domingo, 22 de septiembre de 2013

Capítulo 31

John me miró con profundidad. Noté sus ganas implacables de apretarme los dedos y abrazarme, de besarme el cuello y preguntarme al oído. Pero ahí estaba Vale. Menos mal.

John: ¿Ah sí? Dime quién es aquel guitarrista misterioso.

Yo: Es George Harrison, mi amigo.

Él soltó una risita divertida y miró hacia el horizonte una vez más.

John: Es un niño.

Aunque debí molestarme, en realidad solté una carcajada irónica. A pesar de ser tres años menor que John, George era bastante más hábil que él en la guitarra, y él además de perdérselo, lo estaba subestimando. John frunció un poco el ceño.

Yo: ¿Y eso qué? Si es mucho problema la edad, ve y consíguete a otro. Veo que es excesivamente fácil.

No contestó, pero apretó los dientes.

Yo: ¿Qué tal si vamos y le haces una audición? ¿O prefieres seguir escuchando tocar a tu grupo como basura?

John: Ey, te pasas. Ten cuidado. – gruñó amenazador, pero lo ignoré y me levanté con agilidad, extendiendo una mano hacia él.

Yo: Vamos.

Él miró mi mano perezosamente al principio, y luego deteniéndose examinando los detalles. Finalmente la tomó y se levantó.

Pasamos por la casa de Stu a dejar a la chiquilla – interrumpimos una escena romántica de la que John se burlaría por días – y nos encaminamos a la casa de George.

Nos encontramos con él antes de lo que esperábamos, y no estaba solo.

John: Vaya, vaya, no sabía que tomabas el bus McCartney. Así que no eres un chico tan mimado después de todo.

Paul nos miró, primero a John con una expresión burlona y luego a mí con una cara que no pude descifrar, pero que rayaba un poco en el odio.

Paul: Y yo pensé que tenías demasiado encaprichada a Martha como para dejarla salir… - soltó sarcásticamente. Me sujeté con fuerza del asiento más próximo, eso era pasarse.

John frunció el ceño.

John: Bueno, bueno, sin reproches cara de bebé. El punto es que me parece ideal habernos encontrado contigo y con George… esta chica encaprichada acababa de sugerirlo para integrarlo a la banda.

Fruncí el ceño, pero no fui la única. Paul también hizo lo mismo.

Paul: Yo también lo había dicho antes. ¿Por qué es diferente?

John: No te pongas celoso McCartney, la petición de una dama tiene más peso. – dijo con un tono fingido de caballero. Puse los ojos en blanco y Paul suspiró rindiéndose.

Paul: Bueno, supongo que es mejor que nada. Vamos George, saca tu guitarra.

Él nos miró un poco nervioso, pero le sonreí para darle ánimo y él me sonrió de vuelta, sacando la guitarra que reposaba a su lado poco después. John se percató de ese intercambio de sonrisas y endureció la mirada.

John: Bien, ¿qué tienes preparado? – soltó mordazmente. George notó ese cambio, pero lo ignoró para evitar ponerse aún más nervioso. En lugar de eso, empezó a tocar las primeras notas de una tonada que al instante reconocimos como “Raunchy”. La expresión dura de John se relajó casi de inmediato por el asombro.

Cuando terminó, nos miró expectante. John y Paul intercambiaron miradas y supe entonces que mi misión estaba cumplida. George en la banda era todo un hecho.

John: George, ¿te gustaría entrar en mi banda? – preguntó con un tono divertido. Él sonrió ampliamente.

George: No tienes ni que preguntarlo.

John: Bien entonces, mañana a las 5 en la casa de este idiota. – dijo señalando a Paul con el pulgar, quien le dio un codazo en las costillas que nos hizo reír a todos. Al oír mi risa, Paul se me quedó viendo unos instantes.

George: No faltaré.

**********************************************

Las últimas semanas se habían pasado tan rápido que me costaba un poco recordarlo todo al detalle, sin embargo podía hacerlo perfectamente; así de importante eran las cosas.

Había empezado mis clases en la escuela de artes y casualmente compartía clases con Stu, así que ahora pasábamos más tiempo juntos, creando y jugando con diferentes ideas que pasábamos de un cuadro a otro sin importarnos demasiado los derechos de autor. Bastantes de sus pinturas tenían brochazos míos, al igual que las que yo hacía tenían los suyos.

Pero no todo podía ser bueno, luego de casi morir en un accidente de tren en Londres, Fernanda había vuelto a Liverpool y empezado clases – ¡por fin! -, ocupando todo su tiempo libre en fastidiarme y coquetear con John, quien no mostraba ninguna señal de rechazo, cediendo ante sus caricias con facilidad.

Aunque pude darme cuenta luego de un tiempo que lo hacía para darme celos, pues nunca estaban juntos si yo no estaba presente, lo cual molestaba un poco a Fernanda, quien también se había dado cuenta de eso. Sin embargo yo no iba a caer tan fácilmente en sus engaños otra vez, así que para darles algo de privacidad, me había mudado al sótano de la casa – luego de limpiar casi compulsivamente y encontrar DE TODO ahí. – y ahora tenían todo el segundo piso para ellos. O bueno, casi todo.

Pero a pesar de todo me dolía. Después de esa fiebre memorable en la que me había desmayado a mitad de la calle y John me había recogido para luego dejarme en mi cama con mis pensamientos algo subidos de tono, las cosas no eran iguales. A pesar de haber sido solo una fantasía, extrañaba las caricias de John, sus besos febriles sobre mi imaginaria piel desnuda y me había convencido de que solo pasaría en mi mente, jamás en la vida real.

Pero bueno, cambiando de tema, por alguna extraña razón Stu se había dejado convencer por Paul y John de vender su mejor pintura y con el dinero comprar un bajo Hofner, para unirse a ellos a su banda. Cuando me enteré, lo había puteado hasta que ambos nos sentimos terribles y él prometió abandonar la banda y volver a la pintura, cosa que no hizo del todo, pues la banda atraía chicas, y obviamente, a él le encantaba eso. Pero sí se concentró más en la pintura, que se había vuelto su amante número uno.

La banda tocaba cada vez más seguido, mejorando cada vez más, aunque para mí seguían sonando un poco como basura. La verdad es que no le llegaban a los tobillos a otras bandas locales, y eso les daba bastante desventaja.

Sin embargo ahí estaba yo, sentada como tonta entre las chicas que los veían embelesadas mientras bebía un trago no demasiado fuerte, pero suficiente para hacerme olvidar las razones por las que estaba ahí, aburriéndome como nunca.

John me lanzaba miradas inquisitivas entre sus estupideces en el escenario – que les encantaban a las chicas, obvio – y sus improvisaciones bien hechas. Stu me daba la espalda, pero eso ya era usual y de hecho llamaba más la atención sobre él que sobre el resto de la banda.

X: Hola Martha.

Me volteé sorprendida, no esperaba encontrarme con nadie en especial, pero ahí estaba esa chica con cabello rubio artificial que a pesar de todo me agradaba bastante. Sonreí.

Yo: Hola Cyn, qué sorpresa. Pensé que no te gustaban este tipo de lugares.

Ella se encogió de hombros.

Cyn: Vengo cuando necesito relajarme un poco.

Sonreí irónica, era curioso que viniera a “relajarse” a un lugar donde la estridencia era su principal cualidad. No, ella venía aquí por John, porque él le coqueteaba y a ella le gustaba eso, se había tinturado el cabello solo para llamar su atención.

La había conocido pocos días después de iniciar clases, era agradable y educada, y según John “muy Brigitte Bardot si se tinturara el pelo”, cosa que hizo poco después, sin embargo no era un riesgo. La diferencia entre su personalidad y la de John eran infinitas y el simple hecho de imaginármelos juntos me causaba risa. Pero igual a él le gustaba. Y… no, no tenía porqué importarme eso.

Platicamos un buen rato hasta que los chicos se hartaron de tocar y ella nerviosa ante las miradas de John se había ido. Por mi parte, estaba algo cansada de todo ese ambiente, así que salí un rato a tomar algo de aire, y me acordé de John. Pero no de "mi" John, sino del otro John, el fantasma, la visión extraña.

Encendí un cigarrillo y me lo llevé a los labios con tranquilidad. Ahora fumaba gracias a John, qué irresponsable.

Ya no me visitaba. No lo hacía y eso me frustraba, porque así fuera viejo, él me seguía gustando inmensamente y su sonrisa irónica me ponía por las nubes. Pero desde que George había ingresado en la banda solo había aparecido un par de veces para que intentara sacar a Stu de ahí, cosa que por mis propios medios ya había intentado sin mucho éxito.

Mis padres ya no volvieron más en mis sueños. En su lugar, ahora había una chiquilla de ojos claros que me parecía muy familiar… demonios.

Una hoja rebelde de papel se había separado del suelo y se me había estampado en el rostro. Estaba a punto de tirarlo, cuando hallé un nombre familiar en el folleto. Alan Williams… ¿no era el gerente o algo así de la banda de mi hermano?

Entreabrí los labios con sorpresa al leer el resto del anuncio y apagué el cigarrillo contra la acera antes de entrar al local para hablar con los chicos. Paul y John me divisaron de inmediato y Paul no pudo ocultar un gesto de estupefacción al verme. En mi mente me pregunté por qué haría eso, pero no tenía tiempo para nimiedades, y busqué con la mirada la de John, encontrándola casi en el acto. Me miraba de arriba abajo, mi vestido nuevo resaltaba mis curvas más de lo normal.

Paul: Martha… pensamos que no habías venido. – apenas dijo Paul.

John: Yo ya sabía que estabas aquí. – respondió guiñándome un ojo.

Yo: Sí, sí, salí un momento a tomar aire. – dije abanicándome teatralmente con el folleto que tenía entre mis dedos fríos. John intentó arrebatármelo sin mucho éxito.

John: ¿Qué traes entre manos? Literalmente. – preguntó dándoselas de ingenioso.

Yo: Oh, no es nada, solo basura que encontré en la calle. – solté restándole importancia, pero esbozando una sonrisa misteriosa.

John: Deja de jugar niña, y pásame ese papel.

Le pasé la hoja y vi cómo a medida que leía, su rostro se iba iluminando. Terminó de leer y me miró con una mezcla de emociones palpables en su rostro.

John: Eso es, hermanita.

Y así casi de la nada, me tomó de la cintura con fuerza y me besó en frente de todos.

La sorpresa y el terror se habían apoderado de mí, quitándole todo lo romántico que pudo haber sido al gesto que él acababa de hacer e impidiéndome devolverle el beso, que duró poco más de unos segundos.

Cuando finalmente me soltó, lo miré aterrada, y luego al resto de la banda. Paul tenía una expresión de sorpresa tan exagerada, que su maxilar inferior pudo haber tocado el suelo sin problemas. George nos miraba reprobatorios, pero igualmente sorprendido. Shotton, que aunque ya no era parte de la banda ahí estaba, parecía a punto de golpearse para probar que no era una alucinación suya, al igual que Stu. Jadeé al ver las proporciones de lo que había desencadenado.

Pete: ¡John! ¡Es tu hermana! – gruñó celoso. Él se encogió de hombros.

John: No de sangre.

Stu: Sigue siendo extraño… - musitó Stu sin recuperarse del todo. Paul había fruncido el ceño casi por completo y nos miraba con ganas de asesinarnos. Interpreté eso como miedo a que John ya no tuviera más tiempo para ellos.

John: Me da igual, es mi chica y punto. – sentenció con firmeza, una firmeza que me desestabilizó por completo. Nunca había dicho eso antes. – Pero bueno, no hay que salir del tema. Nuestro querido Alan nos ha conseguido trabajo en Hamburgo, señores.

Y dicho eso, les mostró el papel al resto del reducido grupo. El folleto anunciaba una convocatoria, Alan Williams quería enviar a un grupo a Hamburgo, y como era conocido de John y en general de lo que ahora llamaban “The Beatles” – idea de Stu -, era más que seguro que ellos serían los seleccionados.

La estupefacción inicial por el beso se vio pronto reemplazada por la euforia que la noticia les provocaba, dándoles una razón coherente para quedarse a celebrar – cosa que hubieran hecho de todas formas – y a disfrutar de la noticia.

Despidiéndome entre felicitaciones – y un disimulado beso en los labios que Pete no pudo resistir darme -, me fui del lugar, esperando poder despejar mi mente y preguntarme con calma si eso habría sido el destino o solo otra casualidad. Aunque no serviría de mucho, podría haber sido obra de un plato de espagueti flotante y ni me habría dado por enterada.

X: ¡MARTHA, ESPERA!

La voz que más deseaba escuchar con todas mis fuerzas acababa de llamarme, así que al inicio pensé que era solo un espejismo y seguí caminando sin inmutarme hasta que unas frías manos que a pesar de todo ya conocía bien, me tomaron por los hombros.

X: Martha, necesitamos hablar.

Me encogí de hombros ocultado el estremecimiento que me provocaba la voz de John en mi oído y seguí caminando con él a mi lado sin responderle nada inmediatamente. Luego de unos segundos lo miré.

Yo: ¿De qué quieres hablar?

Esta vez fue él quien no respondió, pero empezó a guiar mis pasos hacia un lugar que reconocí poco después al darnos casi de frente contra un gigantesco portón rojo.

John: Las damas primero.

Lo miré sarcástica y con algo de ayuda, lo salté. Él me siguió poco después y caminamos sin rumbo por las amplias praderas de Strawberry Field entre el frío casi nevoso de la noche.

John: Tenemos que hablar sobre nosotros.

Lo presentía, ya sabía qué responder en ese caso.

Yo: No hay un nosotros John, eso lo has dejado bastante claro otras veces. – susurré. Él me miró frunciendo el ceño.

John: ¿Lo dices por Fernanda?

Yo: Claro que no, puedes hacer con ella lo que se te antoje. Desde que follaron en mi cama en mi cumpleaños sé que es algo que no puedo evitar. Y que de todas formas no me importa.

Él se detuvo y me miró estupefacto.

John: ¿Qué?

Lo miré impaciente, esto no era algo de lo que esperaba hablar cuando me desperté esta mañana. Seguía doliendo.

Yo: ¿No te acuerdas? Fue uno de los momentos más… incómodos de mi vida. – solté cualquier palabra, pero él sabía que me dolía. Él seguía con esa mirada incrédula en el rostro.

John: Yo… no recuerdo nada. Demonios, ahora todo tiene sentido. – gruñó furioso consigo mismo, pero yo seguí caminando, ignorando sus auto reproches. Él me siguió poco después.

John: ¿Y? ¿Ahí termina todo? – casi me gritó. Pateé una piedrita.

Yo: ¿Recuerdas cuando te pregunté el tipo de relación que teníamos? – musité quedamente.

John: Sí. – respondió apretando los dientes.

Yo: No me respondiste nada. No supe cómo interpretar eso al inicio, pero ahora lo sé. No somos nada John, solo familia, y que yo sepa, la familia no tiene sexo entre ellos. Así que… sí, aquí termina todo. Y eres libre de estar con Fernanda lo que quieras, aunque ya lo estás.

Aceleré el paso, para que no se fijara en mis ojos que amenazaban con lagrimear pronto. No oí pasos detrás de mí, lo que me partió un poco más el corazón. Me dejaba. Lo estaba dejando y él igual me dejaba. Qué estúpida.

Estaba empezando a correr cuando un brazo fuerte me detuvo en mi carrera. Miré al dueño de ese brazo con los ojos empañados. Él me miraba con una mirada igualmente a punto de llorar. No lo había visto llorar desde Julia. No era normal nada de esto.

John: No quiero que esto acabe aquí. No estoy con Fernanda, la dejaré si quieres, dejaré de mirarla si eso te hace feliz. Pero no me dejes por favor, no lo hagas. Te necesito. Te amo.

No pude. Quise hacerlo con todas mis fuerzas, pero no pude salir a correr. Esas últimas palabras las había dicho con tanta firmeza, con tanta posesión que no podían ser más sino verdaderas. Recordé su beso horas antes, cómo afirmaba que yo era su chica frente a todo el mundo. No podía dejarlo, no ahora, no nunca.

Yo: Yo también te amo, John. – me rendí cayendo entre sus brazos y besándolo desesperadamente.

No lo besaba hacía semanas, parte de mí lo había deseado todas las noches que recordaba el roce de su piel contra la mía pero no lo había tenido tan cerca desde hacía tanto…

Ahora no había nada que pudiera detener lo que estaba a punto de pasar, a la mierda dónde estábamos, ni la hora, ni el clima, nada podía pararlo. Ni siquiera yo.

Sus manos me acariciaron por sobre el vestido y rozaron mis senos, arañé su cuello para que besara el mío y ambos caímos al suelo. Ni siquiera nos percatamos de eso.

John: ¿Segura? – musitó antes de bajarme el cierre del vestido totalmente.

Yo: No lo arruines con cursilerías John, no es lo tuyo. – gruñí entre gemidos mientras le bajaba el pantalón.

 Él sonrió complacido con mi respuesta y me arrancó el vestido de golpe.


La luna iluminó el lugar, la amante y musa de los poetas aprobó nuestro idilio. 

Mis queridas, hemos vuelto y puedo asegurarles que este final no termina aquí. El próximo tendrá lo que le faltó a este :ifyouknowwhatImean: y... muchas más sorpresas.

Y esque después de desaparecer una eternidad, Mónica volvió super recargada y tengo un montón de hojas por transcribir. Así que... considérense afortunadas (?

¡Bienvenida Jackie!

Y no sé, ya tengo el otro listo, si comentan y se portan bien, tal vez lo suba antes del lunes...

Y para las que aún no lo sepan, he empezado a escribir mi propio fan fic algo más extraño y retorcido que este -no, el incesto no lo supera nadie e.e- pero pasen un rato si les place:

Happiness is a Warm Gun


Cuídense :D

5 comentarios:

  1. ¡ASDFFGHJKL! estaba a punto de dormirme y entro a Blogger, veo capítulo nuevo y siento emoción. NONONO, es que aunque dejen de escribir -por un buen rato- no importa -bueno e.e- siempre me dejan feliz, emocionada y frustrada porque sé que el próximo saldrá en un buen rato u.u esta vez espero que no sea así.

    ¡John! ¡¿qué hiciste?! el secreto era más intrigante (???) ahora... pfff, sólo quiero saber que es lo que sucederá después (??? por favor, ¡sube pronto! :cccc sufrimos.

    Cuídate.

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  2. NOOOOO COMO?! NOOOO LO VUELVEN A ESCRIBIR PORQUE YO LO QUIERO CON DETALLE!!!!!!
    omg omg omg necesito otro NECESITO OTRO AHORA MISMO agghhhhh creo que voy a morir de combustión espontanea no es justo agghh
    muy muy MUY buen capitulo espero otro y pronto! no sé que mas decir, pero necesito otro.

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  3. Ay por dios! Martha conoce a Cyn!!:Aywey:
    Yo quiero saber que onda con eso!

    Martha ya anda con John o como?

    Diablos! Necesito leer más. Soy fanática de este y de los otros dos que escriben! <3

    Sube pronto Pls. ^^/

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  4. SIII! Aleluya!Aleluya!Aleluya!Aleluya!Aleluya!
    MARTHA ESTA CON JOHN!! AWWWWW fue lo mas tierno... Mi chica. eso!! :3 fue lo mas hermoso! siiiii! ya, calma vale calma.
    Se van a hamburgo y dejan a fernanda ahi! John, llevate a martha contigo... deja a fernanda en ese maldito hoyo!

    Demonios! Paul, NI SE TE OCURRA! meterte con martha... ya veré como hago para convencer a alguien... tengo el plan perfecto.

    SUBE PRONTO MARY! QUE NO TE GANE LA PEREZA!
    Loveya

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  5. Capítulos como estos hacen que me enamore más de John. Ha sido tan excitante este capítulo, lo amé. ❤️

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