo. – Por favor, ¿crees que no me he fijado en cómo se miran?

John: ¿A qué te refieres? – inquirió incómodo.

Yo: John, creo que ambos somos lo suficientemente maduros como para entender que Martha no tiene ningún vínculo sanguíneo contigo y que han estado juntos desde siempre.

John: ¿Y eso qué?

Yo: Que en algún punto tenían que ceder.

Él desvió la mirada hacia el plato de cereal, que repentinamente se le hizo muy interesante. Yo insistí.

Yo: Tú y Martha tienen algo, ¿cierto?

Volvió su mirada a mí, y percibí el dolor en sus ojos. Eso me daba todas las respuestas que necesitaba.

Yo: Al carajo, vamos a despertarla.

-FIN FLASHBACK-

A pesar de la insistencia de John en que abriera la puerta por mí misma, yo quería que fuera Martha quien me abriera, para evitar decepcionarme en caso de que no estuviera ahí. Porque si de algo estaba segura era de que no había pasado la noche en su habitación.

Yo: Martha, abres la puerta o me como tus macarrones con queso… - canturreé mientras mecía tentadoramente su plato favorito al frente de la puerta. Nada. Bien, o estaba MUY  dormida, o simplemente no estaba ahí. Último intento.

Yo: Mmmh, están deliciosos. ¿John, quieres unos?

Fer: Yo si quiero. – interrumpió saliendo de la nada.

En ese instante se abrió la puerta y una mano me arrastró hacia adentro, cerrándole la puerta en las narices a John y dejándoles a él y a Fernanda el resto de la casa para ellos solos.

Martha: Dame los macarrones, muero de hambre. – gruñó y arrebatándomelos de la mano, se sentó en su cama a devorarlos.

Yo: ¿Dónde estabas?

Martha: Aquí. Estaba dormida. – respondió, mirándome perpleja.

Yo: Sí, lo que digas. ¿Dónde estabas antes de llegar aquí?

Ella terminó el plato y se volvió a acostar en su cama.

Martha: Quiero dormir.

Yo: Pero llevas todo el día durmiendo. ¿O no?

Martha: Ya lo sé idiota, pero necesito verme bien. Mañana haré algo que cambiará mi vida si todo sale como lo planeé.

Yo: ¿Qué tramas? – ella se encogió de hombros y se dio media vuelta para seguir durmiendo. Comprendí que no le sacaría nada más.

Yo: Stu llamó, dijo que traería tu cuadro más tarde, cuando viniera al ensayo.

(NARRA MARTHA)

Mi cuadro, el que había dejado abandonado en la mitad de la nada por culpa de John… casi lo había olvidado. Me volteé para verla mejor en cuanto mencionó la palabra “ensayo”.

Yo: ¿Vienen aquí? ¿Y a qué hora?

Aly: Como a las seis, creo. Sí, vienen porque aquí hay espacio y Mimi llegará hasta tarde, así que…

Miré el reloj y suspiré aliviada, aún tenía dos horas más de sueño.

Yo: Bien Aly, gracias por la información. Ahora, si me disculpas, creo que dormiré otro poco.

Aly: No quiero que duermas más, has dormido demasia…

X: ¡Aly, un tal Nick al teléfono!

Le sonreí victoriosa y apenas salió, volví a mi estado de vegetal, durmiendo como nunca lo había hecho.

(NARRA JOHN)

Aly salió luego de unos minutos para encontrarse con su adoradísimo Nick, y con Martha durmiendo, sólo me quedaba pasar el tiempo con Fernanda. Había algo en su actitud que me encantaba y casi me hacía olvidar por completo todo el drama que tenía con mi hermana, era como si me hipnotizara.
Luego de pasar las dos horas que faltaban para el ensayo en su compañía, se despidió besándome en la mejilla muy cerca a mi boca y yéndose a pasar otra noche loca al bar de ayer. Entonces empezaron a llegar los chicos.

X: ¿Qué hay Winnie? Luces horrible – soltó una sonrisa divertida - ¿Cómo está Martha? ¿Sigue pensando en mí? Dile que no dejo de pensarla, y soñarla y desearla…

Yo: Cierra la boca Shotton, está dormida, no fastidies.  – respondí entre divertido y celoso.

X: Hola John, ¿Martha está?

Yo: Está dormida Stu, déjale eso ahí. Luego se lo llevo.

Ya estaban todos, excepto Paul, lo que me sorprendió mucho porque era el más cumplido de todos. Eso me hizo sospechar…

Paul: Perdón por la tardanza, me quedé dormido – comentó apenas llegó, fatigado. - ¿Está Martha?

Yo: ¿Para qué la necesitas? – indagué entrecerrando los ojos. Él se encogió de hombros.

Paul: Dejó sus llaves y su blusa en mi casa.

Eso fue todo, hasta ahí había llegado lo poco que me quedaba de autocontrol. Le mandé un puñetazo directamente a la cara y lo tiré al suelo con fuerza.

Yo: ¿CÓMO PUDISTE METERTE CON ELLA, MALDITO BASTARDO? ¡VOY A VOLVERTE PEDAZOS!

Stu: John, déjalo en paz, él no te ha hecho nada.

Yo: Escúchame bien – gruñí acercándome a él y tomándolo del cuello de la camisa. – Vuelves a tocarle un cabello y te despides de tu vida. ¿Entendiste?

Él se soltó de mí con cierto fastidio y se levantó del piso, limpiándose la sangre con su manga.

Paul: Como digas. ¿Vamos a ensayar, o qué?

(NARRA MARTHA)

El estruendo era demasiado grande como para dormir tranquilamente, así que no tuve más opción que levantarme. Busqué mi pijama y me encerré en el baño, demorándome en la ducha todo lo que duró el ensayo. El agua tibia relajó mis músculos y me quitó el hediondo olor que me cubría.

Cuando salí, me vestí con el pijama y bajé al primer piso para buscar algo de comer. En la sala estaban los chicos terminando de ensayar y luego de saludarlos – algo realmente incómodo con Pete coqueteándome abiertamente, John dirigiéndole miradas asesinas y Paul rehuyendo mi mirada – seguí hasta la cocina y me preparé un enorme plato de cereal que me comí como si estuviera desnutrida.

X: Hola Martha.

Yo: Stu, hola. Aly dijo que traerías mi cuadro, perdón por abandonarlo en tu casa. – respondí con una sonrisa.

Stu: No hay problema cariño, seguro tenías cosas más importantes – sonrió encantadoramente- ¿Quieres que te lo ayude a subir?

Yo: No te preocupes, puedo hacerlo sola.

Acabé mi plato y subí con mi cuadro, dejándolo sobre la cama apenas llegué. Quería terminarlo, pero sería mejor si lo hacía de día, así que agarré un libro y me puse a leer. Todo iba relativamente en calma – a excepción del bullicio de los chicos y sus canciones – hasta que alguien golpeó la puerta.

Yo: Está abierto – musité aún perdida entre las páginas.

El extraño entró y se me quedó viendo en silencio. Levanté la mirada y fruncí el ceño.

Yo: ¿Qué quieres?

X: Nada en especial… solo venía a devolverte esto.

Yo: Déjalo por ahí, gracias. Luego lo recojo. – respondí volviendo a mi lectura sin darle demasiada importancia.

Hellow ^^ ¿Qué tal todo? Oh sí, capítulo largooo.

Nos sorprendió mucho que pensaran que Martha iba a quedar embarazada... ¡ni locas haríamos eso! O por lo menos no por ahora, creo que es mejor si se enreda sin un niño de por medio y como dijo Claudia, ya debía de existir el condón (?

Paul y Martha, según Aly, nuestra dibujante oficial - como dijo Vale ;D


Vale, por mi parte, disculpas aceptadas ;) Sí, yo también quiero que quede con John!!
Jajaja Claudia, eres una pervertida jajaja me encanta :3
Oww Cecilia, qué bien que comentas! 
Calma Lita, dudo mucho que muramos todos - si se dice muramos? rarooo- 
Y Aly, pues nada, vos dibujas bien desmadre. LOVE YOUUUU!

Bueno dulzuras del desierto (? Les dejo :3
Duerman mucho dearies, nos vemos ;)