domingo, 22 de septiembre de 2013

Capítulo 31

John me miró con profundidad. Noté sus ganas implacables de apretarme los dedos y abrazarme, de besarme el cuello y preguntarme al oído. Pero ahí estaba Vale. Menos mal.

John: ¿Ah sí? Dime quién es aquel guitarrista misterioso.

Yo: Es George Harrison, mi amigo.

Él soltó una risita divertida y miró hacia el horizonte una vez más.

John: Es un niño.

Aunque debí molestarme, en realidad solté una carcajada irónica. A pesar de ser tres años menor que John, George era bastante más hábil que él en la guitarra, y él además de perdérselo, lo estaba subestimando. John frunció un poco el ceño.

Yo: ¿Y eso qué? Si es mucho problema la edad, ve y consíguete a otro. Veo que es excesivamente fácil.

No contestó, pero apretó los dientes.

Yo: ¿Qué tal si vamos y le haces una audición? ¿O prefieres seguir escuchando tocar a tu grupo como basura?

John: Ey, te pasas. Ten cuidado. – gruñó amenazador, pero lo ignoré y me levanté con agilidad, extendiendo una mano hacia él.

Yo: Vamos.

Él miró mi mano perezosamente al principio, y luego deteniéndose examinando los detalles. Finalmente la tomó y se levantó.

Pasamos por la casa de Stu a dejar a la chiquilla – interrumpimos una escena romántica de la que John se burlaría por días – y nos encaminamos a la casa de George.

Nos encontramos con él antes de lo que esperábamos, y no estaba solo.

John: Vaya, vaya, no sabía que tomabas el bus McCartney. Así que no eres un chico tan mimado después de todo.

Paul nos miró, primero a John con una expresión burlona y luego a mí con una cara que no pude descifrar, pero que rayaba un poco en el odio.

Paul: Y yo pensé que tenías demasiado encaprichada a Martha como para dejarla salir… - soltó sarcásticamente. Me sujeté con fuerza del asiento más próximo, eso era pasarse.

John frunció el ceño.

John: Bueno, bueno, sin reproches cara de bebé. El punto es que me parece ideal habernos encontrado contigo y con George… esta chica encaprichada acababa de sugerirlo para integrarlo a la banda.

Fruncí el ceño, pero no fui la única. Paul también hizo lo mismo.

Paul: Yo también lo había dicho antes. ¿Por qué es diferente?

John: No te pongas celoso McCartney, la petición de una dama tiene más peso. – dijo con un tono fingido de caballero. Puse los ojos en blanco y Paul suspiró rindiéndose.

Paul: Bueno, supongo que es mejor que nada. Vamos George, saca tu guitarra.

Él nos miró un poco nervioso, pero le sonreí para darle ánimo y él me sonrió de vuelta, sacando la guitarra que reposaba a su lado poco después. John se percató de ese intercambio de sonrisas y endureció la mirada.

John: Bien, ¿qué tienes preparado? – soltó mordazmente. George notó ese cambio, pero lo ignoró para evitar ponerse aún más nervioso. En lugar de eso, empezó a tocar las primeras notas de una tonada que al instante reconocimos como “Raunchy”. La expresión dura de John se relajó casi de inmediato por el asombro.

Cuando terminó, nos miró expectante. John y Paul intercambiaron miradas y supe entonces que mi misión estaba cumplida. George en la banda era todo un hecho.

John: George, ¿te gustaría entrar en mi banda? – preguntó con un tono divertido. Él sonrió ampliamente.

George: No tienes ni que preguntarlo.

John: Bien entonces, mañana a las 5 en la casa de este idiota. – dijo señalando a Paul con el pulgar, quien le dio un codazo en las costillas que nos hizo reír a todos. Al oír mi risa, Paul se me quedó viendo unos instantes.

George: No faltaré.

**********************************************

Las últimas semanas se habían pasado tan rápido que me costaba un poco recordarlo todo al detalle, sin embargo podía hacerlo perfectamente; así de importante eran las cosas.

Había empezado mis clases en la escuela de artes y casualmente compartía clases con Stu, así que ahora pasábamos más tiempo juntos, creando y jugando con diferentes ideas que pasábamos de un cuadro a otro sin importarnos demasiado los derechos de autor. Bastantes de sus pinturas tenían brochazos míos, al igual que las que yo hacía tenían los suyos.

Pero no todo podía ser bueno, luego de casi morir en un accidente de tren en Londres, Fernanda había vuelto a Liverpool y empezado clases – ¡por fin! -, ocupando todo su tiempo libre en fastidiarme y coquetear con John, quien no mostraba ninguna señal de rechazo, cediendo ante sus caricias con facilidad.

Aunque pude darme cuenta luego de un tiempo que lo hacía para darme celos, pues nunca estaban juntos si yo no estaba presente, lo cual molestaba un poco a Fernanda, quien también se había dado cuenta de eso. Sin embargo yo no iba a caer tan fácilmente en sus engaños otra vez, así que para darles algo de privacidad, me había mudado al sótano de la casa – luego de limpiar casi compulsivamente y encontrar DE TODO ahí. – y ahora tenían todo el segundo piso para ellos. O bueno, casi todo.

Pero a pesar de todo me dolía. Después de esa fiebre memorable en la que me había desmayado a mitad de la calle y John me había recogido para luego dejarme en mi cama con mis pensamientos algo subidos de tono, las cosas no eran iguales. A pesar de haber sido solo una fantasía, extrañaba las caricias de John, sus besos febriles sobre mi imaginaria piel desnuda y me había convencido de que solo pasaría en mi mente, jamás en la vida real.

Pero bueno, cambiando de tema, por alguna extraña razón Stu se había dejado convencer por Paul y John de vender su mejor pintura y con el dinero comprar un bajo Hofner, para unirse a ellos a su banda. Cuando me enteré, lo había puteado hasta que ambos nos sentimos terribles y él prometió abandonar la banda y volver a la pintura, cosa que no hizo del todo, pues la banda atraía chicas, y obviamente, a él le encantaba eso. Pero sí se concentró más en la pintura, que se había vuelto su amante número uno.

La banda tocaba cada vez más seguido, mejorando cada vez más, aunque para mí seguían sonando un poco como basura. La verdad es que no le llegaban a los tobillos a otras bandas locales, y eso les daba bastante desventaja.

Sin embargo ahí estaba yo, sentada como tonta entre las chicas que los veían embelesadas mientras bebía un trago no demasiado fuerte, pero suficiente para hacerme olvidar las razones por las que estaba ahí, aburriéndome como nunca.

John me lanzaba miradas inquisitivas entre sus estupideces en el escenario – que les encantaban a las chicas, obvio – y sus improvisaciones bien hechas. Stu me daba la espalda, pero eso ya era usual y de hecho llamaba más la atención sobre él que sobre el resto de la banda.

X: Hola Martha.

Me volteé sorprendida, no esperaba encontrarme con nadie en especial, pero ahí estaba esa chica con cabello rubio artificial que a pesar de todo me agradaba bastante. Sonreí.

Yo: Hola Cyn, qué sorpresa. Pensé que no te gustaban este tipo de lugares.

Ella se encogió de hombros.

Cyn: Vengo cuando necesito relajarme un poco.

Sonreí irónica, era curioso que viniera a “relajarse” a un lugar donde la estridencia era su principal cualidad. No, ella venía aquí por John, porque él le coqueteaba y a ella le gustaba eso, se había tinturado el cabello solo para llamar su atención.

La había conocido pocos días después de iniciar clases, era agradable y educada, y según John “muy Brigitte Bardot si se tinturara el pelo”, cosa que hizo poco después, sin embargo no era un riesgo. La diferencia entre su personalidad y la de John eran infinitas y el simple hecho de imaginármelos juntos me causaba risa. Pero igual a él le gustaba. Y… no, no tenía porqué importarme eso.

Platicamos un buen rato hasta que los chicos se hartaron de tocar y ella nerviosa ante las miradas de John se había ido. Por mi parte, estaba algo cansada de todo ese ambiente, así que salí un rato a tomar algo de aire, y me acordé de John. Pero no de "mi" John, sino del otro John, el fantasma, la visión extraña.

Encendí un cigarrillo y me lo llevé a los labios con tranquilidad. Ahora fumaba gracias a John, qué irresponsable.

Ya no me visitaba. No lo hacía y eso me frustraba, porque así fuera viejo, él me seguía gustando inmensamente y su sonrisa irónica me ponía por las nubes. Pero desde que George había ingresado en la banda solo había aparecido un par de veces para que intentara sacar a Stu de ahí, cosa que por mis propios medios ya había intentado sin mucho éxito.

Mis padres ya no volvieron más en mis sueños. En su lugar, ahora había una chiquilla de ojos claros que me parecía muy familiar… demonios.

Una hoja rebelde de papel se había separado del suelo y se me había estampado en el rostro. Estaba a punto de tirarlo, cuando hallé un nombre familiar en el folleto. Alan Williams… ¿no era el gerente o algo así de la banda de mi hermano?

Entreabrí los labios con sorpresa al leer el resto del anuncio y apagué el cigarrillo contra la acera antes de entrar al local para hablar con los chicos. Paul y John me divisaron de inmediato y Paul no pudo ocultar un gesto de estupefacción al verme. En mi mente me pregunté por qué haría eso, pero no tenía tiempo para nimiedades, y busqué con la mirada la de John, encontrándola casi en el acto. Me miraba de arriba abajo, mi vestido nuevo resaltaba mis curvas más de lo normal.

Paul: Martha… pensamos que no habías venido. – apenas dijo Paul.

John: Yo ya sabía que estabas aquí. – respondió guiñándome un ojo.

Yo: Sí, sí, salí un momento a tomar aire. – dije abanicándome teatralmente con el folleto que tenía entre mis dedos fríos. John intentó arrebatármelo sin mucho éxito.

John: ¿Qué traes entre manos? Literalmente. – preguntó dándoselas de ingenioso.

Yo: Oh, no es nada, solo basura que encontré en la calle. – solté restándole importancia, pero esbozando una sonrisa misteriosa.

John: Deja de jugar niña, y pásame ese papel.

Le pasé la hoja y vi cómo a medida que leía, su rostro se iba iluminando. Terminó de leer y me miró con una mezcla de emociones palpables en su rostro.

John: Eso es, hermanita.

Y así casi de la nada, me tomó de la cintura con fuerza y me besó en frente de todos.

La sorpresa y el terror se habían apoderado de mí, quitándole todo lo romántico que pudo haber sido al gesto que él acababa de hacer e impidiéndome devolverle el beso, que duró poco más de unos segundos.

Cuando finalmente me soltó, lo miré aterrada, y luego al resto de la banda. Paul tenía una expresión de sorpresa tan exagerada, que su maxilar inferior pudo haber tocado el suelo sin problemas. George nos miraba reprobatorios, pero igualmente sorprendido. Shotton, que aunque ya no era parte de la banda ahí estaba, parecía a punto de golpearse para probar que no era una alucinación suya, al igual que Stu. Jadeé al ver las proporciones de lo que había desencadenado.

Pete: ¡John! ¡Es tu hermana! – gruñó celoso. Él se encogió de hombros.

John: No de sangre.

Stu: Sigue siendo extraño… - musitó Stu sin recuperarse del todo. Paul había fruncido el ceño casi por completo y nos miraba con ganas de asesinarnos. Interpreté eso como miedo a que John ya no tuviera más tiempo para ellos.

John: Me da igual, es mi chica y punto. – sentenció con firmeza, una firmeza que me desestabilizó por completo. Nunca había dicho eso antes. – Pero bueno, no hay que salir del tema. Nuestro querido Alan nos ha conseguido trabajo en Hamburgo, señores.

Y dicho eso, les mostró el papel al resto del reducido grupo. El folleto anunciaba una convocatoria, Alan Williams quería enviar a un grupo a Hamburgo, y como era conocido de John y en general de lo que ahora llamaban “The Beatles” – idea de Stu -, era más que seguro que ellos serían los seleccionados.

La estupefacción inicial por el beso se vio pronto reemplazada por la euforia que la noticia les provocaba, dándoles una razón coherente para quedarse a celebrar – cosa que hubieran hecho de todas formas – y a disfrutar de la noticia.

Despidiéndome entre felicitaciones – y un disimulado beso en los labios que Pete no pudo resistir darme -, me fui del lugar, esperando poder despejar mi mente y preguntarme con calma si eso habría sido el destino o solo otra casualidad. Aunque no serviría de mucho, podría haber sido obra de un plato de espagueti flotante y ni me habría dado por enterada.

X: ¡MARTHA, ESPERA!

La voz que más deseaba escuchar con todas mis fuerzas acababa de llamarme, así que al inicio pensé que era solo un espejismo y seguí caminando sin inmutarme hasta que unas frías manos que a pesar de todo ya conocía bien, me tomaron por los hombros.

X: Martha, necesitamos hablar.

Me encogí de hombros ocultado el estremecimiento que me provocaba la voz de John en mi oído y seguí caminando con él a mi lado sin responderle nada inmediatamente. Luego de unos segundos lo miré.

Yo: ¿De qué quieres hablar?

Esta vez fue él quien no respondió, pero empezó a guiar mis pasos hacia un lugar que reconocí poco después al darnos casi de frente contra un gigantesco portón rojo.

John: Las damas primero.

Lo miré sarcástica y con algo de ayuda, lo salté. Él me siguió poco después y caminamos sin rumbo por las amplias praderas de Strawberry Field entre el frío casi nevoso de la noche.

John: Tenemos que hablar sobre nosotros.

Lo presentía, ya sabía qué responder en ese caso.

Yo: No hay un nosotros John, eso lo has dejado bastante claro otras veces. – susurré. Él me miró frunciendo el ceño.

John: ¿Lo dices por Fernanda?

Yo: Claro que no, puedes hacer con ella lo que se te antoje. Desde que follaron en mi cama en mi cumpleaños sé que es algo que no puedo evitar. Y que de todas formas no me importa.

Él se detuvo y me miró estupefacto.

John: ¿Qué?

Lo miré impaciente, esto no era algo de lo que esperaba hablar cuando me desperté esta mañana. Seguía doliendo.

Yo: ¿No te acuerdas? Fue uno de los momentos más… incómodos de mi vida. – solté cualquier palabra, pero él sabía que me dolía. Él seguía con esa mirada incrédula en el rostro.

John: Yo… no recuerdo nada. Demonios, ahora todo tiene sentido. – gruñó furioso consigo mismo, pero yo seguí caminando, ignorando sus auto reproches. Él me siguió poco después.

John: ¿Y? ¿Ahí termina todo? – casi me gritó. Pateé una piedrita.

Yo: ¿Recuerdas cuando te pregunté el tipo de relación que teníamos? – musité quedamente.

John: Sí. – respondió apretando los dientes.

Yo: No me respondiste nada. No supe cómo interpretar eso al inicio, pero ahora lo sé. No somos nada John, solo familia, y que yo sepa, la familia no tiene sexo entre ellos. Así que… sí, aquí termina todo. Y eres libre de estar con Fernanda lo que quieras, aunque ya lo estás.

Aceleré el paso, para que no se fijara en mis ojos que amenazaban con lagrimear pronto. No oí pasos detrás de mí, lo que me partió un poco más el corazón. Me dejaba. Lo estaba dejando y él igual me dejaba. Qué estúpida.

Estaba empezando a correr cuando un brazo fuerte me detuvo en mi carrera. Miré al dueño de ese brazo con los ojos empañados. Él me miraba con una mirada igualmente a punto de llorar. No lo había visto llorar desde Julia. No era normal nada de esto.

John: No quiero que esto acabe aquí. No estoy con Fernanda, la dejaré si quieres, dejaré de mirarla si eso te hace feliz. Pero no me dejes por favor, no lo hagas. Te necesito. Te amo.

No pude. Quise hacerlo con todas mis fuerzas, pero no pude salir a correr. Esas últimas palabras las había dicho con tanta firmeza, con tanta posesión que no podían ser más sino verdaderas. Recordé su beso horas antes, cómo afirmaba que yo era su chica frente a todo el mundo. No podía dejarlo, no ahora, no nunca.

Yo: Yo también te amo, John. – me rendí cayendo entre sus brazos y besándolo desesperadamente.

No lo besaba hacía semanas, parte de mí lo había deseado todas las noches que recordaba el roce de su piel contra la mía pero no lo había tenido tan cerca desde hacía tanto…

Ahora no había nada que pudiera detener lo que estaba a punto de pasar, a la mierda dónde estábamos, ni la hora, ni el clima, nada podía pararlo. Ni siquiera yo.

Sus manos me acariciaron por sobre el vestido y rozaron mis senos, arañé su cuello para que besara el mío y ambos caímos al suelo. Ni siquiera nos percatamos de eso.

John: ¿Segura? – musitó antes de bajarme el cierre del vestido totalmente.

Yo: No lo arruines con cursilerías John, no es lo tuyo. – gruñí entre gemidos mientras le bajaba el pantalón.

 Él sonrió complacido con mi respuesta y me arrancó el vestido de golpe.


La luna iluminó el lugar, la amante y musa de los poetas aprobó nuestro idilio. 

Mis queridas, hemos vuelto y puedo asegurarles que este final no termina aquí. El próximo tendrá lo que le faltó a este :ifyouknowwhatImean: y... muchas más sorpresas.

Y esque después de desaparecer una eternidad, Mónica volvió super recargada y tengo un montón de hojas por transcribir. Así que... considérense afortunadas (?

¡Bienvenida Jackie!

Y no sé, ya tengo el otro listo, si comentan y se portan bien, tal vez lo suba antes del lunes...

Y para las que aún no lo sepan, he empezado a escribir mi propio fan fic algo más extraño y retorcido que este -no, el incesto no lo supera nadie e.e- pero pasen un rato si les place:

Happiness is a Warm Gun


Cuídense :D

sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 30.

(Narra Martha)

El sol se colaba por entre las cortinas y caía en suaves matices sobre el cabello revuelto de John, que dormía profundamente a mi lado. Se notaba que no iba a despertar pronto, el cansancio era casi tangible.
Con cuidado y tratando de no despertarlo, pasé por sobre él hacia la ducha.

No recordaba nada. Tampoco era que importara. Él estaba ahí conmigo y punto.

(Narra John):

Luego de haberla dejado en su cama, me recosté a su lado para acompañarla el resto de la noche. Tuvo sueños intensos, me llamaba por mi nombre y yo intentaba despertarla, sin mucho resultado. Al final, y luego de una noche agitada, me quedé dormido a su lado.

Los golpes frenéticos en la puerta me despertaron de mi sopor y abrí bastante molesto.

Yo: ¿Qué?

X: ¿John? ¡¿Qué haces aquí?!

La voz  agitada de Fernanda me sacudió el sueño que quedaba.

Yo: Fer, mi hermana estaba enferma, le hice compañía mientras se recuperaba, es todo.

Fer: Ajá… - no lucía muy convencida – Bueno, no importa. Venía a buscar mis cosas, porque Aly ya se va y yo me voy con ella.

Yo: Wow, despacio nena. ¿Te vas? ¿Con Aly? No puedes, estás de intercambio aquí en Liverpool.
Fer: Bah, por una semana no voy a perder el semestre. Además Londres es una oferta demasiado tentadora como para no aceptarla. ¿Por qué? – empezó a juguetear con el cuello de mi camisa - ¿Vas a extrañarme?

Carraspeé y salí al corredor algo incómodo.

Yo: Ehm… voy a despedirme de Aly.

Me encaminé hacia las escaleras, sin embargo pronto estuve contra la pared, frenado por la increíble fuerza de la chica. Sí que era fuerte.

Fer: No voy a irme sin despedirme adecuadamente, Johnny. No puedo permitir que te olvides de  mí. – susurró provocativamente en mi oído, antes de tomarme por el cuello y besarme con pasión.

No me esforcé en resistirme y le devolví el beso con una sonrisa traviesa. Chica ruda, sexy. Las cosas empezaban a salirse de control cuando de repente se abrió la puerta del baño de la habitación.

Los ojos gatunos de Martha nos miraban entre el vapor acusadoramente.

(Narra Martha):

Ah, con un carajo. Ya estaba harta de la bipolaridad de John y lo que vi en ese momento no me sorprendió demasiado, aunque sí me afectó por los pensamientos que habían surgido al verlo a mi lado esa mañana. Nada había cambiado, seguía siendo igual.

Ellos estaban en el corredor, así que me limité a saludarlos con un asentimiento de cabeza mientras les cerraba la puerta en la cara.

Lo único que debía importarme ahora era hacer entrar a George a la banda, tal y como se lo había prometido a John. Bueno, el otro John. Estúpida confusión.

Bajé a la cocina una vez estuve lista. En el corredor no había ni pista de ellos.

Luego de prepararme el desayuno, salí distraídamente casi tropezándome con las maletas que estaban regadas por toda la sala. Espera… ¿maletas?

Aly: Veo que la bella durmiente ha despertado. – soltó ella acercándose sonriente - Nos diste un buen susto anoche mujer, deberías hacerte revisar en serio.

Yo: ¿Aly? ¿Por qué están estas maletas aquí?

Ella me miró con nostalgia.

Aly: Porque hoy me voy Martha. Ya te lo había dicho.

No atiné a más que abrazarla. Tenerla de vuelta por las viejas calles de Liverpool había sido un gran alivio esos días y ahora la realidad de que no estuviera más me atacaba con fuerza. La iba a extrañar mucho.

Aly: Ehm… me estoy quedando sin aire.

Yo: Lo siento, - respondí soltándola. Tenía los ojos llorosos. – Es solo que no quiero que te vayas, estúpida.

Aly: No te pongas sentimental ahora Martha, es algo que tengo que hacer. Además míralo por el lado bueno, voy a estar más cerca que antes. Y… tendrás a John solo para ti unas semanas porque me llevaré a Fernanda conmigo – añadió guiñándome el ojo.

La miré sorprendida y ella asintió sonriente. Luego de que terminara mi desayuno, encendí la televisión y la vimos por un rato, dejando que los pensamientos vagaran sin rumbo entre las lagunas mentales.

Yo: Hey, hablando de ellos… ¿dónde están?

Ella se encogió de hombros.

Aly: No lo sé, ella fue a buscar sus maletas hace como media hora.

Yo: Uhm, es todo lo que se necesita. John debe estar por acabar, bajarán en un instante. – respondí cínicamente restándole importancia. Ella me miró boquiabierta.

Aly: ¿No te interesa que tu hermano se esté tirando a tu compañera de cuarto justo un piso arriba de nosotras?

Yo: La zorra se va, es obvio que necesita subir su autoestima un poco antes. – dije por toda respuesta. 

Minutos después, el taconeo escandaloso de Fernanda se escuchaba por las escaleras. John bajaba tras ella con sus maletas y una sonrisa idiota en su cara. Puse los ojos en blanco y apagué la televisión para darle el último abrazo a Aly.

Yo: Espero encontrarte de nuevo.

Aly: Sé que nos encontraremos, no tienes que dudarlo ni por un segundo.

Y luego de las despedidas normales y formales – Fernanda musitó un frío “adiós” para mí. – se fueron definitivamente.

Sin dirigirle palabra a John, salí de la casa. Mis días de vagancia estaban por acabar, el nuevo semestre empezaría pronto, así que decidí pasar por la casa de Stu a visitarlo. Mi sorpresa fue cuando me encontré a mí misma corriendo por el muelle con Valentina a mi lado. Stuart me había mandado pasearla como si fuera un perro mientras él se entretenía pintando a su nueva novia. Era la chica de la tienda de pinturas.

Al final, nos sentamos a orillas del mar, mirando hacia el infinito. Un hombre se sentó a su lado.

X: Así que tu eres el demonio de Stuart que se le apareció de la nada. Un placer conocerte, soy John Lennon. ¿Fumas? – terminó con una sonrisa burlona, sacando su cajetilla del bolsillo y ofreciéndole uno.

Yo: Cálmate John, no todos tenemos esas ganas suicidas de destrozarnos los pulmones.

Él se encogió de hombros y siguió mirando hacia el horizonte. Un barco zarpaba en ese preciso instante.

Vale: John, ¿te imaginas hacia dónde puede ir ese barco?

John: Uhm, a ver preciosa… me imagino que a Estados Unidos. Todo lo bueno va a Estados Unidos, algún día yo también iré.

Yo: Si sigues tonteando de esa manera, lo dudo mucho. Es de verdad, ponle seriedad a la banda o a los estudios, pero estás descuidando ambos.

Él frunció el ceño.

John: Ya sé lo que debo hacer… pero justo ahora nadie se toma la banda en serio. Es complicado así.

Yo: Ah, qué coincidencia, conozco a un excelente guitarrista que podría ayudarte…

 Mátenme por subir tan tarde, me puse a ver a Hugh Grant actuando de Primer Ministro de Reino Unido y me embobé.
Disfruten el capítulo, Mónica prometió uno más largo y más pronto. ¡MÁS VALE, MÓNICA!

Enjoy.

jueves, 15 de agosto de 2013

Girl, you know the reason why.

(NARRA MARTHA)

A pesar de que le había dicho a John que iba a ir a casa, no fui directamente allí. Casi por inercia, me encontraba recorriendo las oscuras calles en medio de mis pensamientos alborotados. No sabía con exactitud hacia dónde iba, pero francamente, me importaba muy poco. Sólo quería sacarme de la cabeza todo ese olor a recuerdos, a memorias sin leer, a John Lennon.

Porque aún en mis alucinaciones, seguía siendo él, seguía gustándome y me frustraba saber que no podía recordar ese trato que al parecer teníamos. Demonios.

Por alguna extraña razón, cuando levanté la cabeza para ubicarme me encontré de frente con el portón de mi casa. Le quité relevancia al asunto y entré sin mucha presentación, dirigiéndome hacia mi – ejém, “nuestro” – cuarto, que seguía estando en un desorden caótico.

Pero era muy tarde para ordenar… y muy temprano para dormir, así que me limité a recostarme en mi cama y observar la calle vacía que se veía de mi ventana. Nunc a me había puesto a pensar en lo árida que podía ser la cuadra, aún más cuando el punto más desértico era mi pensamiento.

¿Qué era real y qué no?

X: ¿Estás poseída o algo? Muévete al menos.

Dando un respingo, me giré hacia la fuente de aquella molesta voz que había interrumpido mis inservibles y estancados pensamientos.

Yo: Pensé que estabas con John…

Fernanda se encogió de hombros y luego de tomar la chaqueta por la que había ido, se fue de allí, dejándome de nuevo sola con mis cavilaciones.

De repente, un frío con sabor a música revolucionaria me recorrió todo el cuerpo.

X: ¿Por qué lo piensas tanto?

Observé los ojos curiosos de esa extraña versión de John sin sorprenderme demasiado. Creo que estaba bastante en shock como para otra brusca reacción ese día.

Yo: ¿Qué quieres? ¿Quién eres?

John: Soy John Lennon… tu ídolo.

Solté una carcajada mayúscula. ¿John, mi ídolo?

Yo: Sí claro, y yo soy Brigitte Bardot. Mi único ídolo es Elvis, así que deja de blasfemar y dime qué quieres.

La mirada de John se veía entristecida y grisácea. Me observaba con algo muy parecido a la decepción y la impotencia.

John: ¿En serio no te acuerdas de nada?

Yo: ¿De qué hablas? ¿Qué debería recordar? – pregunté ansiosa.  Sabía que no podía estar loca, en serio necesitaba recordar algo. Aunque, viniendo de una alucinación…

John negó con la cabeza y luego de soltar un enorme suspiro me miró fijamente.

John: No tiene importancia, o por lo menos no por ahora. Ya irás acordándote poco a poco… por ahora concéntrate en hacer que George entre a la banda de tu hermano… o sea mi banda… bueno, eso. No esperaba que tu presencia aquí alterara tanto las cosas, ya debería estar dentro de la banda hace bastante tiempo.

Yo: Wow, despacio. – tanta información estaba mareándome. ¿George? - ¿Se supone que George debe tocar con mi hermano? ¡Pero es un niño!

John: No le des vueltas, solo hazlo.

Yo: ¿Y qué se supone que haga? ¿Qué le diga a John que vengo del futuro y que ambos tienen que estar juntos para cambiar y revolucionar la historia de la música junto a McCartney y el adorable Richard, que se van a ir a Hamburgo, que van a ser la banda más exitosa del mundo y que…?

Me detuve en seco. ¿Que… qué? ¿QUÉ ACABABA DE DECIR? ¿Qué había sido todo eso?

John sonrió triunfal.

John: Algo de estímulo tenía que funcionar. Pero no seas dramática, estaba pensando en algo más… elaborado. Ya que estás de novia con tu hermano… o sea conmigo… - frunció los labios con evidente confusión – en fin, puedes usar eso como palanca para meterlo. ¿Qué te parece?

No podía conectar ideas. ¿Yo, del futuro? Bueno, en realidad tenía mucho sentido…

Yo: Olvídate de eso Lennon, no pienso usar…nos como excusa para meter al chico.

John: Recuerda que fue un trato de los DOS. Si incumples, no podré controlar lo que pasará después. Será un caos, tu propia existencia estará en riesgo…

Sacudí la cabeza con fastidio, esto estaba a punto de estallarme…

Yo: Déjame en paz, necesito pensar.

Cuando abrí los ojos ya no estaba… en realidad nada estaba. Todo era completamente negro.

(NARRA JOHN)

La actitud de Martha me había desconcertado por completo y estaba hirviendo de rabia. ¿Se había burlado de mí?

Paul: No consigues nada poniéndote así Lennon, déjala irse tranquila. – musitó sin separar la vista de la guitarra, de la cual casi no se veían las cuerdas debido a la oscuridad.

Yo: ¡Claro, como ella puede hacer lo que le entre en gana! – refunfuñé antes de dirigirme hacia él - ¿y qué tanto hacían aquí ustedes dos?

Paul levantó la vista y esbozó una sonrisa traviesa.

Paul: Al parecer te interesa mucho tu hermana… tal vez demasiado…

Yo: ¿De qué hablas? Es mi hermana, no permitiré que se meta con cualquier cara de bebé.

X: Vaya, vaya, pero mira quién es. Era cuestión de tiempo para que espantaras a tu hermana John, pero creo que esta vez batiste récord.

Yo: Cállate Aly, no te metas. – gruñí ante la interrupción. Paul soltó una carcajada que paró en seco frente a mi mirada asesina.

X: Está haciendo frío… deberíamos irnos, ¿no creen?

Paul: Claro George. Vamos. Adiós chicos, directo a la casa, ¿eh?

Aly esbozó una sonrisa y salimos caminando y cantando lentamente hacia la casa. El humo blanco de nuestras respiraciones se elevaba por  entre el frío de la noche en medio de nuestros chistes.

Aly: Mañana vuelvo a Londres… - soltó de improviso. La miré fijamente.

Yo: No puedes estar hablando en serio… ¡fue demasiado poco!

Aly: Lo sé, pero tengo que trabajar, a mi no me dan la comida en la boca. – se carcajeó. Yo también me reí.

Yo: Eres una estúpida Aly, ¿lo sabías?

Sin embargo, Aly no respondió, simplemente se quedó mirando hacia el vacío.

Yo: ¿Aly? – pregunté preocupado zarandeándola un poco. Nada.

Seguí la dirección de su mirada hacia un cuerpo extendido sobre la grava. Y no era cualquier persona.

Aly soltó un grito desgarrador, y ambos corrimos hacia el cuerpo inconsciente de Martha, que yacía tendido sin lógica alguno en medio de la carretera.

Aly: ¿Crees que esté herida? – preguntó angustiada mientras me observaba tomarle los signos vitales. Seguía viva.

Yo: No lo creo. – respondí secamente mientras la alzaba con cuidado, por las dudas.

Aly: Creo que es mejor llevarla a casa.

Yo: La tengo alzada Aly, ¿a dónde crees que la estoy llevando? – espeté con brusquedad. No me disculpé, ella tampoco se sintió ofendida, ambos sabíamos que lo último que se podía pedir en esos casos era cortesía.

Mientras caminábamos lo más rápido que podíamos, pasé mi mano por su rostro. Estaba pálida y helada, como un cadáver, pero bajo su delicada piel aún se veía palpitar la sangre por sus venas. No sabía cuánto tiempo llevaba así, pero si no la hacía entrar en calor pronto, moriría de hipotermia.

Yo: Aly, las llaves están en mi bolsillo, abre rápido.

Y sin siquiera replicar, abrió con agilidad, y entramos.

(NARRA MARTHA)

George, John, Beatles, Hamburgo, Nueva York.

La cabeza me daba tantas vueltas que terminé dejando de pensar en absoluto. No abrí los ojos, ni siquiera lo intenté. Estaba en un estado vegetal, a un paso de la muerte. Temía abrir los ojos y ver la luz que irremediablemente me llevaría hacia ella.

De repente, un calor excesivo se apoderó de mi cuerpo y abrí los ojos asustada.

Yo: ¿Qué… qué haces?

No respondió, se limito a subirme la blusa y acariciar mi abdomen con ansiedad, mientras besaba desesperadamente mi cuello.

Yo: ¡John!

Él respondió con un gemido y se acomodó sobre mí. No hice nada por impedírselo, seguía demasiado confundida, además, las caricias no eran desagradables en absoluto.

Mi falda reposaba en el suelo, haciéndole compañía a mi blusa y a su cinturón. Pronto, su pantalón y camisa terminaron allí también, junto con mi sostén.

Me aferré a su espalda con las uñas, mientras él me acomodaba de tal forma que fuera sencillo para ambos seguir sin incomodarnos demasiado, después de todo, la cama era muy estrecha. Era una cama, ¿cierto?
El último trozo de tela que me quedaba encima se deslizó con suavidad por mis caderas a un movimiento suyo. Yo hacía lo mismo desde mi lado. Era hora de…

John: Martha, corazón, abre los ojos. - susurró mordiéndome la oreja.


Yo: ¿John?

Interesante forma de hacerla entrar en calor, Johnny. 
No pregunten, no se nada, me obligaron (? D:

Disfruten de la intriga hasta el próximo ;)
Have fun.

jueves, 1 de agosto de 2013

Capítulo 28.

(NARRA JOHN)

Si bien mi objetivo era besarla a como diera lugar, me sorprendió mucho la pasión con la que ella me lo devolvía, como si nunca hubiera estado enojada. Fue un momento demasiado bueno para que durara.
De repente, la tenía desvanecida entre mis brazos, totalmente desconectada de este mundo luego de preguntarme quién era yo; cosa que todavía no acababa de entender. Pero eso no era importante justo ahora, realmente necesitaba idear algo pronto para hacerla volver en sí.

Abrí la puerta del baño y divisé su cama en medio de un desastre de cosas que definitivamente no eran de ella. Fruncí el ceño ante el desorden –que era increíblemente mayor que el mío- y arrastré a mi hermana-novia-loquesea hasta su cama, donde la recosté y la arropé con cuidado. Luego me senté en el borde y la miré por unos segundos.

Aún dormida, era simplemente adorable. Su piel de porcelana blanca relucía con los rayos de sol que se colaban entre las cortinas y sus ojos cerrados develaban una tranquilidad que probablemente no reflejaba sus sueños inquietos. Pasé mi mano lentamente por sus rizos dorados y me acerqué a su rostro para besarl…

X: ¿Martha? ¿Por qué te encierras en NUESTRA habitación?

Gruñí quedamente ante la interrupción de mi primer momento cursi y romántico y pregunté molesto:

Yo: ¿Qué quieres, Fernanda?

Fer: ¿John? ¿Qué haces ahí adentro? ¿Estás solo?

Yo: Claro que no, estoy con Martha. – resoplé, y me paré para quitarle el seguro a la puerta y encontrarme con una Fernanda que me miraba con los ojos entornados. Ni bien abrí la puerta, me empujó para pasar y una vez adentro, buscó a Martha con una ansiedad asesina. Su sorpresa fue mayúscula cuando la vio dormida.

Fer: ¿Qué hace Martha dormida? – preguntó confundida.

Yo: Se desmayó. Por eso estaba aquí, vine a dejarla en su cama.

Fer: Uhm, ¿y era necesario cerrar la puerta con seguro?

Me encogí de hombros, francamente no estaba con ánimos para pelear por trivialidades. Ella se  paseó por todo el cuarto sin inmutarse por el desorden y luego entrelazó sus manos detrás de mi cuello. Habría sido extraño para mi reputación rechazarla, así que no lo hice.

Fer: Bueno, ahora que ya cumpliste tu oficio de hermano mayor… ¿por qué no vamos un rato a Blackpool? Me lo prometiste.

Yo: ¿Blackpool? – suspiré meditándolo. No me apetecía pasar casi dos horas sólo de ida en tren con ella, pero por otra parte, sería tentar demasiado a la suerte si me negaba por segunda vez. Lo último que quería era soportar su furia. – Está bien, pero déjame alistarme al menos.

Ella frunció un poco los labios, pero me dejó ir.

Salí apresurado hacia la habitación de Aly, a la que encontré recostada mirando al cielo.

Yo: Ey Aly, ¿aprovechando productivamente tu tiempo?

Aly: ¿Qué quieres Lennon? – gruñó ella al verse interrumpida en el hilo de sus pensamientos.  Solté una risita.

Yo: Voy a salir con Fernanda, ¿puedes cuidar a Martha por mí? Se desmayó hace unos momentos.
Ella se incorporó de golpe y me miró entre furiosa y desconcertada.

Aly: ¿Qué? ¿Y aún así vas a salir con la z… sinvergüenza esa?

Yo: Por favor Aly, es mejor eso a que empiece a sospechar cosas que no son.

Pareció meditarlo unos segundos para finalmente soltar un suspiro irritado.

Aly: Esta bien, pero no te demores, no soy una niñera.

Fer: ¡JOHN, APÚRATE!

Pronuncié un “gracias” sin sonido antes de irme con la chica que estaba impaciente en la sala. Aly se limitó a voltear los ojos.

(NARRA MARTHA)

Mientras forzaba a mis ojos a acostumbrarse a la luz que provenía de algún lugar y de ubicarme espacialmente, mi cabeza no hacía más que darle vueltas a esa extraña visión. De repente tenía un montón de información para procesar, pero era una sensación como cuando sabes que olvidas algo pero no puedes definir exactamente qué.

Retazos de recuerdos de otros lugares me asfixiaban sin remedio, pero así de súbitamente como aparecieron, se esfumaron cuando de repente me desperté.

Yo: John… ¿John?

X: Martha, ¿estás bien?

Yo: Yo… - me incorporé y me ubiqué confusa. Ah, estaba en mi habitación. – Demonios… pasó otra vez, ¿no es así?

X: Sí, al parecer se te está volviendo costumbre. No lo hagas.

Yo: No es mi intención hacerlo… - suspiré, me sentía terriblemente cansada – me voy a volver loca, Aly ¿Dónde está John?

Aly: Emms, sí, eso… - miró a su alrededor incómoda- bueno, se fue a Blackpool con Fernanda.

¿Blackpool? Zorra. Idiota. Agh.

Yo: Bueno, supongo que se están divirtiendo mucho entonces. ¿Quieres salir a algún lado?

Aly: Claro.

Luego de arreglarnos apropiadamente, salimos sin destino fijo a caminar por Liverpool. Paseamos toda la tarde.

Yo: Bueno, bueno… así que me dejaste abandonada por Nick. ¿Qué tal fue eso?

Aly: Nada muy memorable, un chico común y corriente. Fue más bien aburrido, la verdad. Y te dejé porque estabas muy elevada con ese chico Paul, aunque por lo que me pude dar cuenta, volviste a tu mundo de fantasía con John…

No me esperaba una afirmación tan brusca en un momento tan imprevisto, así que el color subió a mis mejillas sin pudor alguno dejándome en total evidencia al recordar mi último beso. Aly soltó una carcajada.

Aly: Eres demasiado obvia, no puedo creer que Mimi todavía no sospeche nada.

Yo: Bueno ya, ¿por qué me trajiste hasta aquí? – gruñí cambiando de tema. Este pequeño parque era de los lugares que aún guardaba secretos para mí, y eso me molestaba un poco. Ella movió la cabeza con una sonrisa.

Aly: Me agrada este lugar, lo sabes.

Yo: Sí, pero también sabes que me confunde mucho.

Aly: Sí bueno, nunca supe porqué.

Yo: El último recuerdo de mis padres fue aquí… ellos estaban de aniversario y yo jugaba entre los árboles. De repente todo se volvió negro y lo siguiente que recuerdo son los ojos curiosos de John. ¿Sabes? Creo que me ha gustado desde siempre.

Ambas nos reímos y continuamos nuestro camino, estremeciéndome cuando pasé por el frente del cementerio. Las palabras de ese John diferente sobre el trato que teníamos empezaron a rondar por mi cabeza otra vez, y supe de inmediato que había una conexión entre eso y mi anterior vida. Tenía que haberla.

Aly: ¿Y cómo va la banda de tu hermano?

Yo: Ah, no sé, lo último que supe fue que ya queda la mitad de sus integrantes originales, a Davis lo reemplazaron, por ejemplo. – sonreí al recordar su cara cuando se enteró de que Paul había tomado su lugar – Aunque… bueno, anda algo abandonada desde lo de Julia, John está un poco desinteresado en eso... pero de lo último que dijo, creo que necesitan un guitarrista líder o algo así.

Aly: ¿Y a ti no te interesa nada musical?

Yo: No creo… nah, no es lo mío. Prefiero pintar.

Aly: Me imaginé. – nos reímos. De fondo, una guitarra rasgueaba “Bye Bye Love” con destreza, mientras unas voces armoniosas cantaban la canción. Nos acercamos hacia ellos deseando develar quiénes eran los virtuosos.

Lo último que me esperaba era encontrar a Paul y George tocando juntos.

George: ¿Qué hay chicas? Un gusto verlas.

Yo: Hola George. – saludé ignorando olímpicamente a Paul.

Aly: Hola chicos… no sabía que se conocían.

George: Sí, Paul es un chico de mi escuela... mayor obviamente - respondió frunciendo un poco el ceño.

Yo: Ah, ya veo... Así que sí tocas la guitarra.

George: Eh sí… - se sonrojó- hace un tiempo. Me gusta bastante.

Paul: Le dije a John que lo uniéramos a la banda, pero respondió que es demasiado joven. – murmuró sin separar los ojos de las cuerdas de la guitarra. – Claro que tengo un plan para eso, tanto talento no se puede desperdiciar.

Yo: ¿En serio? – le sonreí a un George avergonzado – Toca algo, vamos.

George lo dudó un momento, pero en seguida empezó a tocar el riff de “Raunchy” con tanta destreza que quedé boquiabierta.

Aly: ¡Pero si tocas excelente!

Yo: ¡Así es, eres increíble!

George esbozó una sonrisa brillante y nos invitó a sentarnos con ellos en el pasto, luego empezaron a tocar varias canciones  y nos unimos a ellos con entusiasmo.

A pesar de intentar con todas mis fuerzas evitar las miradas de Paul, era bastante complicado cuando él era el que insistía en encontrar la suya con la mía. Pronto, olvidé a nuestros acompañantes, deleitándome en su voz grave y seductora y en sus dedos finos recorriendo todo el diapasón de la guitarra. Cuando volví en mí, George y Aly se habían ido.

Yo: ¿Dónde están los otros? – pregunté frunciendo el ceño.

Paul: Se fueron hace un rato, dijeron algo de un té o algo así. – levantó su mirada para verme – Tienes una voz hermosa,  me encanta.

Me sonrojé apenada y sonreí tímidamente.

Yo: Bueno, la tuya no está nada mal.

Me respondió con una sonrisa y empezó con los primeros acordes de “I Need Your Love Tonight”. Me acerqué a él y cantamos a dúo una de mis canciones favoritas del Rey. Cuando la canción terminó, estaba oscureciendo y nuestros rostros estaban tan cerca que podía sentir su respiración en mi piel.

X: Vaya, vaya, pero mira quienes son. La pareja del año.

La voz sarcástica era reconocible en cualquier lugar del mundo. Levanté la vista separándome de Paul y me encontré con los ojos refulgentes de celos de John. Paul esbozó una sonrisa socarrona.

Paul: Hola John.

Él se acercó amenazante con intenciones no muy amigables, pero yo me levanté antes de que pudiera hacer nada. John se detuvo en seco.

John: ¿A dónde crees que vas?

Yo: No me apetece ver cómo se destrozan entre sí. Voy a casa John.

Y sin dejarlo reaccionar, me fui caminando ligeramente a través de la calle. Estaba por estallar de risa, la situación era tan ilógica que daba miedo. Y eso era muy divertido.

Bueno, aquí está el que sigue :D
Estoy publicando temprano, que raro :S

En fin, antes del resto de la nota, quiero aclarar. Sé que realmente, George se unió a la banda antes de la muerte de Julia, pero la emoción del momento y la relación incestuosa de  Martha y John nos distrajo un poco de la realidad. Así que perdón por el pequeño desliz histórico. 

Ahora síiiiii! Disfruten esto al máximo :)
Ah y Mary, perdón por no incluírte en los agradecimientos pasados, Mónica no me había dicho, pero bueno aquí está ^^

Love ya.

Lady Mary

lunes, 29 de julio de 2013

Who are you?

Yo: Deja de ser estúpido y pásame el libro. – gruñí hacia un inmutable Paul que se entretenía hojeando las páginas del libro que minutos antes me había arrebatado de las manos.  Todos mis esfuerzos por recuperarlo habían sido en vano, era demasiado fuerte para siquiera intentar vencerlo. Al menos físicamente.

Separó sus ojos avellana de las páginas del libro y me miró penetrante.

Paul: ¿Cómo puedes leer esto? Austen es basura.

Yo: Austen es una diosa, y si no te gusta, te agradecería que me lo devolvieras.

Él se sentó en mi cama al frente mío recostándose contra la pared, y dejó el libro a su lado, pero cuando intenté agarrarlo, detuvo mi mano bruscamente.

Paul: No tan rápido. Tenemos un asunto pendiente del que hablar. – musitó la última parte de la frase con un aire sombrío que me hizo apartar la mirada. – No me evites Martha, tenemos que hablarlo.

Yo: ¿Y de qué se supone que quieres hablar, eh? ¿De cómo te aprovechaste de mí y me quitaste la virginidad, de eso? – exclamé alterada. La situación estaba acabando con mis nervios.

Paul: Cálmate Martha, déjame hablar…

Yo: No, cállate McCartney y devuélveme el libro. No pienso dejar que me quites eso también.

Él se quedó pensativo dándole vueltas a mi desvencijada edición de “Sentido y Sensibilidad”.

Paul: Si me voy no te daré el libro, y si te lo doy, no me iré. – murmuró a modo de amenaza.

Enarqué una ceja indignada, pero lo último que quería era ponerme a pelear por un detalle irrelevante como ese.

Yo: Haz lo que quieras. – gruñí y saqué otro libro de mi estantería. Él exasperado, me agarró por las muñecas y las sostuvo con tanta fuerza que me dejó inmovilizada.

Paul: Escúchame. Yo recuerdo tanto o menos que tú, así que no tienes razones válidas para estar enojada conmigo de esa forma. Además, no era sobre eso que quería hablarte.

Yo: Me estás haciendo daño. – me quejé secamente. Él soltó mis muñecas, pero me tomó de la mano para evitar que me fuera. - ¿De qué más podrías querer hablarme?

Paul: De tus convulsiones extrañas, o lo que sea que te dio mientras estabas en mi casa. Estuve a punto de llamar a un hospital ¿sabías? Si tu intención era asustarme, créeme que lo lograste y mucho.

Cuando Paul dijo eso, me recordé vagamente contándole acerca de mis extraños sueños y todo lo relacionado con eso. No podía creer que me hubiera pasado eso en su casa, eso era el colmo de la mala suerte. Cerré mis ojos y suspiré.

Yo: Eso no es algo que te interese McCartney, pero puedes estar seguro de que no pasará otra vez en tu presencia.

Paul: ¿Y cómo sabes que no me interesa?

Abrí los ojos sorprendida y me encontré con los suyos a escasos centímetros de los míos, observándome con fijeza. Sus manos que aún sostenían las mías, apretaron mis dedos y nuestras respiraciones se aceleraron a la vez. Ahora más que nunca estaba segura de que todo esto estaba mal, no podía empezar a cambiar de sentimientos por personas tan rápido o terminaría explotando de un momento a otro. Estaba a punto de decir algo cuando esa neblina de privacidad se vino abajo.

X: Martha, ¿estás…? Demonios.

Paul se separó bruscamente de mi lado y levantándose con premura, salió casi corriendo de mi habitación.

Al otro lado, John me observaba con el ceño fruncido.

(NARRA JOHN)

El ensayo había acabado hacía mucho, y ya que ni Mimi ni Fernanda estaban, pensé en aprovechar el momento para aclarar las cosas con Martha. Mientras subía las escaleras, recordé que no había visto salir a Paul de la casa y con un mal presentimiento, apuré el paso para lo antes posible a su habitación.

Lo sabía.

Ahí estaban, separados por no más de cinco centímetros y con las manos entrelazadas. Se observaban como idiotas. Al verme, Paul se levantó con rapidez y salió de la habitación sin despedirse. Tampoco es que esperara que lo hiciera.

Martha: ¿Qué haces aquí?

Yo: ¿Qué hacía Paul aquí?

Ella dirigió su mirada hacia la silla de su escritorio, donde un juego de llaves reposaba sobre una arrugada blusa. Fruncí el ceño aún más con el recuerdo.

Yo: Ah, cierto que estabas jugando a ser la perra de Paul. ¿Qué tal te fue, cariño?

Ella apretó los puños y me miró con furia.

Martha: No creo que estés en posición de replicarme nada, estúpido. Además, no recuerdo nada de lo que pasó con McCartney, pero puedes estar seguro de que no se repetirá jamás.

Yo: ¿Pero de qué demonios hablas? – respondí totalmente perdido cuando mencionó lo pirmero. No tenía ni idea de a qué se refería.

Martha puso los ojos en blanco y se levantó de su cama, dirigiéndose hacia afuera.

Martha: Olvídalo, es obvio que no se puede hablar contigo. – se detuvo un momento para mirarme con ira mientras una lágrima se escurría por su mejilla – Y gracias por la sorpresa de cumpleaños, fue lo más horrible de mi vida.

Yo: ¿No te gustó la fiesta?

(NARRA MARTHA)

¿De verdad era tan estúpido o estaba fingiendo? Podía matarlo en este instante y no sentir ni una pizca de remordimiento por ello. Puse mi mano en mi rostro y musité vagamente:

Yo: Sal de aquí John, haz algo productivo.

Él no se movió, solo se quedó ahí, mirándome confundido y enojado. Suspiré.

Yo: Sé que quieres que te diga exactamente qué es lo que pasa, pero no seré yo la que te dé la respuesta que buscas tan explícitamente. Tendrás que deducirlo por tu cuenta.

Y ya que al final Paul terminó llevándose el libro, decidí ver algo de televisión para despejarme un rato. Este dilema iba a terminar matándome.

*******************************************************************

Yo: Demonios. – maldije cuando al levantarme del incómodo sofá y estirar mi adolorida espalda, ésta crujió como si estuviera oxidada. No, era demasiado joven para ser tan vieja.

Subí perezosamente las escaleras hacia mi habitación, pero al abrir la puerta, casi me caigo hacia atrás. El lugar que horas antes había quedado perfectamente arreglado, estaba totalmente de cabeza, había cosas tiradas por el piso y un fuerte olor a alcohol inundaba todo el lugar. Arrugué la nariz y al descubrir la fuente de todo ese desorden negué la cabeza con fastidio y entré al baño para darme una ducha.

No llevaba ni una semana compartiendo habitación y ya no lo soportaba, me estaba volviendo loca. Tanto desorden no iba conmigo y si seguía así, terminaría tirándome por la ventana.

Mimi seguía intentando disuadirme de entrar a la escuela de artes, pero ya era todo un hecho, no había marcha atrás. Además, si no me dejaba, sabía que Stu me raptaría para que fuera.

Ya habían pasado unos cuantos días desde que había dejado de ir definitivamente a la escuela, y no tenía intenciones de entrar a la Escuela de Artes hasta que el semestre empezara.

Acabando de desayunar, fui directamente a hablar con Mimi, para arreglar ciertos asuntos que amenazaban con mi salud mental.

Yo: ¿Mimi?

Mimi: Martha cariño, ¿qué pasa?

Se me cruzó por un momento soltarle algo como “Estoy enamorada de mi hermano y perdí la virginidad con uno de sus amigos” pero el resultado sería caótico. Además, ya no estaba enamorada de mi hermano. O al menos eso esperaba.

Mimi: ¿Qué sucede?

Yo: Pues… no quiero sonar egoísta ni nada, pero…

Mimi: No quieres que Fernanda comparta cuarto contigo. Lo sé, se nota bastante.

Sonreí ante su perspicacia y asentí.

Mimi: Martha, lo entiendo, pero no puedo echarla así sin más, ya sabes que lo único que queda libre es el sótano y está repleto de basura.

“Pues le queda perfecto” pensé, pero de inmediato se me vino una idea que si bien me llevaría mucho tiempo, y sería bastante molesto al principio, me daría mucha más libertad de la que tenía incluso antes de que ella llegara.

Yo: No te preocupes Mimi, me acaba de llegar la solución.

Y dejándola confundida y mirándome como si en serio necesitara ayuda psicológica profesional, me fui a anotar la idea antes de que se me olvidara. Sin embargo no llegué a hacerlo.

Yo: ¿Eres idiota o qué?

John: ¿Y tú ciega? Deja de echarme toda la culpa estúpida, tú también chocaste conmigo.

Desde el suelo por el impacto, mirándonos como si de un momento a otro fuéramos a saltar para sacarnos los ojos, le gruñí amenazante. Mimi salió de su cuarto ante el alboroto y se quedó observándonos reprobatoriamente.

Mimi: Es increíble que estando tan grandes sigan tratándose así. Por un tiempo pensé que empezaban a quererse como debía ser.

Me sonrojé violentamente y John soltó una risa burlona, para luego levantarse y ayudarme a ponerme en pie. Una vez incorporada, me dirigí hacia el baño para observar la magnitud del golpe.

Unos brazos rodearon mi cintura, mientras que el cálido aliento de la misma persona me recorría el cuello.

John: Lo siento.

Sabía que no se refería solo al golpe, sino a toda la situación en general. Era su forma de pedir perdón sin exponerse demasiado. Por mi parte, estaba totalmente congelada, había olvidado cómo me seducía su contacto y justo en ese momento, en mi cabeza no podía hilvanarse un solo pensamiento medianamente coherente.

Al notar mi reacción, John cerró la puerta tras de él y me volteó para mirarlo, mi respiración era tan anormal que podrían haberme internado de urgencias en un hospital. Se acercó con cuidado y tomándome de la cintura otra vez, acercó sus labios a los míos. No hubo forma de resistirme.

Lo besé como no besaba a nadie en días, la ansiedad empezaba a carcomerme y esto fue bastante liberador. Mis manos se agarraban de su cabello con desesperación para atraerlo hacia mí, él por su parte, no se quedaba atrás y empezaba a ponerse agresivo.

Pero en el instante en el que me separé de él para tomar aire y me fijé en sus ojos, mi cabeza se fue totalmente. Un hombre que tenía los mismos rasgos de John pero más viejos, me miraba desde el otro lado penetrante y con una sonrisa burlona.

X: Bueno, no me esperaba esto en mi plan original… sólo espero que no olvides nuestro trato… lo prometiste y tienes que hacerme caer en cuenta de todo.

Yo: ¿Quién eres tú? – le pregunté a la nada, pues la imagen ya se había desvanecido del todo.

John: ¿De qué hablas? Soy yo, John, tu hermano. ¿Acaso estabas pensando en Paul o algo as…?

No le di tiempo para terminar la frase, a media palabra ya estaba totalmente desmayada en el suelo.

 SIIIII, SEGUIMOS VIVAS BITCHES!! 
Perdón por la tardanza, pero Mónica sufrió un bloqueo hace unas semanas y quedó totalmente en blanco, fue gracias a una amiga que nos sugirió la escena de Paul - Gracias Laura, sé que estás leyendo esto e.e- que volvimos a escena. 

En cuanto a mí, el capítulo estuvo en mi poder tres días -todo un récord- y justo hoy lo terminé, la razón... Wagner es un alemán irresistible y los profesores unos desmadre. 

Pero bueno, finalmente estamos aquí, Y ESPERAMOS SUS COMENTARIOSSS!!
:3 Sugerencias, dudas, reclamos y alabaciones, lo que deseen :D

Para terminar, les dejo el link del fic grupal que estamos haciendo con Mary, Mónica, Ary y Cassandra:


Si no lo leen no serán bienvenidos en el cielo del rock (?

Ya, disfrútenlo, el próximo está en camino ;)